Al término de su feliz encuentro con los voluntarios en el pabellón de IFEMA en Madrid, el papa León XIV dio comienzo oficial a la segunda etapa de su cuarto viaje apostólico a España tras aterrizar en el Aeropuerto Internacional Josep Tarradellas Barcelona-El Prat. A su llegada, el pontífice fue saludado con gran efusividad por los representantes de la Generalitat de Catalunya y dio inicio a una visita pastoral que proseguirá hasta la mañana del próximo jueves y que para el papa incluye varias citas ya programadas en la metrópoli catalana.
El llamado a caminar juntos
Basándose en las enseñanzas del Concilio Vaticano II y en los mensajes de sus antecesores, el papa recalcó que la comunidad eclesial se hace esencialmente cuando se deja amar por Dios con un corazón humilde y agradecido por ello. En este sentido, invitó a la población a transmitir en todo lugar cotidiano, cada lugar en la familia, cada lugar en la parroquia, cada lugar de trabajo y estudio, el clima de familia que hay que vivir en el ahora.
El líder religioso remarcó que solo mediante la solidaridad, la apertura, la atención recíproca y la capacidad de perdón mutuo se pueden construir verdaderas obras de caridad que transformen el entorno social.
La tradición de acogida y la vocación de unidad en Cataluña
Reflejando el testimonio del encuentro de Juan Pablo II con la ciudad en noviembre de 1982, el papa se refirió a la amplia tradición de la acogida de los ciudadanos de Barcelona y de todos los pueblos de Cataluña.
El pontífice reconoció el esfuerzo incesante de los feligreses locales para compartir su ciudadanía humana y cristiana con innumerables personas provenientes de diversos horizontes. Esta actitud de apertura consolida a la región como un hogar amplio y propicio para el desarrollo de la fraternidad, logrando superar cualquier tipo de polarización que intente dividir a la sociedad contemporánea.
Al conceder a Barcelona la tradición de «Cap i Casal de Catalunya», el santo padre encomendó a la comunidad local con una vocación especialísima que puede ayudar a los ciudadanos de Barcelona y de Cataluña con la voluntad de convertirse en los auténticos constructores de la unidad. Reflexionando sobre la imagen del cuerpo en el apóstol Pablo, explicó que todos los miembros de la Iglesia (los miembros más fuertes con papeles visibles y los miembros más débiles que actúan en el estrado del anonimato) son indispensables del organismo espiritual.
El encuentro masivo en el estadio Lluís Companys y el respeto por la dignidad humana
Ante 40 000 personas que llenaron el estadio Lluís Companys, el papa León XIV presidió una masiva vigilia que marcó uno de los puntos más altos de su itinerario. Este gran evento fue convocado por el arzobispado local para poder conectar directamente al obispo de Roma con el pueblo en general y con el público creyente.
De este modo, las autoridades eclesiásticas intentaron subsanar la falta de un evento popular de este tipo, una situación que se consideraba un déficit durante la visita de Benedicto XVI a Barcelona, en 2010. Entre las personas que llenaban el recinto, un poco más de la mitad acudieron como representantes de las comunidades de culto, las parroquias y las escuelas cristianas, y el resto del público general.
En el desarrollo del acto, el pontífice hizo una profunda homilía en la que instaba a convertir el país en un lugar que podría ser la casa de cada ser humano y que hace respetar la dignidad de cada persona por lo que es. Asimismo, recurrió a la poderosa metáfora de las «noches» para referirse a los momentos de miedo, amargura, fatiga o fracaso que atraviesan los individuos, la sociedad y la propia Iglesia. Frente a este panorama, pidió a los creyentes no juzgar esas etapas oscuras.
