En algunas zonas de Carolina del Norte está pasando algo bastante extraño.
Los árboles se están muriendo, pero nadie los está talando.
Simplemente se secan y quedan de pie, sin hojas, formando paisajes que parecen cementerios de árboles.
Y aunque parezca difícil de creer, el problema viene del agua.
Pero no del agua dulce, sino de la salada.
A medida que el nivel del mar sube, el agua salada comienza a llegar a lugares donde antes crecían árboles sin problemas.
Y muchos no consiguen sobrevivir.
Un estudio encontró que una región costera de Carolina del Norte perdió alrededor del 21 % de sus bosques entre 1985 y 2021.
Estamos hablando de más de 159 000 acres.
Pero ¿cómo puede el agua del mar terminar matando un bosque?
Cómo es posible que el agua se transforme en un peligro
Todo comienza cuando el agua salada empieza a avanzar tierra adentro.
A veces lo hace por la superficie, pero también puede filtrarse por el suelo y llegar hasta las raíces.
El problema es que muchos de estos árboles necesitan agua dulce para vivir.
Cuando la tierra se vuelve demasiado salada, les cuesta absorber el agua que necesitan.
Y poco a poco comienzan a debilitarse.
Primero pueden perder sus hojas. Después, algunas ramas se secan y, con el tiempo, el árbol termina muriendo.
Lo curioso es que muchos troncos no se caen enseguida.
Pueden permanecer de pie durante años, aunque el árbol ya esté muerto.
De ahí viene el nombre de bosques fantasma.
Pero el aumento del nivel del mar no fue lo único que afectó a esta región
Entre 2007 y 2011 hubo una sequía bastante intensa.
Al haber menos agua dulce, la sal que llegaba desde el mar tenía más posibilidades de acumularse en el suelo.
Y en 2011 ocurrió algo que empeoró la situación.
Llegó el huracán Irene.
La tormenta empujó agua salada hacia el interior y afectó zonas donde ya había árboles debilitados.
Así que se juntaron varios problemas: la sequía, las tormentas y un mar que sigue subiendo.
Para muchos árboles fue demasiado.
Incluso en algunas áreas protegidas, el paisaje comenzó a cambiar.
Donde antes había bosques verdes, ahora aparecen marismas, matorrales y árboles secos que siguen de pie.
Una transformación que va cada vez más rápido
Lo que sorprendió a los investigadores no fue solamente encontrar tantos árboles muertos.
También descubrieron que el cambio se estaba acelerando.
Según un estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, después de 2010 la transformación de estos bosques avanzó mucho más rápido.
Y los números ayudan a entenderlo.
Es decir, en solo 11 años cambió una superficie mayor que durante los 25 años anteriores.
Si miramos todo el período, entre 1985 y 2021, la región perdió unas 159 000 acres de bosque.
De ellas, más de 98 000 acres terminaron convertidas en marismas, matorrales o bosques fantasma.
Y hay un detalle importante.
El agua salada no afecta únicamente a los árboles que están justo al lado del mar.
También puede avanzar por el suelo y los cursos de agua hasta llegar a lugares más alejados de la costa.
Por eso, algunos bosques pueden empezar a deteriorarse aunque el océano no esté a la vista.
Ojos en el espacio para entender el futuro de la costa
Ahora bien, ¿cómo pudieron los científicos saber cuánto bosque había desaparecido durante tantos años?
No podían recorrer toda la región contando árboles uno por uno.
Así que utilizaron imágenes de satélites.
Reunieron registros de Landsat y Sentinel-2 para comparar cómo era el paisaje en distintos momentos.
También utilizaron inteligencia artificial para analizar las imágenes y reconocer qué zonas seguían cubiertas de bosques y cuáles habían cambiado.
De esa manera pudieron observar algo que, desde el suelo, sería mucho más difícil de medir.
Los bosques fantasma estaban ocupando cada vez más terreno.
Entre 2010 y 2021, la superficie que pasó a ser bosque fantasma aumentó unas 2,5 veces más que entre 1985 y 2010.
Esto no quiere decir que todos los árboles estén muriendo 2,5 veces más rápido. Lo que aumentó fue la superficie transformada en esos paisajes de árboles muertos.
Y el problema no termina ahí
Cuando un bosque desaparece, el terreno puede terminar cubierto por vegetación de marisma o matorrales.
Si la salinidad se mantiene, que vuelvan a crecer los mismos árboles puede ser muy difícil.
Por eso, los investigadores siguen atentos a lo que muestran las imágenes satelitales.
Les permiten ver dónde están ocurriendo estos cambios y qué zonas podrían verse afectadas en el futuro.
Lo que está pasando en Carolina del Norte deja una imagen difícil de olvidar.
Árboles que siguen de pie, pero que llevan años muertos.
Y todo porque el agua salada comenzó a llegar a lugares donde antes no llegaba.
Puedes revisar el estudio completo en: Tajudeen, T. T., Ardon, M., Tulbure, M., & Martin, K. L. (2026). Mapping coastal forest retreat using convolutional neural networks and different satellite imagery. PLOS ONE, 21, e0357346. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0357346
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