Rustem Umerov informó que la delegación ucraniana llegó según lo previsto a la ciudad suiza de Ginebra, donde en la jornada de mañana tendrá lugar una nueva ronda de negociaciones con representantes de Moscú con el objetivo de alcanzar un acuerdo de paz efectivo, ante la atenta mirada y mediación de los Estados Unidos. No obstante, los aliados occidentales no creen que Putin tenga intención de terminar la guerra.
Preparando la cumbre en Ginebra
En las últimas horas, el secretario de Seguridad Nacional y Defensa, y principal figura negociadora de Ucrania, Rustem Umerov, informó que los representantes diplomáticos de Kiev llegaron a salvo y sin percances a la ciudad de Ginebra, Suiza, donde se llevará a cabo una nueva ronda de negociaciones con la diplomacia rusa, en presencia de una comitiva de los Estados Unidos, con el objetivo de consolidar un acuerdo de paz que permita poner fin a la guerra en Ucrania.
No obstante, las expectativas de conseguir avances importantes que podrían significar el fin de los enfrentamientos se encuentran en uno de sus puntos más bajos para las reuniones pactadas para este martes y miércoles, puesto que tanto rusos como ucranianos siguen aferrándose a sus posturas originales en puntos clave del acuerdo, como la delimitación de los efectivos militares o la cesión del territorio conquistado a Moscú, pese a que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un ultimátum imponiendo el próximo mes de junio como fecha límite para que haya un acuerdo.
Una guerra estancada
Cabe señalar que la situación en el frente de batalla no ha variado de manera categórica en el último año. Si bien las defensas ucranianas siguen atascadas en una guerra de desgaste y se ven obligadas a combatir en un frente de más de 1250 kilómetros de longitud, el ejército de Rusia apenas ha logrado avanzar unos pocos kilómetros al interior del territorio ucraniano.
Al retroceso lento pero constante de las defensas se sumó, e incrementó en los últimos meses, el hostigamiento constante a la población civil, sobre todo en las principales ciudades de Ucrania. A diario, las fuerzas rusas lanzan drones y misiles contra centrales de energía o puntos estratégicos de distribución de servicios básicos como la luz y el agua potable, dejando con frecuencia a cientos de miles de personas sin electricidad o con sus hogares completamente destruidos.
En respuesta, las fuerzas ucranianas han lanzado drones contra refinerías petroleras o depósitos de armas rusos, sin llegar tampoco a generar daños lo bastante considerables como para hacer retroceder al invasor. En la región rusa de Briansk, los sistemas de defensa derribaron 229 drones en las últimas 24 horas.
Más allá del territorio, pero sin olvidarlo
Por su parte, el portavoz del gobierno ruso, Dmitry Peskov, anticipó que en las conversaciones en Ginebra hablarán de «un abanico más amplio de cuestiones relacionadas con los territorios y otros asuntos vinculados a las exigencias que tenemos», sin adentrarse mucho más en el tema. Mientras tanto, todavía no queda del todo claro qué funcionarios representarán a la Casa Blanca en Ginebra.
Varios analistas internacionales han sugerido que el presidente ruso, Vladímir Putin, considera tener el tiempo de su lado y que el apoyo de Occidente a Ucrania no hará más que debilitarse, llevando al colapso de las defensas ucranianas constantemente presionadas por los avances y ataques rusos.
En relación a la cuestión territorial, el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, volvió a calificar como «una locura» la exigencia de Moscú de tomar el control efectivo de la totalidad de las regiones del Donbás, incluyendo las zonas que aún permanecen bajo control ucraniano. «No podemos simplemente retirarnos de nuestro territorio o intercambiar una parte de nuestro territorio», aseveró.
