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¿Hay maneras de evitar el fin del mundo?

Por Leonardo Boff · 25 abril, 2023 · 12:20 p. m. · 5 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
¿Hay maneras de evitar el fin del mundo?
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El ser humano se mueve por la esperanza y se presenta como un ser utópico, es decir, como un proyecto infinito. Siempre podrá escoger un camino de salvación, pues el deseo de más y mejor vida prevalece sobre el deseo de muerte. 

En todas las épocas, desde las más antiguas, como por ejemplo cuando se inventó el fuego, han surgido imágenes del fin del mundo. De pronto el fuego podría quemar todo. Pero los seres humanos consiguieron domesticar los peligros y evitar o postergar el fin del mundo. En la actualidad no es diferente. Pero nuestra situación tiene una singularidad: de hecho, no imaginariamente, podemos efectivamente destruir toda la vida visible, tal como la conocemos. Hemos construido el principio de autodestrucción con armas nucleares, químicas y biológicas que, activadas, puede eliminar la vida visible sobre la Tierra, salvaguardados los microorganismos que por quintillones de quintillones se ocultan debajo del suelo. 

 ¿Ante este eventual Armagedón ecológico qué podemos hacer? Sabemos que cada año millares de especies de seres vivos, llegados a su clímax, desaparecen para siempre, después de haber vivido millones y millones de años en este planeta. La desaparición de muchos de ellos está causada por los comportamientos voraces de una porción de la humanidad que vive un super-consumismo y se encoge de hombros ante los eventuales desastres ecológicos. 

 ¿Nos habrá llegado el turno de ser eliminados de la faz de la Tierra, ya sea por nuestra irresponsabilidad o porque ocupamos casi todo el espacio terrestre de forma no amigable sino agresiva? ¿No habríamos creado de esta forma las condiciones de no retorno y de ahí nuestra desaparición? 

 Todo el planeta, afirman algunos microbiólogos (Lynn Margulis/Dorion Sagan), sería una especie de “cápsula de Petri”: son dos placas que contienen bacterias y nutrientes. Al percibir el agotamiento de estos, ellas se multiplican furiosamente y, de repente, mueren todas. ¿No sería la Tierra una cápsula de Petri y nuestro destino semejante al de estas bacterias? 

 En efecto, los humanos ocupamos el 83% del planeta, agotamos casi todos los nutrientes no renovables (the Earth Overshoot), la población ha crecido en el último siglo y medio de forma exponencial y así entraríamos en la lógica de las bacterias de la “cápsula de Petri”. ¿Iríamos fatalmente al encuentro de un fin semejante? 

 Como somos portadores de inteligencia y de medios técnicos además de valores ligados al cuidado de la vida y de su preservación, ¿no tendríamos condiciones de “retrasar el fin del mundo” (en la expresión del líder indígena Ailton Krenak) o de “escapar del fin del mundo,” expresión usada por mi? No olvidemos la seria advertencia del Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti (2021): “estamos todos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie” (n.32). Tenemos que cambiar, en caso contrario vamos al encuentro de un desastre ecológico-social sin precedentes

 Agrego algunas reflexiones que apuntan hacia una posible salvaguarda de nuestro destino, de la vida y de nuestra civilización. Nos parece esperanzadora esta reciente afirmación de Edgar Morin: 

 “La historia ha mostrado varias veces que el surgimiento de lo inesperado y la aparición de lo improbable son plausibles y pueden cambiar el rumbo de los acontecimientos”. Creemos que ambos –lo inesperado y lo plausible– son posibles. La humanidad ha pasado por varias crisis de gran magnitud y siempre consiguió salir y de forma mejor. ¿Por qué ahora sería diferente? 

 Además, existe en nosotros aquello que fue recogido por el Papa en la referida encíclica: “os invito a la esperanza que nos habla de una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y de los condicionamientos históricos en que vive” (n.55). Ese principio esperanza (Ernst Bloch) es fuente de innovaciones, nuevas utopías y prácticas salvadoras.  

 El ser humano se mueve por la esperanza y se presenta como un ser utópico, es decir, como un proyecto infinito. Siempre podrá escoger un camino de salvación, pues el deseo de más y mejor vida prevalece sobre el deseo de muerte. 

 Generalmente, lo nuevo posee la naturaleza de una semilla: comienza en pequeños grupos, pero carga la vitalidad y el futuro de toda semilla. De ella brota lentamente lo nuevo hasta ganar sostenibilidad e inaugurar una nueva etapa del experimento humano.

En el mundo están actuando por todas partes los nuevos Noés, construyendo sus arcas salvadoras, o sea, ensayando una nueva economía ecológica, la producción orgánica, formas solidarias de producción y de consumo y un nuevo tipo de democracia popular, participativa y ecológico-social.  

Son semillas, portadoras de un futuro de esperanza. Ellas podrán garantizar una forma nueva de habitar la Casa Común, cuidando de ella, con todos los ecosistemas incluidos, viviendo, quien sabe, el sueño andino del bien vivir y convivir o la biocivilización del Papa Francisco. 

Ecoportal.net

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Leonardo Boff (* 1938) recibió un doctorado en teología de la Universidad de Munich. Fue profesor de teología sistemática y ecuménica con los franciscanos en Petrópolis y más tarde profesor de ética, filosofía de la religión y ecología filosófica en la Universidad Estatal de Río de Janeiro. Es uno de los iniciadores de la teología de la liberación. Es asesor de movimientos populares. Conocido como profesor y conferencista en el país y en el extranjero en las áreas de teología, filosofía, ética, espiritualidad y ecología. En 1985, fue condenado a un año de obsequioso silencio por el ex Santo Oficio, por sus tesis en el libro Igreja: carisma e Poder (Record). A partir de la década de los 80 comienza a profundizar en la cuestión ecológica como extensión de la teología de la liberación, porque no solo debe escucharse el clamor de los oprimidos, sino también el clamor de la Tierra porque ambos deben ser liberados. Como resultado de este compromiso, participó en la redacción de la Carta de la Tierra junto con M.Gorbachev, S. Rockfeller y otros. Ha escrito varios libros y recibido varios premios. Destacamos algunos títulos: Ecología: Ecología, Mundialización, Espiritualidad (Registro), Civilización planetaria (Sextante), La voz del arco iris (Sextante), Saber cuidar (Voces), Ética y eco-espiritualidad (Verus), Hombre: satanás o ángel bueno (Registro), Evangelio del Cristo cósmico (Registro); Del iceberg al Arca de Noé (Sextante); Opción de tierra. La solución de la Tierra no cae del cielo (Sextante); Proteger la Tierra - cuidar la vida Cómo evitar el fin del mundo (Record); Ecología: el grito de la Tierra, Grito de los pobres (Sextante) por el que recibió el premio Sergio Buarque de Holanda como mejor ensayo social de 1994 y en 1997 en Estados Unidos fue considerado uno de los tres libros publicados ese año que más favoreció el diálogo entre ciencia y religión. . Junto con Mark Hathaway escribió en Estados Unidos The Tao of Liberation. Explorando el Ecogoy de la Transformación con el Prefacio de Fritjof Capra, ganando la Medalla de Oro de la Institución Nautilus por Creatividad Intelectual y el Primer Lugar en Libro Religioso del Año. Recibió los títulos de doctor honoris causa en política de la Universidad de Turín en 1991, doctor honoris causa en teología de la Universidad de Lund (Suecia) en 1992 y doctor honoris causa en teología, ecumenismo, derechos humanos, ecología y entendimiento entre los pueblos por los Colegios EST de São Leopoldo en 2008 y el dr. horis de la Cátedra del Água de la Universidad de Rosario en Argentina en 2010. En 2008 de la Universidad de San Carlos en Guatemala y la Universidad de Cuenca en Ecuador, recibió el título de Profesor Honorario. Fue asesor de la Presidencia de la Asamblea de la ONU durante la administración de Miguel d'Escoto Brockmann (2008-2009) y actualmente participa en el grupo de reforma de la ONU, especialmente en lo que respecta a la Declaración Universal del Bien Común de la Tierra y la Humanidad.

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