Los ecosistemas y las comunidades de Carolina del Norte se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad. Hoy, 6 de abril, el Servicio Forestal de Carolina del Norte (N.C. Forest Service) ha confirmado que la prohibición de quema al aire libre sigue vigente para los 100 condados que forman parte de su territorio. Esta severa prohibición, que estuvo en funcionamiento el pasado sábado 28 de marzo, se realizó en respuesta a una combinación fatal que implicaba sequía extrema y pronósticos meteorológicos adversos, así como a la máxima acumulación desde hace décadas de material combustible en las zonas montañosas.
Un polvorín natural: Sequía y acumulación de combustible
La decisión de cerrar el estado a cualquier tipo de fuego exterior no ha sido casual. El Comisionado de Agricultura, Steve Troxler, ha sido muy claro a la hora de hacer notar que la gravedad que ya empieza a tener la sequía en todo el estado sumada a la escasa lluvia hace que sea «crítico reducir el número de nuevos focos de incendio». Los expertos forestales advierten que los combustibles vegetales se secan con gran rapidez y que hacen del paisaje un espacio muy inflamable.
Esto es particularmente preocupante sobre todo en el caso de las zonas montañosas, donde la carga de combustible es muy elevada (hay mucha arboleda muerta, muchos residuos de árboles y una gran cantidad de ramas muertas, etc.). En virtud de la ley de Carolina del Norte, esta prohibición es absoluta, siendo además meramente declarativa y obviando cualquier tipo de permiso que se hubiese otorgado previamente a la crisis. Las autoridades forestales han reafirmado que la única prioridad es la seguridad pública y la protección de los recursos naturales antes de una amenaza que podría desbordar la capacidad de respuesta local.
Restricciones drásticas: De hogueras a fuegos artificiales
La prohibición de quemas al aire libre es una limitación global que interfiere con muchas de las actividades diarias o de las actividades de esparcimiento. La «quema abierta» es una forma de eliminación de hojas, ramas o alguna otra parte de la vegetación. Recordemos que quemar basura, neumáticos, plásticos o madera tratada es ilegal y queda prohibido en cualquier caso, pero frente a esta alerta, incluso hasta las maneras de deshacerse del material vegetal quedan restringidas.
Las restricciones concretas son las siguientes:
Hogueras o fogatas: No se permite, de ningún modo, ni en campings. Se puede utilizar estufas de gas portátiles o parrillas para cocinar.
Fuegos artificiales: La utilización de fuegos artificiales y todos los artefactos pirotécnicos queda completamente prohibida en los 100 condados que quedan bajo dicha alerta.
Chimeneas o pozos de fuego: Por estar a una distancia mayor de 100 pies (30 metros aproximadamente) de una vivienda ocupada, estos últimos se asimilan a situaciones de hoguera abierta y quedan prohibidos.
Dentro del radio de los 100 pies de una vivienda, la autoridad queda en manos de los mariscales de bomberos locales, a los que se les ha insistido fuertemente para que funcionen como una unidad de acción con sus propias restricciones para hacer frente a los fuegos.
Repercusiones legales y control intensivo
Cumplir con esta norma no es opcional. El Servicio Forestal, respaldado por los departamentos de bomberos de localidades y fuerzas del orden, lleva a cabo el patrullaje para garantizar que se siga la norma. Las personas que violen la prohibición de quema, arriesgan 100 dólares y 183 dólares en costos judiciales.
Las autoridades solicitan a los ciudadanos de Carolina del Norte mencionar mediante el 911 cualquier columna de humo o a quien esté efectuando actividad de quemado irregular de inmediato. En este momento de «alerta roja», la vigilancia ciudadana y la responsabilidad individual son las únicas herramientas capaces de evitar que Carolina del Norte sufra una catástrofe ambiental irreparable.
