El mandatario norteamericano compartió un extenso descargo en sus redes sociales en el que, además de condenar el dictamen de los jueces que integran la Corte Suprema de su país, adelantó que impondrá un nuevo arancel global del 10%, amparándose en la Sección 122, también conocida como «ley comercial».
El fallo que ofuscó a Trump
Este viernes, los togados pusieron fin al histórico debate en torno a la legitimidad de la guerra arancelaria que desató Trump desde su regreso a la Casa Blanca, con el objetivo de recuperar el control del tablero internacional y someter la voluntad de líderes mundiales bajo los intereses del imperio capitalista.
China, Brasil, India, Canadá, Francia y Reino Unido fueron algunas de las naciones que, enemistadas por distintos motivos con la potencia, se volvieron blanco para la aplicación de gravámenes que dificultaron la exportación de sus productos a Norteamérica y su desempeño en el mercado internacional.
Pero lejos de pasar desapercibida, la maniobra del republicano fue estudiada por los magistrados estadounidenses a la luz de la legislación nacional, quienes arribaron a la conclusión de que se trató de operaciones no amparadas por la legislación, y sostuvieron que el mandatario incurrió en un exceso de autoridad.
Según detallaron, la ley empleada para fundamentar la imposición de los aranceles fue confeccionada para aplicarse en casos de emergencia nacional, por lo que su actual interpretación se habría desvirtuado a favor de los intereses del gobierno de turno. En concordancia, la votación final acompañó el argumento con una diferencia de 6 votos a favor y 3 en contra.
Al tanto de lo sucedido, el polémico presidente hizo su aparición en horas de la tarde, para dejar en claro que la resolución de los funcionarios del Poder Judicial le resultó «profundamente decepcionante». «Me avergüenzo de ciertos miembros de la Corte por no tener el coraje de hacer lo correcto para nuestro país», sentenció.
Sin filtros, Trump calificó a los magistrados que votaron en contra como «idiotas» y «perros falderos» del Partido Demócrata, que, lejos de pensar en la prosperidad de la nación, «son antipatrias y desleales a la Constitución».
En contraste, se encargó de felicitar a los jueces disidentes que respaldaron la estrategia comercial de la gestión: Thomas, Alito y Kavanaugh, de quienes manifestó sentirse orgulloso y a los que felicitó «por su fortaleza, sabiduría y amor por nuestro país».
La guerra comercial continúa: nuevo arancel del 10%
Lejos de frenar su estrategia para conservar el mando del sistema mercantil internacional, el republicano no solo defendió el uso de los gravámenes como una herramienta para que la nación recupere su fortaleza económica, sino que anunció la puesta en marcha de una nueva tarifa de alcance global.
Argumentando que, desde el inicio de la guerra económica, el mercado bursátil superó los 50 mil puntos en el Dow Jones y los 7 mil en el S&P 500, ratificó que todos los aranceles de la Sección 232 (acero y aluminio) y los de la Sección 301 (prácticas desleales) continuarán en vigencia.
Y, a continuación, anunció que firmará una orden antes del final de la jornada para «imponer un arancel global del 10%, según la Sección 122», que se sumaría a los impuestos ya aplicados.
Los aranceles, ¿la clave para la armonía mundial?
Entre las justificaciones para defender la implementación de sus gravámenes, Trump adjudicó el logro de haber puesto fin a 8 guerras a la intimación arancelaria contra los países que formaban parte del conflicto. De esta manera, ratificó los beneficios a gran escala de su táctica comercial.
Mientras que, a nivel nacional, defendió que sirvieron como escudo para garantizar la seguridad nacional y reforzar el control en la frontera. «Han reducido la entrada de fentanilo a nuestro país en un 30 %, cuando los utilizo como sanción contra los países que nos envían ilegalmente este veneno», insistió, enumerando las bondades de los tarifazos.
