En medio de la compleja transición política que atraviesa Venezuela tras la detención y extradición de Nicolás Maduro, el líder opositor Edmundo González Urrutia ha ratificado su alianza estratégica con el senador estadounidense Rick Scott. A través de un intercambio público, ambas figuras políticas subrayaron la urgencia crítica de abordar la crisis de los presos políticos. Se trata de un tema que se mantiene como el principal obstáculo para la normalización democrática bajo la actual administración interina de Delcy Rodríguez.
El nexo con Washington: «No están jugando»
El rol que adopta Rick Scott a largo plazo equivale a un nexo entre el entorno de Donald Trump y la oposición venezolana, puesto que desde lo que le precede, el senador de Florida se ha adscrito a una función de vínculo entre los reclamos de la oposición y el ejecutivo estadounidense. En el contexto vigente, en que Estados Unidos está apretando y podría tener en control la extracción de petróleo, pues la situación política en Caracas es aún incierta, la voz de Scott sirve de termómetro de la política exterior de la Casa Blanca.
Recientemente, Scott aumentó la presión internacional sobre el gobierno interino de Venezuela. El senador mandó un mensaje preciso y contundente contra la administración de Delcy Rodríguez, advirtiendo que los ejecutivos estadounidenses con injerencia directa en la operación (el presidente Donald Trump, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth) «no están jugando». Las demandas de Scott son parte de un abanico de estrategias que hacen uso de la amenaza de disposiciones, intercalando estas con los requerimientos de prácticas comerciales y derechos humanos.
La tragedia personal: El caso de Rafael Tudares
Para el liderazgo opositor, la exigencia de la liberación de los presos políticos posee un rostro personal y doloroso. Rick Scott exigió con nombre y apellido que fuera liberado Rafael Tudares, pareja de la hija de Edmundo González, al que Scott caracterizó como un «rehén» de Diosdado Cabello (al que Scott calificó de «esbirro de Maduro»).
Tudares es un espejo que refleja la arbitrariedad del sistema. Fue arrestado el 7 de enero de 2025, tan sólo tres días antes de que comenzara el fallido nuevo mandato de Nicolás Maduro, en un operativo que se llevó a cabo mientras conducía a sus dos hijos menores a la escuela junto a su esposa, Mariana González. Su captura fue denunciada por sus familiares como un secuestro y una estrategia de coerción contra la oposición.
Guerra de números: propaganda vs. verificación
El requerimiento de Edmundo González de que las liberaciones sean «verificables» responde a una discrepancia de base en los datos contemporáneos: mientras que el régimen de Delcy Rodríguez está prometiendo estas liberaciones como unos supuestos «gestos de paz», la situación sobre el terreno tiene un significado de disputas.
Los organismos de derechos humanos y la oposición cuentan más presos de los que el régimen computa. La coalición que capitanean María Corina Machado y Edmundo González han denunciado que el anuncio oficial reciente de 116 liberaciones «no corresponde con la realidad». Hasta el momento, las organizaciones civiles independientes han sido capaz de verificar únicamente 56 liberaciones, dejando un número indeterminado de detenidos en un lugar incierto, lo cual también puede ser considerado como una falta de transparencia del gobierno interino.
Mientras que el mundo y los venezolanos se interrogan sobre lo que tiene de particular el futuro inmediato del poder político y si habrá un cambio de régimen real, la alianza entre Edmundo González y Rick Scott impone una línea roja. La normalización de relaciones o la estabilidad de la transición no será posible sin la liberación total y verificable de todos los presos políticos, quienes siguen siendo la moneda de cambio en la negociación por el futuro de Venezuela.
