Los ecosistemas son valiosos para la protección del planeta, especialmente los bosques por su actuación de absorción del dióxido de carbono. Ante un escenario de cambio climático que afecta de forma general, la participación de los bosques toma un peso fundamental para mitigar los efectos de la contaminación en el aire. Sin embargo, se encuentran bajo amenazas a causa de la deforestación.
Los bosques son garantía para disminuir las presiones climáticas
El planeta se encuentra ante una situación crítica a raíz del cambio climático. Las olas de calor, sequías, lluvias intensas y fenómenos meteorológicos son cada vez más frecuentes y duraderos. Este escenario no es una casualidad, es una consecuencia de la actividad humana que ha generado emisiones durante décadas.
De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN), los bosques tienen un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. La mayoría de los ecosistemas naturales cumplen una función específica, y en el caso de los bosques son los encargados de absorber toneladas de dióxido de carbono cada año.
Gracias a ello, cerca de 2400 millones de toneladas de dióxido de carbono se eliminan de nuestro planeta, lo que mejora la calidad del aire, disminuye las presiones climáticas y previene enfermedades. Sin embargo, pese a su papel tan necesario y relevante, los bosques se encuentran bajo amenaza por deforestación, lo que disminuye su cantidad año tras año.
Un factor estabilizador del clima que se encuentra en riesgo
Mantener y proteger los bosques es una tarea importante para estabilizar el clima, que tanto afecta a la seguridad alimentaria y energética. Iniciativas como la de la ONU para proteger los bosques son fundamentales para mitigar el efecto del cambio climático. Pues los riesgos podrían ser devastadores si se pierden ecosistemas de alto valor como estos.
Su papel como estabilizador del clima sucede a raíz de que los árboles son capaces de absorber grandes cantidades de dióxido de carbono, pero según datos de la UICN, tanto los bosques como las personas que dependen de ellos están sometidos a una presión cada vez mayor.
Su función es regular los ecosistemas, proteger la biodiversidad, actuar en el ciclo del carbono, sustentar los medios de subsistencia y proporcionar bienes y servicios que impulsan el crecimiento sostenible. En otras palabras, son garantes de la mitigación del cambio climático, pero la deforestación está acabando con ellos.
La actividad humana indiscriminada tiene un peso importante en la pérdida de los bosques, ya que, además de la tala, conlleva el incremento del cambio climático que genera incendios forestales. Si se detiene la pérdida y degradación de los bosques, es posible mitigar más de un tercio los efectos del calentamiento global para 2030.
De acuerdo con la UICN, la restauración de unos 865 millones de acres de bosques degradados podría absorber hasta 1,7 gigatoneladas de dióxido de carbono al año. Por lo tanto, aumentar y mantener los bosques es una solución esencial para el cambio climático y reducir los impactos que cada día se sienten con mayor fuerza en el planeta.
Protección y restauración de bosques como resiliencia al calentamiento global
La UICN trabaja para combatir la deforestación y la degradación forestal en áreas de alta biodiversidad e importancia cultural, como los bosques primarios y los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad. Esto ayuda a conservar los beneficios de los bosques, incluyendo las reservas de carbono forestal y los medios de subsistencia.
De hecho, la FAO ha presentado una herramienta de monitoreo de bosques que podría ser una solución factible para la restauración de los mismos. La naturaleza, y en particular los árboles y los bosques, pueden y deben formar parte de la solución para mantener el clima y la temperatura global dentro del límite aceptado a nivel mundial.
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