La ciudad de Odesa, situada en el puerto del sur de Ucrania, ha sufrido nuevos ataques masivos durante la noche del 27 de enero. Así lo declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores del país, que ha confirmado que Rusia ha desplegado más de 50 drones, lo que ha acarreado «graves destrucciones» dañando el sistema energético local y dejando decenas de heridos y, como mínimo, dos muertos. Según los medios, el ataque ha dañado cinco edificios residenciales y también ha resultado afectada una casa de oración de cristianos evangélicos. Las autoridades afirman que todavía hay personas atrapadas entre los escombros y que las operaciones de salvamento siguen en marcha.
La devastación es enorme y los heridos más de 30
El ataque a la infraestructura civil ha sido devastador. El líder de la administración militar de la ciudad, Serhiy Lisak, actualizó la cuenta de muertes tras el descubrimiento de un cuerpo en los escombros. «Los equipos de rescate han trasladado el cadáver de un hombre de los restos del bloque de pisos de la calle de Pojorivski. Con esto confirmamos que ya son dos las bajas en la ciudad como resultado de la agresión». Además, el responsable confirmó que ya se cuentan por más de 30 los heridos.
La empresa DTEK, responsable de la central energética destruida, también expone en su comunicado la magnitud de la destrucción y afirma que la rehabilitación requerirá mucho tiempo y que el equipo podrá volver a estar en funcionamiento con lentitud. El ataque a la red eléctrica añade más vulnerabilidad a Odesa, uno de los lugares más castigados por los bombardeos de distancia larga a lo largo de la guerra.
Una gran ofensiva invernal
El asalto a Odesa no fue un hecho aislado, sino que formaba parte de una amplia oleada dirigida a unidades de energía e infraestructuras en las regiones de Leópolis (Lviv), Dnipró, Sumy y Járkov. En total, Rusia lanzó 165 drones durante el ataque a territorio ucraniano de la noche del lunes al martes, de los cuales 135 fueron interceptados por las defensas antiaéreas.
La situación es muy crítica en la vecina región de Mikoláyiv, donde el gobernador Vitali Kim también confirmaba el asalto con drones «Shahed 131/136» que contaron con los señuelos que esta vez dañaron el conducto de un gas y dejaron a una localidad sin suministro. Se trata de una campaña sistemática de ataques aéreos que se ha intensificado desde el 9 de enero y que la lleva a cabo en una Ucrania que atraviesa su peor invierno en 20 años. Las consecuencias son graves: millones de ucranianos sufren los cortes de luz, de calefacción y de agua, en Járkov, por ejemplo, el 80 % de la población ha sufrido cortes de electricidad y calefacción.
Reclamos diplomáticos y negociaciones subterráneas
Debido a la escalada de la situación bélica, la diplomacia ucraniana ha endurecido su discurso. El Ministerio de Relaciones Exteriores exigió a Estados Unidos, Europa y otros socios que «no se guarden silencio», recordando que una paz real implica sanciones y el bloqueo de toda la infraestructura de la flota de petroleros de Rusia, además del apoyo continuado a los defensores ucranianos.
A su vez, el Ministerio de la Defensa de Rusia informó que sus sistemas de defensa antiaérea derribaron 20 drones ucranianos aquella misma noche, la mitad de todos los derribados durante el día anterior, lo cual significa que hay una baja en la intensidad de ataques ucranianos en regiones como Kursk o Krasnodar. Dicho intercambio de fuegos tiene lugar en el marco de las negociaciones trilaterales celebradas el pasado fin de semana en Emiratos Árabes Unidos entre los Estados Unidos, Rusia y Ucrania y de las que el Kremlin ya ha anticipado que no debe esperarse un «avance rápido».
