Las reglas están tan estrictas que un hombre recibió una multa de US$140 000 por exceso de velocidad.
Para cualquier persona, esto significaría la ruina absoluta, años de deudas o incluso perder la casa. Sin embargo, el protagonista de esta historia ni se inmutó.
¿Cómo es posible que una infracción de tráfico común alcance el precio de un coche de lujo y por qué alguien la pagaría sin siquiera protestar?
Por qué un error cuesta tan caro
Todo ocurrió recientemente, cuando un conductor fue captado yendo a 59 km/h en una calle donde el límite era de solo 30 km/h.
Es verdad que iba rápido, pero en casi cualquier parte del mundo esto se habría solucionado con una multa de unos cuantos cientos de dólares y algún punto menos en la licencia, pero a este hombre le costó 120 000 euros, es decir, casi 140 000 dólares.
Lo más curioso es que el infractor, un empresario llamado Anders Wiklöf, ya es un «viejo conocido» de las autoridades por este tipo de situaciones.
Pero ¿por qué el sistema es tan duro con él mientras que a cualquier otro conductor le cobrarían una cantidad mínima por lo mismo?
El que más tiene, más paga
La respuesta está en un sistema poco convencional basado en los ingresos. A diferencia de otros sistemas donde las multas son fijas según la gravedad de la falta, un país nórdico aplica un modelo basado en la equidad proporcional que funciona desde 1921.
Mientras en otros lugares, los delitos pasan a multas simples, en Finlandia las autoridades no solo miran el velocímetro, sino que consultan en tiempo real la declaración de la renta del infractor.
El cálculo se basa en un concepto llamado «días multa». Básicamente, las autoridades toman el salario neto mensual del conductor, le restan un mínimo vital para gastos básicos (unos 255 euros) y dividen el resultado para obtener el valor de lo que esa persona «produce» en un solo día.
Según qué tan grave haya sido el exceso de velocidad, se le imponen más o menos días de sanción.
Por eso, mientras que para un trabajador con un sueldo promedio la multa por este mismo error sería de apenas 50 y 80 euros, para alguien con un patrimonio de cientos de millones, la cifra se dispara de forma automática.
Por qué aceptó la multa
Las multas están cambiando, unos pagan más y otros menos, pero aquí la gran pregunta es: ¿por qué alguien aceptaría una multa de 140 000 dólares sin recurrirla? La respuesta es que Wiklöf, empresario con una fortuna superior a los 400 millones de dólares, entiende perfectamente cómo funcionan las reglas en su país.
Su respuesta fue directa: «si cometí un error, lo acepto». Esto muestra una forma de pensar muy común en Finlandia, donde se cree que la ley debe ser igual para todos, pero que el castigo debe ser proporcional a lo que cada uno gana para que realmente funcione.
Si este millonario pagara una multa fija, el castigo no le afectaría en nada; sería como perder una moneda en el sillón. Al calcular la multa según sus ingresos, el sistema asegura que incluso las personas más ricas sientan las consecuencias de sus actos.
Wiklöf aceptó el pago porque sabe que la seguridad en las carreteras depende de que la responsabilidad sea tan grande como la cuenta bancaria de cada conductor. Para él, es simplemente el precio de su equivocación y un recordatorio de que tener dinero no le da permiso para romper las reglas, ni superar los límites de velocidad que están cambiando en muchos lugares.
