presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri
ECO-NOTICIAS Europa

«Debemos aprovechar la crisis para dar un gran salto hacia la economía verde»

El papel de las empresas está siendo crucial para afrontar la emergencia sanitaria. En esta entrevista, el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, analiza cómo podemos superar la crisis económica en la que estamos inmersos, defiende una renta básica que sea «técnicamente impecable» y advierte del riesgo que, a su juicio, supondría una enmienda a la totalidad de la reforma laboral.  


¿Cuáles cree que son los elementos clave para hacer frente a la crisis económica que ha generado el coronavirus?

A la hora de decidir qué medidas tomar y de poder valorarlas, es importante que marquemos bien los horizontes temporales. A cortísimo plazo, las medidas que hay que tomar y que se están tomando han de ir encaminadas a preservar y restablecer las rentas perdidas de las personas más afectadas, y dotar de liquidez a las empresas para que nadie quede desprotegido. A corto y medio plazo, lo relevante es preservar el tejido empresarial porque es la manera de asegurar el empleo y la financiación del estado del bienestar. Y en estos horizontes temporales también es importante ver dos planos. Al principio, todas las medidas de apoyo a las empresas han de ser generalizadas para todos los sectores, como los préstamos con avales ICO o los ERTE. A continuación, llega el momento de pasar de lo macro a lo micro y, en ese momento, es necesaria la interlocución con los que están en el día a día, con los que saben los problemas de cada sector. Por tanto, de cara al futuro, me parece importante ser consciente de la importancia de estar cerca del sector privado, de saber cuáles son sus necesidades y cómo se le puede ayudar. Pero también, mirando más a largo plazo, es muy importante la mentalidad con la que nos enfrentamos a esta crisis. Tenemos que ver este momento como una oportunidad de transformación y tener en cuenta que ahora podemos hacer cosas que no nos atrevíamos hacer hasta ahora. Creo que es el momento de abordar los problemas estructurales de los que llevamos tiempo hablando con el objetivo de mejorar la productividad de nuestro país. Y, para ello, es imprescindible mejorar la empleabilidad de nuestros ciudadanos, y ello pasa por aplicar políticas activas de empleo y por la preparación de nuestros ciudadanos para dotarnos de una educación y formación –en todos los rangos de edad– que nos sirvan para enfrentarnos a los retos de un entorno que va a requerir habilidades muy distintas a las actuales. La oferta de formación tiene que dar respuesta a las demandas del mercado de trabajo, y debe buscar la integración también de los segmentos de la población con menos capacidad de entrada al mercado laboral: jóvenes, parados de larga duración y personas con discapacidad. Este es un reto primordial para la sociedad española, y de hecho creo que es el proyecto más importante y más inclusivo que deberíamos proponernos como sociedad.

¿Qué papel debe jugar en la recuperación ese Green Deal impulsado por la Comisión Europea que apuesta por reconciliar la economía con el planeta y descarbonizar Europa en el año 2050?

«La empresa que no se guíe por los Objetivos de Desarrollo Sostenible no tendrá futuro»

Como la propia Unión Europea ha destacado, el Pacto Verde Europeo establece cómo hacer de Europa el primer continente climáticamente neutro en 2050 impulsando la economía, mejorando la salud y la calidad de vida de los ciudadanos, protegiendo la naturaleza y no dejando a nadie atrás. Es la hoja de ruta para dotar a la UE de una economía sostenible. La crisis nos exige ahora replantear el tejido productivo europeo y nos empuja hacia una importante transformación, que debemos aprovechar para dar un gran salto hacia la economía verde. La realización de este objetivo exigirá que gobiernos y empresas transformemos los retos climáticos y medioambientales en oportunidades en todos los ámbitos y que logremos una transición justa e integradora para todos. Con este propósito, Bankia está realizando en los últimos años una serie de adhesiones y transformaciones internas de acuerdo con los requisitos y objetivos que marca la Comisión Europea en el corto, medio y largo plazo. Bankia ha mostrado su firme apoyo, desde julio de 2018, a las recomendaciones sobre financiación y cambio climático promovidas por el Consejo de Estabilidad Financiera a través del TCFD (Task Force on Climate-related Financial Disclosure) y hemos sido una de las primeras entidades firmantes del Compromiso Colectivo de Acción Climática de Naciones Unidas, que se enmarca dentro de nuestra adhesión a los Principios de Banca Responsable, también de Naciones Unidas. En esta misma línea, nos hemos sumado a la llamada a la acción para un ‘Nuevo Acuerdo para Europa’ (A New Deal for Europe), en términos de sostenibilidad, que han suscrito 250 CEO de toda Europa. En el objetivo de todas estas alianzas subyace la necesidad de impulsar la transición hacia una economía baja en carbono, y una de las mejores maneras de conseguirlo para el sector financiero es a través de la inversión y la financiación sostenible. Nosotros creemos firmemente en ello.

El debate sobre la necesidad de impulsar un nuevo modelo de empresa, conectado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, tiene cada vez más visos de realidad. ¿Cómo entiende que debe ser el capitalismo del siglo XXI?

Cualquier empresa, sociedad o Gobierno debe guiarse por estos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que, al fin y al cabo, nos afectan a todos y representan el reto global del planeta donde vivimos. No podemos darles la espalda, porque aquella empresa que no sea consciente de su relevancia y su papel en el mercado no tendrá futuro. Hoy (y en el futuro irá a más) se exige y se piden otros atributos para estar en el mercado, no solo por el consumidor final, sino también por los propios profesionales que trabajan en las empresas. El talento quiere estar en aquellas compañías que tienen un fuerte compromiso con la sociedad. Por tanto, el capitalismo del siglo XXI debe ser un sistema económico solidario y con conciencia, en el que todos los agentes económicos seamos conscientes de que el objetivo permanente ha de ser la búsqueda de la sostenibilidad de la empresa, de la sociedad en la que opera y del conjunto del planeta. Yo soy un firme convencido de que la sostenibilidad de una empresa depende de que la sociedad, los ciudadanos, entiendan que sea útil para ellos. En este sentido, la Agenda 2030 y los ODS representan para Bankia, junto con los 10 principios del Pacto Mundial, los pilares en los que sustentamos nuestras políticas y nuestra estrategia de gestión responsable. Todas nuestras acciones siguen un riguroso Plan de Gestión Responsable que va alineado y en consonancia con el Plan Estratégico de la compañía. En él, las distintas direcciones del banco se comprometen a alcanzar una serie de metas que definen en su constitución y que se asientan en cinco ejes estratégicos para Bankia: la satisfacción y relación con el cliente, el desarrollo del talento y el compromiso de nuestros profesionales, el desarrollo sostenible y el impulso hacia una economía baja en carbono, el apoyo a la sociedad y un excelente gobierno corporativo con unos sólidos valores.

La desigualdad era un problema acuciante y esta crisis va a agudizar las brechas sociales: ¿Qué puede hacer la banca para democratizar el acceso al capital y mejorar la redistribución de la riqueza?


«Es necesario que el ingreso mínimo vital incluya estímulos para no desincentivar la vuelta al mercado de trabajo»

Efectivamente, cualquier crisis (ya lo vivimos en 2009-2012) agudiza las brechas sociales. Sin embargo, me gustaría recalcar que en España, el origen de la desigualdad no tiene el mismo origen que, por ejemplo, en Estados Unidos. Mientras que en Estados Unidos la desigualdad es producida, en mayor medida, porque un porcentaje pequeño de la población acumula cada vez más renta, en España la desigualdad se produce, principalmente, por nuestra elevada tasa de desempleo. Por lo tanto, creo que, en este sentido, debemos poner el foco en preservar y mejorar el empleo, los puestos de trabajo, y para ello es primordial apoyar a los empresarios y a los autónomos, porque son ellos los verdaderos generadores de empleo. De esta forma, conseguiremos en buena medida que no se agudicen las brechas sociales. En segundo lugar, y como decía antes, el desempleo está íntimamente relacionado con la educación. A medio y largo plazo debemos trabajar en mejorar la empleabilidad de nuestros ciudadanos. Dotarnos de un modelo sostenible de formación que esté ligado con las necesidades actuales y futuras del mercado laboral. Del mismo modo, la educación financiera es fundamental para trabajar los modelos de ahorro, de inversión, de emprendimiento y de justicia social, que van a ser vitales para relanzar la economía, y para que ganemos en igualdad y en cohesión social.

¿Qué está haciendo Bankia para ayudar a los trabajadores autónomos y a las pymes en estos momentos?

Insisto en que apoyar a las empresas es la mejor aportación que podemos hacer a los ciudadanos y a la economía española en general. Por ello, estamos financiando, dando liquidez, reestructurando, flexibilizando cobros y aportando cuanta solución es posible para que salgan adelante la gran mayoría de empresas y autónomos. Hemos concedido ya 6.600 millones de euros en créditos con aval ICO, de los que 5.000 millones están avalados por el Instituto de Crédito Oficial (ICO) en un total de 28.000 operaciones, de las que más de 26.600 son para pymes y autónomos. Pero el mundo no se acaba en los avales del ICO. Desde que empezó la crisis sanitaria, hemos puesto a disposición de las empresas financiación y liquidez por importe de 16.400 millones de euros. Y, además, en el primer trimestre pusimos otros 14.500 millones. Y también hemos puesto en marcha otras medidas, de menos calado económico, pero que han ayudado a miles de empresas que se han quedado sin ingresos porque estaban cerradas: hemos eximido del pago de comisiones a los TPV y hemos devuelto el dinero de los seguros de accidentes a los autónomos, entre otras medidas. En general, creo que la aportación del conjunto de la banca al sector empresarial español está siendo francamente notable, tanto en financiación con avales del ICO como en operaciones sin apoyo público. Prueba de ello es que en abril creció el crédito a empresas en tasa interanual por primera vez desde junio de 2009 y también que en España la banca ha concedido créditos con aval público por un equivalente al 4% del PIB, cifra similar a la de Francia, y muy superior al 1% de Alemania o al 2% de Italia.

¿Qué consecuencias cree que podría tener la derogación de la reforma laboral?

«En España la desigualdad se produce, principalmente, por nuestra elevada tasa de desempleo»

Lo primero, me parece fundamental que pongamos en valor la reforma laboral, que ha permitido crear 3,5 millones de puestos de trabajo en España desde 2013 y que ha dado acceso a 3,5 millones de trabajadores a la figura del ERTE en esta crisis. No me parece necesario, y menos en estos momentos, hacerle una enmienda a la totalidad. Por supuesto, puede mejorarse, y llegará el momento para ello. Y de cara a mejorar la legislación laboral que tenemos, me gustaría hacer dos consideraciones. La primera es que, debemos abordar reformas mirando hacia el futuro y no hacia el pasado. Nuestra referencia no ha de ser la situación del año 2011. No debemos volver atrás, ya que el mundo ha cambiado enormemente desde entonces. No podemos legislar basados en el pasado, sino que hemos de mirar hacia el futuro. En segundo lugar, esta reforma ha de hacerse en el marco del diálogo social, que en España ha dado muchos frutos porque los empresarios y los sindicatos tienen una capacidad muy notable de llegar a acuerdos. Además, debe analizarse con calma y teniendo muy en cuenta la trascendencia de la seguridad jurídica para atraer inversión nacional e internacional, absolutamente necesarias para salir de esta crisis y retornar a la senda de crecimiento económico.

¿Qué opina sobre el ingreso mínimo vital que ha diseñado el Gobierno?

Desde el inicio de esta crisis me he manifestado a favor de que se implantara una renta básica para que nadie que haya perdido su renta quedara desprotegido en una situación tan delicada como la que estamos viviendo. En el corto plazo, sin embargo, tenía mis dudas de que, en medio de la crisis y diseñada a gran velocidad, fueran el momento y la fórmula adecuadas para implantarla de forma estructural. Pero, una vez que está presentada, debemos lograr que esta renta sea técnicamente impecable. Y, para ello, es necesario que incluya estímulos para no desincentivar la vuelta al mercado de trabajo ni el paso a la economía sumergida; que el Estado esté muy coordinado con los ayuntamientos y las comunidades autónomas, que se incluyan políticas activas de empleo y formación, y, sobre todo, que se analicen constantemente los resultados para poder ir ajustando lo que no funciona.

¿Cómo cree que va a cambiar la cultura del trabajo tras el confinamiento?

Esta situación que hemos vivido ha sido un examen sorpresa de digitalización para todos. No solo hemos cambiado la forma de trabajar, sino que teletrabajando hemos cambiado el catálogo de productos que ofrecemos en el banco y, en muchos casos, la forma de prestar los servicios. En este periodo, se ha demostrado de nuevo que la capacidad de adaptación, la responsabilidad y el compromiso de los profesionales de Bankia son totalmente extraordinarios. Se trata de un cambio cultural inmenso, que también es cierto que ha podido producirse porque estamos en una situación de estrés. El teletrabajo ha pasado de ser un concepto a ser una realidad en las empresas, y a partir de ahora vamos a ser más eficientes y seguramente vamos a avanzar en conciliación y en flexibilidad. El trabajo estará más basado en objetivos y en eficacia y productividad personal. Además, aumentará la delegación, la confianza en los profesionales y la autonomía de cada uno. No obstante, yo creo profundamente en el valor de lo presencial y, efectivamente, iremos a un híbrido entre lo remoto y lo presencial, pero el contacto personal seguirá siendo decisivo.

Durante esta emergencia se ha evidenciado la necesidad de proteger nuestro estado del bienestar. ¿Cómo puede la colaboración público-privada ayudar a fortalecerlo?

«Esta situación que hemos vivido ha sido un examen sorpresa de digitalización para todos: ahora vamos a ser más eficientes y vamos a avanzar en conciliación»

La principal colaboración que podemos hacer las empresas con la sociedad y, por tanto, con el estado del bienestar, es hacer bien las cosas. Si tenemos buenos resultados de nuestra actividad, generaremos empleo y, por tanto, aportaremos recursos para financiarlo. Como decía anteriormente, me parece muy relevante que el estado del bienestar perviva en el futuro. Y para hacer bien las cosas se debe potenciar la gestión responsable de las empresas. Tener una mirada, un barniz y un proceso transversal responsable en todas las empresas hará que se alineen sus objetivos con los públicos y, por extensión, con los de la sociedad en sí misma. La respuesta de la empresa privada en situaciones de emergencia puede ir enfocada a la toma de decisiones que afectan a su vertiente productiva y a su negocio concreto. Pero, como medida de responsabilidad social, esta respuesta debe ir unida a medidas basadas en los valores y en las necesidades públicas. Cuando una empresa se pone la palabra «servicio» como meta, hará mejor su trabajo, su esfuerzo será más rentable, al igual que su aportación a la sociedad. En esta crisis, hemos visto que las medidas de colaboración público-privada tienen resultados muy buenos. Prueba de ello son, por ejemplo, los créditos con avales ICO, en los que son los bancos privados los que hacen el desembolso de la financiación, a la vez que el riesgo es compartido entre estos y la institución pública. Otro ejemplo de la utilidad de esta colaboración es el Fondo Social de Vivienda (FSV) creado en 2013 con viviendas aportadas por los bancos para dar asistencia a las familias más vulnerables mediante alquileres reducidos. En la actualidad, cuenta con cerca de 4.000 contratos de viviendas cedidas por Bankia en alquiler social. Para agilizar la concesión de estas viviendas, mantenemos acuerdos con las comunidades autónomas de Madrid, Castilla-La Mancha, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana y La Rioja. Además, a la hora de plantear soluciones para salir de la encrucijada en la que nos encontramos, es imprescindible que las instituciones públicas escuchen a las privadas porque son ellas las que están en el día, conocen los problemas y pueden aportar diferentes salidas. Pero quizá en el ámbito en el que más intensa debe ser la colaboración público-privada es en el ámbito de la formación, la educación y el empleo. La oferta de formación ha de equipararse a las demandas del mercado de trabajo. En nuestro caso, la Fundación Bankia por la Formación Dual está canalizando ahí sus esfuerzos, para hacer coincidir la oferta formativa con las necesidades de las empresas, y estamos consiguiendo resultados muy esperanzadores. Estamos convencidos de que de esta forma podemos mejorar la sociedad en la que convivimos, luchar contra la exclusión social y avanzar en la reducción de las desigualdades. Y desde un punto de vista más asistencial, no podemos olvidarnos del apoyo al tercer sector, al que muchas compañías facilitan la posibilidad de llevar a cabo proyectos de formación y empleabilidad para los más vulnerables, asistencia a personas con diferentes capacidades y mayores, respiro familiar y conciliación… en definitiva, colaboraciones que se hacen más palpables en situaciones críticas como la actual y en las que el tándem público-privado es trascendental.

¿Qué opina sobre el papel que está teniendo Europa y el Banco Central Europeo? ¿Esta crisis fortalecerá o debilitará el proyecto europeo?

Debemos poner muy en valor las aportaciones que están haciendo la Unión Europea y el BCE en esta crisis. Están dando pasos muy importantes y movilizando una gran cantidad de recursos para ayudar a enfrentarnos a la crisis, tanto ahora como en los próximos meses y años. No me imagino cómo hubiera sido enfrentarse a esta situación sin contar con el apoyo de la Unión. La función del BCE está siendo fundamental. Desde el primer momento ha dejado claro que está dispuesto a hacer cualquier cosa y a poner encima de la mesa cualquier medida con tal de parar los desastrosos efectos que podría tener esta crisis. Ya ha elevado hasta 1,35 billones su Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP) y lo ha ampliado hasta junio de 2021. Esta iniciativa nos está permitiendo a los países financiarnos sin problemas y lo seguirá permitiendo durante los próximos trimestres. La Comisión Europea anunció recientemente un ambicioso plan de 750.000 millones, que se distribuirán a los países en forma de subvenciones (500.000 millones) y en forma de préstamos (250.000 millones). Vamos a ver cómo se materializa, ya que es todavía una propuesta, pero suena muy bien y mucho mejor de lo que esperábamos. Además, se trataría de un primer paso hacia una mayor consolidación fiscal, algo que en los últimos años había provocado grandísimas reticencias por parte de la mayoría de los países, sobre todo del norte de Europa. De esta cuantía, a España podrían corresponderle 140.000 millones, de los cuales 77.000 millones serían en forma de subvención y otros 63.000 millones serían préstamos a devolver. Pero quizá lo más relevante de todo esto es que España será el principal receptor en términos netos, es decir, la diferencia entre lo que vamos a aportar y vamos a recibir, con un total de 82.200 millones. Con independencia de si estas cuantías vienen con o sin condiciones, que seguro que tendrá algo de condicionalidad sobre cómo se invierte, nosotros tenemos que hacer nuestros deberes en España y volver a nuestra senda de estabilidad presupuestaria en cuanto sea posible. La Unión Europea ha demostrado hasta ahora que realiza los mayores avances en los momentos de más tensión, cuando está frente al abismo, y creo que en esta ocasión va a suceder algo similar. Así que sí confío en que fortalezca el proyecto europeo.

«La banca pública me parece un gran error. Las entidades financieras han de gestionarse de forma profesional y con independencia»

¿Cree que la crisis del coronavirus puede entorpecer el proceso de privatización de Bankia? ¿Qué le diría a quiénes apuestan por nacionalizar el banco? 

A los precios actuales y en la actual coyuntura, efectivamente, no parece que sea el mejor momento para la privatización. En cualquier caso, es una decisión que tiene que tomar el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob), que es nuestro accionista principal. Actualmente, el marco temporal definido por el Gobierno es que la privatización se produzca antes de finales del año 2021. Ya veremos, todavía hay tiempo. Sobre la nacionalización del banco, he manifestado en muchos foros, incluido el Congreso de los Diputados, que la banca pública me parece un gran error. Estoy firmemente convencido de que las entidades financieras no deben usarse como herramienta de política económica, y que han de gestionarse de forma profesional, por expertos, y con independencia. Bankia es el mejor ejemplo de adónde nos condujo no hacerlo así. Y, además, me parece que en este momento el Estado tiene otras urgencias mayores a las que dedicar su presupuesto antes que a comprar acciones de Bankia. Esto no quiere decir que no haya espacio para otro tipo de entidades públicas que lo hacen magníficamente bien, como por ejemplo el ICO en España o el Banco Europeo de Inversiones (BEI) a nivel europeo. Pero hay que tener claro que estas instituciones no son bancos comerciales, a diferencia de Bankia. Bankia es un banco gestionado con criterios absolutamente profesionales en la actualidad y en este momento está siendo parte de la solución y no es una parte del problema.

Pablo Blázquez, artículo original Ethic

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