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El PNUMA subraya que la pérdida de los lagos compromete la seguridad hídrica, la biodiversidad y el equilibrio ambiental global

Por Luz Vaquero · 12 octubre, 2026 · 7:48 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El PNUMA subraya que la pérdida de los lagos compromete la seguridad hídrica, la biodiversidad y el equilibrio ambiental global
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Hay millones de lagos en el planeta, donde se encuentra aproximadamente el 90 % del agua dulce superficial y los medios de subsistencia de alrededor de 60 millones de personas dependen directamente de ellos. Sin embargo, muchos de estos ecosistemas vitales ya no son lo que eran: desde Bolivia hasta Sudáfrica, el cambio climático, la contaminación y la sobreexplotación están modificando sustancialmente estos cuerpos de agua. Dianna Kopansky, que dirige la Unidad de Ecosistemas de Agua Dulce y Humedales del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), afirma sin atisbo de duda que «algunos de los lagos más conocidos e importantes del planeta son actualmente una sombra de lo que solían ser hace no más de unas pocas décadas».

La crisis climática y la crisis hídrica

Un panel internacional de expertos afirma que el cambio climático provoca la desestabilización del ciclo hidrológico (el delicado sistema que controla el reparto del agua en nuestro planeta). El aumento de las temperaturas (que en diversas regiones vulnerables ya supera con frecuencia los 100 grados F durante las olas de calor) está intensificando la evaporación y modificando los patrones de lluvia.

En algunos lugares esto puede aumentar los riesgos de sufrir sequías extremas que hacen que los lagos se reduzcan, como la crisis que casi dejó sin suministro de agua a los 4,7 millones de personas habitantes de Ciudad del Cabo en Sudáfrica. En contrapartida, en otras partes del mundo el calor en combinación con la evaporación puede generar tormentas torrenciales que hacen caer un gran número de pulgadas de lluvia en escasas horas llevando al desbordamiento de las cuencas. El lago Turkana en Kenia, la cuenca desértica más grande del mundo, también parece que enfrenta un futuro de peores inundaciones que amenazan con dañar a los 15 millones de personas que habitan las riberas, mientras que en las zonas montañosas el deshielo eleva el riesgo de desbordes violentos en los lagos glaciares.

La expansión de la contaminación y las zonas muertas

La contaminación constituye otra de las amenazas, implacables y crecientes, para los lagos del planeta y sus ecosistemas circundantes. Entre los principales factores que resultan problemáticos están los residuos sin tratar que provienen de las alcantarillas y la escorrentía de la agricultura, los cuales no solo aportan patógenos y pesticidas al agua, sino que también y particularmente aportan elevado contenido de fósforo y nitrógeno.

Los altos niveles de estos nutrientes acaban por acabar con los peces, activar las algas tóxicas y condenar los ecosistemas a una condición de carencia de oxígeno mediante la expansión de las conocidas zonas muertas que repelen la vida. Los científicos sostienen que un fenómeno similar se está dando en el gran lago Victoria, donde la rápida aparición de un determinado tipo de bacterias ha teñido de color verde sus aguas.

Además, una combinación de factores como un aumento de la evaporación, precipitaciones erráticas y un mayor calentamiento convierte la calidad del recurso hídrico que queda en el lago en algo aún peor.

Estrategias integrales orientadas a la restauración de los ecosistemas

Los expertos aseguran que no es tarde para cambiar el destino de muchos de los lagos en peligro. Primero, hay que avanzar hacia la gestión integrada de los recursos hídricos, un proceso de planificación que estructura de forma equilibrada el uso del agua entre diversos sectores, como la economía, la agricultura, etc., sin que se vea mermada la salud ecológica.

Segundo, hay que adoptar una visión de control de la contaminación y de la calidad del agua a escala de cuenca, incluyendo proactivamente a los grupos locales y a los grupos indígenas, al sector privado y a los agricultores. Finalmente, urge invertir en la recolección y puesta en práctica de datos de monitoreo de calidad del agua.

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Luz Redactora
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