Puede parecer emocionante viajar en un robotaxi hasta que quedas atrapado en pleno ataque.
Lo que parece una escena de una película de terror psicológico se convirtió en realidad para unos pasajeros en San Francisco.
¿Estamos realmente seguros en manos de un algoritmo que no sabe distinguir entre un peatón y un atacante?
Qué peligro esconden los robotaxis
Los robotaxis llegaron a nuestras vidas prometiendo que los choques serían cosa del pasado. Pero lo que nadie nos dijo es qué pasaría cuando el peligro no es un accidente de tráfico, sino una persona furiosa.
En ciudades como San Francisco, ver un taxi vacío que se mueve solo ya es lo más normal del mundo.
Waymo ha desarrollado sistemas capaces de interpretar señales y llevar a los pasajeros a su destino con gran precisión. Algunos estudios sugieren que pueden ser más seguros que los conductores humanos en ciertas situaciones.
Muchas personas los valoran porque permiten viajar en silencio y sin interacción. Pero no todo el mundo está contento con estos coches «fantasma» y en algunos barrios el rechazo está creciendo.
Para muchos, estos vehículos no representan un avance, sino una amenaza laboral o un sistema de vigilancia con ruedas. Esa tensión está empezando a manifestarse de forma preocupante, y los pasajeros son quienes sufren las consecuencias.
Cuando el coche es «demasiado» prudente
El problema es que estos taxis están programados para ser los conductores más amables y precavidos del mundo. Resulta que si sus sensores detectan a una persona cerca, el coche se detiene instantáneamente para evitar la mínima colisión.
Es una función de seguridad fantástica para evitar atropellos, pero se convierte en una trampa cuando la persona que está cerca no es un peatón despistado, sino alguien que quiere hacerte daño y eso fue lo que vivieron tres pasajeros en enero de este año.
Aunque nuestro planeta está muy enfermo, lo que debía ser un viaje tranquilo se convirtió en una pesadilla de seis minutos que parecieron horas.
Un hombre se plantó justo delante del Waymo y empezó a golpear las ventanas con toda su fuerza, gritándoles con furia que no debían «darle dinero a un robot».
En cualquier coche normal, el conductor habría reaccionado rápido: dar marcha atrás, girar el volante o buscar cualquier hueco para escapar de allí. Pero el robotaxi no sabe improvisar, así que se limitó a quedarse quieto, siguiendo sus órdenes de no moverse si había alguien cerca.
Aterrados, los pasajeros llamaron al soporte técnico de la empresa suplicando que alguien tomara el control del coche a distancia para sacarlos de ese infierno. La respuesta que recibieron fue que no podían mover el vehículo mientras hubiera una persona en su trayectoria.
El vandalismo que se salió de control
Lo peor es que este caso no es el único ni el más violento, pues los ataques a estos taxis se han vuelto una forma de protesta cada vez más agresiva. Mientras los motores de diésel siguen contaminando, el verano pasado en Los Ángeles, incluso llegaron a quemar varios coches en plena calle.
Algunas personas aprovechan que el vehículo está “indefenso”. Así le pasó a una mujer que se quedó atrapada mientras dos hombres golpeaban los cristales para exigirle que les entregara su teléfono.
Este es uno de los grandes fallos de esta tecnología, que la deja expuesta. Está diseñada para evitar accidentes de tráfico, pero no para entender una situación de amenaza. Mientras unos intentan sobrevivir al tráfico, este tipo de vehículos se paraliza ante un obstáculo externo y expone la seguridad de sus propios pasajeros. Así que a estar atentos a tu próximo viaje en un coche autónomo.
