Los llamados «químicos eternos», también conocidos como PFAS, representan uno de los más grandes desafíos en el marco de la lucha contra el cambio climático. Para la ONU, estas sustancias, que están generalmente en productos de uso diario, representan una amenaza para los derechos humanos más básicos, como la salud, la vida y un ambiente sano. Frente a ello, exige acciones urgentes y estrategias preventivas para mitigar su impacto.
Falta de estrategias frente a esta amenaza
Actualmente, existe una falta de claridad en estrategias que permitan mitigar el impacto de las amenazas de los químicos eternos. Esto, sumado a la resignación por parte de las autoridades, crea un escenario peligroso tanto para el medio ambiente como para la salud de las personas y el desarrollo económico de la sociedad. Es que los efectos con los PFAS van mucho más allá de la contaminación ambiental.
De acuerdo a la información brindada por la ONU, los químicos sintéticos tienen la capacidad de permanecer en el medio ambiente durante siglos y afectan a diferentes áreas cruciales para la salud humana. «Van desde los lugares de producción hasta el agua contaminada, los alimentos y los productos de consumo, lo que aumenta los riesgos para los sistemas hormonales, la función hepática y la función inmunológica», resaltaron.
Otro problema existente en torno a los químicos eternos es que sus consecuencias no se distribuyen por igual, una cuestión que lo convierte en un problema de justicia global. Es que los principales fabricantes de estas toxinas son los países industrializados, pero la propagación se da a nivel global. En este marco, las más afectadas son las comunidades que ya enfrentan otras problemáticas, como la pobreza, la discriminación y la marginación.
Derechos en juego
Este escenario pone en jaque el enfoque basado en los derechos humanos que impulsa la ONU. Según explicaron las autoridades, los trabajadores, los pueblos indígenas, las mujeres, los niños y las personas con ascendencia africana son los más expuestos a los PFAS y poseen menos herramientas para mitigar sus consecuencias, lo que los deja en una peor situación que al resto de la sociedad.
El hecho de que los químicos eternos afecten recursos esenciales para la vida pone en riesgo a los derechos más básicos que merecen las personas, como la vida o la salud. Tal como dijimos anteriormente, las toxinas en agua y cadenas de suministro alimentaria afectan el funcionamiento del cuerpo humano, aunque también es mucho más peligroso de lo que se cree, ya que las consecuencias se ven incluso desde el embarazo.
El informe publicado por la ONU destaca que las sustancias PFAS pueden llegar a atravesar la placenta y ya se han detectado en la leche materna y en la sangre del cordón umbilical. Se trata de una información alarmante, que deja entrever los riesgos de las personas en etapa de desarrollo particularmente sensibles.
Bethanie Carney Almroth, científica ambiental e investigadora que trabaja con la ONU, resalta que los químicos eternos no solo atentan contra el derecho a la vida, la salud y un medio ambiente sano, sino también contra el acceso a la información, la justicia y la reparación. Frente a ello, pide a la comunidad internacional adoptar una postura más firme respecto a estos contaminantes.
Estrategias para mitigar las consecuencias
Frente a la falta de soluciones específicas, los expertos advierten sobre la urgencia de tomar acción lo antes posible, sin esperar certezas o consecuencias notables. Esperar a tener plena certeza sobre el tratamiento de estos químicos y los peligros que pueden causar es en sí mismo un problema a resolver. En esa línea, resalta la necesidad de abordar estrategias útiles para disminuir la contaminación de PFAS.
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