La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) ha lanzado una durísima advertencia sobre la inminente aparición del episodio de El Niño que puede llegar a ser el más intenso de los últimos 150 años. Esta fisura entre los sistemas climatológicos (se prevé que la misma alcance su punto álgido entre 2026 y 2027) puede provocar una reacción en cadena de fuentes de riesgo interrelacionadas que impactarían paralelamente a varios sectores vitales en todos los rincones del planeta. Ya sobre un trasfondo de temperaturas oceánicas y atmosféricas que han llegado a niveles sin precedentes, este evento de gran magnitud puede empujar al límite los ecosistemas marinos, la producción de alimentos y las redes logísticas, así como puede tener un gran impacto sobre la economía y la seguridad hídrica de millones de personas.
Cambios en los ecosistemas y la producción agropecuaria
El fenómeno climático se desarrolla en el cinturón tropical del océano Pacífico, donde típicamente los vientos transportan las cálidas aguas superficiales del océano hacia el lado occidental. Cuando hay un debilitamiento de estos vientos, el agua caliente se desplaza en sentido opuesto, cubriendo amplias áreas ecuatoriales hasta llegar a profundidades que superan con creces los 984 pies en las costas del continente americano.
Este fuerte aumento de temperatura ya está modificando las pesquerías en Ecuador, donde las flotas pesqueras están capturando menos atunes porque deben navegar cada vez más lejos en busca de aguas frías. Las aves marinas también migran al norte en busca de aguas más frías, mientras los arrecifes de coral están bajo una alerta máxima por un severo riesgo de blanqueamiento.
Las predicciones térmicas de un evento sin parangón
Para medir la magnitud de este fenómeno de manera científica, los entendidos llevan a cabo reiteradas observaciones a la hora de establecer las temperaturas de una región del océano central del Pacífico, que es conocida por el nombre de Niño 3.4. Un ciclo se clasifica como muy fuerte cuando la temperatura de la superficie del océano supera la media histórica (ampliamente registrada) en por lo menos 3,6 °F.
Si hacemos un balance del siglo XX, los dos ciclos más devastadores de la historia reciente, los de 1982-1983 y 2015-2016, alcanzaban valores de cerca de 4,7 °F por encima de lo normal. Sin embargo, las previsiones actuales contemplan anomalías térmicas que oscilan entre los 5,4 y los 7,2 °F, un salto estadístico que lo colocaría muy por encima de cualquier marca histórica.
Pero a pesar de la confianza que generan estos modelos numéricos computarizados, los responsables de fijar el clima alertan sobre las dificultades que conlleva pronosticar los efectos que se producirán localmente. Cada ciclo ignora el manual de instrucciones y puede comportarse de maneras muy diferentes en cuanto a su calendario de impactos o su distribución geográfica.
El efecto económico sobre las rutas del comercio mundial
Las drásticas transformaciones meteorológicas que se producen por la fuerza de El Niño alertan también a la economía y a la circulación comercial planetaria. Una de las infraestructuras comprometidas es el Canal de Panamá, un camino logístico fundamental que solamente depende del agua dulce que fluye a partir de los ríos que acaban en el Lago Gatún.
Este complejo sistema de esclusas funciona como un gran ascensor hidráulico que utiliza enormes cantidades de agua para elevar a cada barco en su trayecto unos 85 pies desde el nivel del mar hasta el lago. Al final del ciclo, las lluvias torrenciales mantienen la vía operando a su máxima capacidad, ahorrando a los barcos días enteros en su trayecto y cientos de miles de dólares en costes de combustible. Desgraciadamente, la sequía provocada por el calentamiento de la superficie del Pacífico hace que los niveles del lago se desplomen rápidamente.
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