El papa León XIV, al convertirse en el primer pontífice que ha visitado de forma oficial las Islas Canarias, ha escrito una nueva página en la historia, un viaje que tiene una gran carga, pues la visita que había planteado el pontífice Francisco tuvo que ser suspendida. El obispo de Roma se trasladó al archipiélago español para llevar a cabo un recorrido centrado en la compleja realidad de la migración que golpea de forma directa a su región. La primera gran parada tuvo lugar en el muelle de Arguineguín, en la isla de Gran Canaria, el mismo lugar que hace de forma incesante como el punto de llegada de cientos de personas que completan tal vez la ruta marítima más peligrosa.
Denuncia a las mafias y restauración de la dignidad de las víctimas
Con máxima notoriedad ante los ojos de las autoridades y de los trabajadores humanitarios que están apresados en el mar, el papa recordó que el riesgo para aquellos que arriesgan la propia vida en el océano no viene solo por la imposibilidad de la inestable naturaleza de las aguas, sino por las mafias que se nutren de la vulnerabilidad de los otros.
El pontífice denunció la presencia de verdaderos monstruos que acechan los mares, haciendo alusión directa a las mafias organizadas que trafican con la desesperación de los desamparados y a los tratantes que esclavizan vilmente a mujeres y niños. Asimismo, condenó la deprimente indiferencia de amplios sectores de la sociedad que permiten que los más pobres terminen siendo devorados por la explotación o condenados al olvido institucional.
En uno de los momentos más ceremoniosos de su discurso en Gran Canaria, el papa pronunció un mensaje de consuelo y reafirmación espiritual destinado a las víctimas de la trata, recordó a los asistentes que toda vida es un regalo directo de la Providencia que nadie tiene el derecho a comprar, a vender, a desechar o a descartar como si se tratara de un objeto de comercio.
El consejo fraterno del papa a los migrantes de las Islas Canarias
El pontífice también se permitió un espacio para dirigirse a la población migrante del archipiélago en una clara actitud de respeto frente al sufrimiento que se exhibe en el recorrido de la vida de cada uno de ellos. El papa les recordó que no son cifras impersonales ante los ojos del Creador y de la Iglesia, ni tampoco son expedientes que se encuentran archivados, sino que son personas reales con familias e historias de vidas que les toca dejar atrás.
Fraternalmente, les llama a no caer en la tentación de entregar su vida a los traficantes de la necesidad, alertándoles de que las promesas de un paraíso fácil a cambio de dinero o de libertades son meras sirenas, frutos de unas infames industrias de la muerte.
Para responder a este giro del drama de lo humano, el santo padre reclamó una respuesta coherente, global y coordinada, que vincule de modo obligatorio a todos los estados implicados de manera directa o indirecta en el flujo de la migración.
Coherencia evangélica entre la oración litúrgica y el servicio al prójimo
La máxima autoridad de la Iglesia católica exigió vivir la coherencia evangélica de una forma absoluta, porque la opción preferida por los que se encuentran fuera de la mesa no puede ir dejando de ser un detalle o una cuestión de poca monta en la vida cristiana. El papa explicó que la fuerza y el motivo fundamental para vivir la caridad provienen directamente de la oración y de la adoración a Cristo presente en la Eucaristía.
Hacia el final de la intervención en el puerto de Arguineguín, el pontífice hizo extensivo su llamamiento a quienes poseen responsabilidades de decisión en los parlamentos y en los gobiernos.
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