El Secretario de Estado, Marco Rubio, ha sido el encargado de ir realizando una serie de declaraciones contundentes que pretenden definir, y al mismo tiempo a aclarar los objetivos estratégicos e irreductibles que tiene Washington para la actual ofensiva en Irán. A través de los propios canales oficiales del Departamento de Estado, el responsable debió señalar el avance inexorable de sus fuerzas sobre las hostilidades: «Quiero que todos sepan que su ejército está haciendo el trabajo», aseguró Rubio, enfatizando que cada día que pasa, el régimen iraní cuenta con menos misiles y lanzadores operativos, sus fábricas trabajan a menor capacidad y su armada está siendo sistemáticamente eviscerada.
Los tres pilares de la Operación Furia Épica
Para no dejar nada en la sombra respecto de la estrategia de guerra, el secretario Rubio dio a conocer a los medios los tres objetivos considerados como fundamentales de la Operación Epic Fury contra el régimen iraní. El primero, el de la destrucción absoluta de la capacidad técnica y operativa de Irán para lanzar misiles. El segundo, el de la completa aniquilación de todas las fábricas e instalaciones industriales que tienen como finalidad la producción y el ensamblaje de misiles. El tercero, es el de la destrucción completa de la fuerza naval de la República Islámica de Irán.
Rubio justificó la dureza de estos objetivos para la misión dado que califica al gobierno de Teherán como un régimen terrorista que intenta tomar a todo el mundo como rehén por medio de la serie de bloqueos y ataques indiscriminados a infraestructuras vitales que acababa de realizar. La Operación Epic Fury fue diseñada, precisamente, para desmantelar esa posibilidad de hacer tales amenazas de vida. En relación con la evolución actual de los combates, el secretario de Estado de EE. UU. se mostró muy optimista, al afirmar que las fuerzas armadas van en un buen camino para cumplir con todos los objetivos trazados.
La tensión regional y la crisis del estrecho de Ormuz
Las consideraciones que hace el Departamento de Estado llegan en un contexto donde se vive la máxima tensión internacional. El lunes fue el décimo día de guerra en Irán, las bolsas del mundo se precipitaban y el precio del petróleo se disparó. Una crisis económica que se generó debido a que la feroz ofensiva de Irán sobre el estrecho de Ormuz había hecho descender casi por completo la circulación de los buques petroleros en la que se considera una de las principales rutas marítimas del mundo, a través de las cuales se despachan unas 20 millones de barriles de petróleo.
La reacción desesperada de Irán ha sido el bombardeo de los países vecinos del Golfo. El día lunes se conocieron imágenes de una feroz explosión en una planta petrolera que había sido atacada por Irán en el interior de los Emiratos Árabes Unidos. En un tono de destrucción similar, la única refinería del petróleo de Bahréin aparecía envuelta en fuego debido a un ataque enemigo. Arabia Saudita anunció haber interceptado varios drones cargados de explosivos que intentaban golpear el yacimiento de Shaybah.
El factor de los rehenes y el heroísmo militar
El Secretario Rubio aprovechó la jornada para presidir una conmovedora ceremonia de izamiento de bandera en el Departamento de Estado, en homenaje a la conmemoración del «Día de los Rehenes y Detenidos Injustamente de EE. UU.». Durante su discurso, Rubio recordó a la nación que esta fecha conmemorativa existe porque las familias se niegan incondicionalmente a que la historia olvide a sus seres queridos. Con un tono serio, el Secretario rindió homenaje a los sobrevivientes y a las víctimas de los regímenes opresores: «Celebramos a los que volvieron, honramos a quienes murieron cautivos y nos comprometemos a volver con quienes permanecen bajo custodia».
