Con motivo de la celebración de los XXV Juegos Olímpicos de Invierno, que arrancan hoy, 6 de febrero, y se celebrarán hasta el 22 de este mes en las localidades italianas de Milán y Cortina d’Ampezzo, el papa León XIV ha dado a conocer la carta: La vida en abundancia. En este documento, que tiene como punto de partida el Vaticano, el pontífice se dirige a los atletas, organizadores y a todos los que se sienten implicados en este acontecimiento universal, tal como se sienten implicados en los XIV Juegos Paralímpicos que se celebrarán en el mes de marzo.
La tregua olímpica como remedio a la guerra
El Obispo de Roma aprovecha la ocasión deportiva para proponer un importante elemento de reflexión antropológica y social. En la carta, el papa León XIV presenta la práctica deportiva no como una actividad profesional de unos pocos sino, por el contrario, como una «actividad común, abierta a todos y saludable para el cuerpo y para el espíritu», que puede llegar a constituirse en una «expresión universal de lo humano».
En el actual marco internacional caracterizado por la inestabilidad, el santo padre ha acentuado la capacidad del deporte como factor de paz. A propósito de la tradición de la antigua Grecia, el papa ha instado con vehemencia a todos los países a «redescubrir y a respetar hasta sus últimas consecuencias este instrumento de esperanza que es la tregua olímpica», la cual considera «símbolo y profecía de un mundo reencarnado».
León XIV sostiene que el origen de la guerra está vinculado a la radicalización del desacuerdo y a la negativa de una cooperación mutua, donde el adversario se convierte en enemigo a muerte. En presencia una «trágica evidencia de una cultura de la muerte» (ciudades destruidas y vidas destrozadas), el papa recuerda que la violencia bélica es «siempre una derrota para la humanidad»: esto le lleva a sentir la urgente necesidad de instrumentos a partir de los cuales poner «fin a la antipatía, a la ostentación de la fuerza y a la indiferencia con respecto al derecho», y en su lugar proponer la competición leal.
Riesgos éticos: del lucro al narcisismo
La carta papal no rehúye los peligros que pueden amenazar la integridad del deporte actual. León XIV está al tanto de una forma de corrupción, la que se da cuando el deporte queda subordinado sólo a la lógica económica. Es consciente de la necesidad de financiación y advierte que el negocio puede reducir a los atletas a una «mera mercancía lucrativa», sometiéndolos a una «dictadura del rendimiento» que puede inducir al dopaje y al fraude.
De igual manera, señala también el riesgo del narcisismo potenciado hoy en día por las redes sociales, donde el atleta puede caer presionando el culto a su propia imagen y éxito. Ante una mentalidad donde «sólo cuenta lo que puede ser contado» el papa defiende que el deporte tiene que ser accesible para todos, denunciando las barreras económicas que dejan fuera a los más pobres y a las discriminaciones de género en muchas sociedades.
La problemática de la tecnología y la «gamificación»
León XIV, da importancia a la creciente confusión del deporte con el propio léxico de los videojuegos o el propio impacto de la inteligencia artificial. El papa advierte de la «gamificación» extrema del deporte. Se reduce la experiencia humana a puntuaciones y niveles repetibles, con el riesgo de «desanclar del cuerpo real y de la relación concreta» el deporte.
Según el papa, sin embargo, no hay un juego auténtico sin «riesgo, imprevisto y presencia», lo cual no puede ser sustituido por una simulación que promete la gratificación casi instantánea. Recuperar el propio valor del deporte es, sorprendentemente, restituir su dimensión «encarnada, educativa y relacional».
