Una foto un poco borrosa y tomada desde atrás puede ser el comienzo de una búsqueda científica emocionante.
En 2008, una cámara capturó la imagen de un mono oscuro en el corazón de la selva del Congo.
Nadie conocía la especie a la que pertenecía, pero un color extraño en su cara hizo que los investigadores se preguntaran qué podría ser.
Lo que comenzó con aquella imagen terminó convirtiéndose en una investigación que se extendió durante 18 años.
Después de reunir fotografías, grabaciones, muestras genéticas y otras evidencias, los científicos descubrieron algo sorprendente: estaban ante una especie de primate que la ciencia todavía no había descrito.
¿Cómo logró este mono mantenerse fuera del conocimiento científico durante tanto tiempo?
Un mono que ningún investigador pudo identificar correctamente
Ese primer vistazo en la selva del Congo fue muy extraño.
La foto mostraba a un animal escondido entre las hojas y tomado principalmente desde atrás. Pero algunos rasgos no coincidían del todo con los monos que los investigadores conocían.
Como los libros no ayudaban, el experto en monos Junior Amboko y su equipo decidieron preguntar a la gente que conoce muy bien la selva.
Visitaron más de cincuenta aldeas alrededor del Parque Nacional de Lomami y enseñaron imágenes del animal.
La mayoría no sabía qué era, hasta que hablaron con cazadores Balanga.
Ellos lo reconocieron y lo llamaron «likweli», aunque explicaron que encontrar uno era muy raro.
Con esta información, los científicos sabían que tenían algo importante entre manos, pero una fotografía y algunos testimonios no eran suficientes para demostrar que se trataba de una especie diferente.
Durante los años siguientes comenzaron a reunir las piezas necesarias para resolver el misterio.
Hicieron expediciones largas y duras, algunas de ellas acampando durante semanas en la selva. Tomaron fotografías, grabaron los sonidos de los animales, recogieron muestras genéticas y estudiaron pieles y cráneos confiscados a cazadores.
Después de años de observaciones y análisis, las distintas pruebas comenzaron a apuntar hacia la misma dirección.
El animal que había despertado tantas dudas en 2008 era una especie nueva para la ciencia.
Sus labios naranjas, rugidos y bufidos confirmaron que no era otro colobo conocido
El análisis detallado de los animales observados mostró una combinación de rasgos físicos que permitía diferenciarlos de otros colobos conocidos.
El likweli tiene un pelaje negro brillante que se destaca por una mancha de color crema anaranjado alrededor de la boca y la nariz.
Sus pómulos tienen una piel gris que parece una máscara. También presenta un parche de pelo blanco en la parte posterior.
Además de su apariencia, había otra pista importante.
Sus sonidos incluyen rugidos profundos y bufidos característicos que ayudaron a los investigadores a distinguirlo de otros primates.
Pero todavía faltaba una prueba fundamental.
Según datos difundidos por la Yale University los análisis genéticos y anatómicos terminaron de confirmar la historia evolutiva del animal.
La nueva especie, bautizada científicamente como Colobus congoensis, pertenece a un linaje que se habría separado del de su pariente vivo más cercano, Colobus satanas, hace entre 3,4 y 5,8 millones de años.
Lo más llamativo es que sus parientes genéticos más próximos viven a más de mil kilómetros de distancia, separados por enormes extensiones de selva africana.
Una especie que podría desaparecer poco después de recibir nombre
Encontrar una especie de mono desconocida para la ciencia en pleno siglo XXI es una gran noticia.

Pero la alegría del descubrimiento viene acompañada de un problema.
El likweli vive en una pequeña zona de selva de aproximadamente 1700 kilómetros cuadrados, entre dos grandes ríos de la República Democrática del Congo.
Su territorio es tan reducido que cualquier amenaza puede tener un impacto importante.
La caza para obtener carne y la pérdida de hábitat se encuentran entre los peligros que podrían afectar a la especie.
Por eso, los investigadores proponen que el likweli sea clasificado como una especie amenazada y consideran necesario trabajar junto con las comunidades de la zona para proteger su hábitat.
La historia comenzó en 2008 con una fotografía que nadie podía explicar.
Durante 18 años, los investigadores reunieron pistas hasta demostrar que aquel mono era diferente de todos los colobos conocidos.
Ahora comienza otra tarea que puede ser todavía más difícil: conseguir que una especie que tardó tanto tiempo en recibir un nombre no desaparezca poco después de que la ciencia descubriera que estaba allí.
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