El Consejo de Seguridad de la ONU, dirigido por Volker Turk, emitió un comunicado este jueves en el que instó al Kremlin a dar cese a los ataques que tienen como objetivo principal a las centrales que proveen de luz y gas a la población, en plena crisis energética.
El invierno azota Kiev
A 4 años de iniciado el conflicto bélico, el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania continúa, pese al interés de la coalición europea y de Estados Unidos en mediar y arribar a una resolución definitiva y pacífica. Y, en medio de las negociaciones tripartitas que comenzaron a inicios del 2026, los ataques de las tropas de Putin no tienen pausa.
A pesar de que el líder de la ex Unión Soviética manifestó su voluntad, en reiteradas ocasiones, de optar por el diálogo como vía fundamental para acortar la distancia con su oponente, la estrategia bélica de su ejército no dejó de aplicarse bajo ninguna circunstancia.
Y, en consecuencia, el territorio invadido se encuentra arrasado por la violencia y el fuego, que cada madrugada toman Kiev y puntos del interior de Ucrania, con el fin de sellar nuevas conquistas territoriales a favor de los objetivos expansionistas de Rusia.
Pero a la agresión armada debe sumarse un factor de peso que condenó a los ucranianos, en las últimas semanas, a padecer las condiciones climáticas de la región en pleno invierno europeo. Pues, como parte de lo que las autoridades ucranianas denuncian como «genocidio», Moscú dio orden de bombardear estructuras energéticas, causando la interrupción prolongada de servicios esenciales.
Tal fue el caso de la electricidad y el gas, suministros en cuya ausencia se dificulta la supervivencia de la población a -20°C. Ante este escenario, Zelenski y su gabinete no dudaron en avanzar hacia la declaración de la emergencia energética y en pedir ayuda urgente a los aliados internacionales.
En respuesta, Francia, Polonia, Italia, Reino Unido, Alemania y hasta Ciudad del Vaticano se vieron conmovidas por el difícil panorama, y extendieron soporte financiero, víveres y generadores de energía para garantizar el bienestar de la población mientras el Estado trabaja en la recomposición de los sistemas.
Sin embargo, la rígida postura del Kremlin continúa impulsando acciones como la de esta madrugada, cuando 219 drones y 25 misiles balísticos fueron lanzados contra la infraestructura energética de Kiev, Odesa y Dnipro, en un episodio más de la despiadada hostilidad de la guerra.
El pronunciamiento de la ONU
Al tanto de los acontecimientos, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se pronunció para exigir el fin de los ataques y el establecimiento de una tregua para poner en resguardo a los miles de civiles inocentes que se vieron damnificados por los atentados.
«Exhorto a la Federación de Rusia a que cese inmediatamente estos ataques», reza el texto emitido desde Ginebra, y en el que los diplomáticos dejaron en claro que el accionar de las filas rusas constituye una transgresión a los principios del derecho internacional humanitario.
Citando el ataque concretado en las últimas horas, desde el organismo advirtieron sobre las «desastrosas» consecuencias que acarrean los ataques y que afectan «todos los aspectos de la vida civil». En este sentido, enumeraron la interrupción de las clases y del servicio médico como algunos de los nefastos resultados de la guerra.
«Los civiles, que han soportado bombardeos constantes, ahora se ven obligados a afrontar un frío glacial», describieron, como una postal del sufrimiento patrocinado por la ambición rusa de ampliar su dominio territorial.
El respaldo de León XIV
Respondiendo al clamor de sus obispos, el líder de la Iglesia Católica autorizó esta semana el envío de camiones con destino a Ucrania, cargados con generadores de energía, alimentos y medicinas para palear el sufrimiento de los inocentes que sobreviven en la miseria de la guerra.
Agradecido con el gesto, Zelenski ponderó la actitud del Santo Padre como un ejemplo de «acción dignificativa» a imitar por el resto del mundo, de camino hacia la obtención de una «paz digna».
