Para la economía global, el impacto del clima presenta un riesgo sumamente elevado. La Oficina de la ONU para la Reducción de Desastres (UNDRR) ha advertido acerca de las consecuencias monetarias drásticas que pueden llegar a producirse por causa de las alteraciones en el medioambiente. Investigaciones publicadas en la revista Nature prevén un horizonte crítico para la generación de ingresos del mundo. Las pérdidas económicas esperadas ascenderían a la extraordinaria cifra de US$38 billones por año. Los investigadores aconsejan implantar una estrategia dirigida a reducir las emisiones para evitar llegar a esos estragos.
Previsiones económicas y costos de explotación
El análisis científico de la UNDRR da cuenta de una posible reducción de las ganancias globales del 19 % para 2049. Anders Levermann, investigador del Instituto de Potsdam, mencionó la dimensión insondable de esas pérdidas futuras. El experto expuso que estos pasivos son tres veces los gastos de inversión preventiva para cumplir las exigentes metas estipuladas por el Acuerdo de París, un tratado internacional que persigue firmemente limitar la posibilidad de crecimiento de la temperatura del planeta a 1,5 grados a finales de siglo.
Numerosas investigaciones anteriores fijaron una correlación estadística muy estricta entre las variaciones de temperatura y el freno del crecimiento productivo. Los nuevos modelos matemáticos recogen la ocurrencia de precipitaciones erráticas o sequías prolongadas e inundaciones destructivas.
El grupo de investigadores recurrió a registros históricos y a simulaciones para calcular cómo las irregularidades meteorológicas afectan a la macroeconomía. La inercia del sistema hace más difícil llevar a cabo una transición rápida hacia la neutralidad de emisiones y anticipa fluctuaciones económicas muy severas a nivel internacional.
Desigualdad regional y vulnerabilidad extrema
Los grandes daños financieros se verán muy desequilibrados por las distintas geografías del planeta. Las previsiones indican claramente que los países más empobrecidos económicamente sufrirán unas pérdidas superiores en un 61 % frente a los países desarrollados. Las poblaciones de los territorios tropicales soportan hoy la mayor carga de esta crisis global. Los territorios con mínimas emisiones históricas tendrán que soportar, respecto de los grandes estados altamente contaminantes, grandes pérdidas monetarias.
Matteo Coronese, científico de la Escuela Superior Sant’Anna de Italia, acentuó la problemática de esta situación diciendo que «esto es un grito de llamado a la acción para la adaptación». El investigador destaca la gran vulnerabilidad de los muchos pueblos que viven en el África intertropical a causa de los bruscos cambios en el medio natural. La mayoría de estos sujetos es de condición agrícola en relación con un régimen de lluvias estable. El desarrollo de estructuras de producción descarbonizadas es de enorme necesidad.
Incertidumbres predictivas prolongadas
Los exhaustivos cálculos presentados por la UNDRR contienen sus propios márgenes de incertidumbre, los cuales son inevitables cuando de complejas simulaciones prolongadas se trata. Los modelos informáticos no hacen más que predecir y, al hacerlo, lo hacen con certeza: un aumento ininterrumpido de las temperaturas globales para las próximas décadas.
Los efectos ambientales precisos sobre patrones de precipitaciones regionales son mucho más difíciles de adivinar a nivel local. No hay donde recurrir cuando se trata de prever alteraciones en el comportamiento social colectivo, usando incluso esquemas económicos convencionales. La implementación rápida de programas de resiliencia reduciría grandes daños.
Una interrogante metodológica consiste en determinar la duración del impacto de los efectos de severos fenómenos meteorológicos extremos sobre las economías. Las evidencias empíricas son múltiples y concluyentes: los daños financieros de sofocantes olas de calor son duraderos en la economía durante una década, mientras que los daños causados por alteraciones en el régimen de lluvias tardan en dejar de afectar las finanzas regionales hasta los ocho años.
Hacer predicciones después del año 2049 resulta muy difícil. Coronese señaló el gran potencial proactivo diciendo que «muchas cosas pueden cambiar a lo largo de 30 o 40 años».
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