En un escenario marcado por la escalada militar, el grupo de trabajo del Departamento de Estado ha asistido a un total de 7300 estadounidenses brindándoles asistencia de viaje y opciones concretas de evacuación. La premisa del gobierno norteamericano es expresión de una contundente y clara medida en medio de la crisis: garantizar su regreso a casa de forma sanos y salvos para todos y cada uno de aquellos que hayan solicitado obtener asistencia para salir de la región. La evacuación de ciudadanos estadounidenses en Medio Oriente se ha avivado drásticamente en la medida que se intensifican los temores frente a los ataques ejecutados por Irán que golpean también a numerosos objetivos americanos e israelíes.
Despliegue de vuelos chárter y rutas de asistencia terrestre
Con el fin de mitigar estos problemas el Departamento de Estado de los EE. UU. está gestionando la movilización de aviones militares y programación de vuelos chárter. Como parte de una línea de ataque de logística agresiva se han empezado a organizar vuelos especiales de forma continua desde países como Jordania, Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos. El propósito de estos traslados es el de llevar a gente a lugares relativamente seguros fuera de la línea del fuego.
No obstante, la complejidad del propio conflicto ha llevado a las autoridades estadounidenses a diseñar unas alternativas para la gente que se encuentra atrapada en las zonas más disputadas, ya que los países en donde el espacio aéreo o los aeropuertos permanecen cerrados al tráfico, el entierro de estas circunstancias ha llevado a las autoridades de EE. UU. a establecer las rutas alternativas terrestres. En la actualidad, las autoridades se encuentran coordinando en su propio terreno traslados por tierra hacia países vecinos como Egipto o Omán. Desde estos dos lugares aún se mantienen operativos los vuelos internacionales, una fórmula que permita a las autoridades de EE. UU. salir del riesgo de que sus compatriotas queden atrapados en una región donde el tráfico aéreo comercial ha sido paralizado.
Cierre de embajadas y la incertidumbre del personal consular
La inmediata y creciente escalada de las hostilidades, propiciada por la serie de bombardeos con un fuerte impacto en Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, ha empujado a Washington en la dirección de adoptar inclinaciones muy drásticas de seguridad institucional. Así, dentro de estos protocolos preventivos complementarios, el gobierno estadounidense ha ordenado contra viento y marea la salida de todos sus diplomáticos no urgentes y de sus familias de las embajadas de la región.
La evacuación oficial alcanza directamente a las propias misiones diplomáticas en Baréin, Irak, Jordania, Kuwait, Qatar y a los Emiratos Árabes Unidos, donde la situación de elevado riesgo ante potenciales ataques ha colocado la alerta de las prioridades cercanas al rojo vivo. Las sedes diplomáticas de los propios países de Jordania, Kuwait, Líbano y Arabia Saudita, por su parte, han permanecido cerradas al público mientras los especialistas exhaustivamente siguen elaborando dichas evaluaciones en torno a la situación de seguridad general. Hasta hoy, el consulado de Estados Unidos en Karachi, Pakistán, sigue siendo la única misión que ha suspendido su operativa en forma total.
Una retirada histórica y masiva de civiles
Aún cuando los desafíos que depara la seguridad y los operativos son abrumadores, el Departamento de Estado logró informar oficialmente que más de 9000 ciudadanos norteamericanos han conseguido salir del Medio Oriente desde el fin de semana, y buena parte de este volúmen inmenso tiene la posibilidad de salir autónomamente utilizando las pocas rutas comerciales disponibles que antes de que se interrumpiesen todas las rutas aéreas.
El subsecretario de Estado para Asuntos Públicos, Dylan Johnson, hizo saber que las autoridades han mantenido un contacto permanente con cerca de 3000 ciudadanos que precisaban asistencia y asesoramiento inmediato sobre cómo hacerlo.
