El papa León XIV tuvo una agenda plagada de eventos para el quinto día de su viaje apostólico por España. Para iniciar la jornada, el Santo Padre asistió al centro penitenciario femenino «Brians 1», donde intercambió diálogo con las reclusas y dio un mensaje cargado de esperanzas y fe. Luego, continuó con una visita a la Abadía de Nuestra Señora del Montserrat y un encuentro en la Iglesia de San Agustín, para finalizar su jornada con una santa misa en la Basílica de la Sagrada Familia.
Un mensaje de misericordia y comunión
En el marco de su visita al centro penitenciario femenino «Brians 1», el papa León XIV escuchó el testimonio de capellanes voluntarios y mujeres privadas de su libertad. Tras escuchar los relatos, el Santo Padre pronunció un mensaje de misericordia, cargado de dignidad humana, dirigido a estas personas, a las que consideran que viven una de las formas más duras de exclusión. En su mensaje, resaltó que Dios siempre estará en todos, sin importar el pasado.
En esa línea, instó a las reclusas a no dejarse definir por sus errores y sostuvo que la vida católica no se trata de vivir sin equivocarse, sino en aprender a levantarse, arrepentirse, enmendarse y reconciliarse. «El Señor nos permite a todos empezar de nuevo», enfatizó. Entre llantos, rezos y aplausos, el sumo pontífice se despidió de la cárcel, dispuesto a emprender viaje a su próximo destino: la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat.
El santo padre llegó a la abadía en helicóptero y fue recibido por el obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, monseñor Xabier Gómez García, y por el abad del monasterio, Manel Gasch i Hurios. En el atrio también lo esperaban cerca de 1000 niños, quienes acompañarían a León XIV a rezar el Santo Rosario. Luego de la oración, el Papa pidió por la comunión, a la que considera muy importante para la fe en un mundo marcado por las divisiones.
En su discurso, recordó la palabra de María de Montserrat, la cual es una invitación a la unión, a amarnos los unos a los otros. «La Virgen nos invita a reconocernos como hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división», exclamó. Hacia el final de su visita a la abadía, León salió al balcón a saludar a los miles de fieles presentes, a quienes les dedicó palabras de agradecimiento.
Misa en la Basílica de la Sagrada Familia
Para ponerle fin a esta jornada, el Papa celebró la Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Allí, brindó una extensa homilía, donde elogió el trabajo que hizo el arquitecto Antoni Gaudí con este espacio sagrado histórico, al que calificó como un «signo de unidad y de concordia». Así también comparó esta obra, inconclusa, con la vida cristiana, la cual es un camino que tiene a Cristo como principio y como fin.
Por otro lado, al momento de comentar el Evangelio, resaltó que la palabra de Dios es una invitación a la salvación. «Ante la amenaza del mal, el Señor siempre está con nosotros, siempre a nuestro favor», agregó. Según explicó, esto deja en claro que la creencia en Jesús está arraigada a valores puros y leales, por lo que nadie que cree puede promover la guerra o matar a un inocente.
Inauguración de la torre de Jesús
En el marco de su visita a la Basílica de la Sagrada Familia, el papa León XIV inauguró la torre de Jesucristo, consagrando así al templo como la iglesia más alta del mundo. Más de 8000 fieles estuvieron presentes en este hito histórico para la comunidad católica de Barcelona. Fue una ceremonia cargada de simbolismo, la cual contó con la presencia de los Reyes, el presidente del Gobierno y otras autoridades civiles y religiosas.
