El agua agrícola es un recurso fundamental en la agricultura moderna, esencial para la producción de alimentos y para la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. Esta agua es utilizada para diferentes actividades, incluyendo el riego de cultivos, la cría de ganado y otras prácticas relacionadas con la agricultura. Es de suma importancia que se mantenga limpia y que además cuente con ciertas condiciones y lineamientos, establecidos en la Ley de Modernización de Inocuidad de los Alimentos (FSMA) de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA).
Tres cambios de paradigma en la gestión del agua agrícola
En el informe Nourish and Flourish (Nutrir y Prosperar) se aborda el urgente desafío de alimentar de manera sostenible a una población estimada de 10 000 millones de personas para el año 2050. Aunque se ha logrado cubrir a 2000 millones de personas adicionales en los últimos 20 años, las prácticas actuales de gestión del agua agrícola (AWW) deben transformarse si se quiere satisfacer las necesidades futuras sin causar ningún daño ambiental.
Es por ello que, para poder afrontar este desafío, se deben realizar tres cambios importantes, que son, en primer lugar, aceptar la complejidad para equilibrar las solicitudes de las personas, la prosperidad y el planeta. Seguidamente, establecer incentivos para pasar de la infraestructura/hardware a los servicios. Y, por último, eliminar las suposiciones, recopilando y utilizando datos para la toma de decisiones transparentes y basadas en evidencia.
En efecto, estos cambios se complementan con un nuevo plan de trabajo para el nexo agua-alimentos que identifica a los países según su nivel de estrés hídrico (alto/bajo) y su posición en el comercio de alimentos (importador/exportador), lo que permite aplicar soluciones personalizadas y específicas según el contexto, en lugar de aplicar la misma metodología para todos.
Financiamiento e impacto socioeconómico de la transición hídrica
Nourish and Flourish analiza cómo se realizará la financiación de estos cambios, ya que ningún gobierno puede hacerlo por sí solo. Indicando cómo se puede optimizar la asignación del financiamiento agrícola existente y cómo se puede extender y diversificar las fuentes de financiamiento, incluyendo al sector privado con una mayor participación e inversión.
Además, aborda el tema de cómo se pueden integrar innovaciones para mejorar y fortalecer la gobernanza, el rendimiento de los servicios, la sostenibilidad financiera y la productividad, replanteando la gestión del agua agrícola, no solo como un medio para mejorar la producción, sino también como un estado para generar ganancias en toda la economía y en diversos sectores.
Sin duda, el análisis demuestra que las inversiones estratégicas en AWW pueden producir importantes dividendos de desarrollo. Por lo que una sola acción como la de expandir el riego sostenible podría crear al menos 245 millones de empleos, sin contar las demás funciones que se realizan con base en esta actividad.
Impulsar la producción de alimentos
Ahora bien, si se transforma la forma en que los países gestionan el agua agrícola, a través de la creación de sus políticas, pueden impulsar la producción de alimentos, crear nuevos puestos de trabajo, desarrollar resiliencia climática, reducir las emisiones contaminantes del medio ambiente y proteger los ecosistemas.
Dicho de otra manera, si se logra aplicar políticas favorables, se lograría nutrir a la población, lo que traería consigo el florecimiento de la economía y todo el entorno en un planeta habitable. Además, con las soluciones adecuadas, se crean y protegen empleos, se reduce la pobreza, mejora la nutrición y se construyen sistemas alimentarios más resilientes.
Finalmente, el manejo eficiente del agua en la agricultura representa una de las historias de éxito más inspiradoras de la innovación rural moderna. La combinación del conocimiento tradicional con la tecnología está permitiendo cosechar más con menos, devolviendo la fuerza y vitalidad a los suelos y garantizando la viabilidad económica de las comunidades agrícolas. Al mirar hacia el futuro, queda claro que cada gota de agua optimizada hoy se traduce en un campo más fuerte, verde y próspero para el mañana.
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