¿Aceptarías pagar una tarifa cada vez que entras al centro de tu ciudad si eso ayudara a tener un aire más limpio?
En Nueva York decidieron poner a prueba esta idea y los datos del primer año muestran un cambio importante.
El peaje para ingresar al sur de Manhattan no solo ayudó a reducir el tráfico. Un estudio también lo relacionó con una disminución aproximada del 13 % en la concentración de partículas contaminantes PM2,5.
Pero ¿cómo comprobaron que el aire había mejorado y que no se trataba simplemente de un cambio en el clima?
Menos congestión de autos en las calles de la isla
La medida comenzó a funcionar el 5 de enero de 2025 y la idea era bastante sencilla.
Los vehículos que ingresan a la zona tarifada de Manhattan, al sur de la calle 60, deben pagar un peaje según las condiciones y excepciones establecidas.
El objetivo era enfrentar dos problemas.
Por un lado, reducir los embotellamientos que complican la circulación por Manhattan. Por otro, recaudar fondos para mejorar el transporte público que utilizan millones de personas.
Y durante el primer año comenzaron a observarse cambios en el tránsito.
Miles de vehículos dejaron de ingresar diariamente a la zona, aunque la reducción varió según el período y los accesos analizados.
Algunos conductores cambiaron sus recorridos y otros optaron por utilizar el transporte público.
Pero había una pregunta que todavía necesitaba respuesta.
¿Menos autos en las calles significaba también menos contaminación?
Una caída real en la contaminación por partículas finas
Para comprobarlo, los investigadores del Observatorio Terrestre Lamont de la Universidad de Columbia, analizaron los datos de 15 estaciones de monitoreo de la calidad del aire.
Y tuvieron que considerar algo importante.
La contaminación no depende solamente de cuántos vehículos circulan.
También puede cambiar por el viento, las lluvias, la temperatura y otros factores que afectan la concentración de partículas en el aire.
Por eso, los científicos ajustaron sus resultados teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas y las tendencias regionales.
¿Y qué encontraron?
Durante el primer año del peaje, la concentración de partículas finas PM2,5 dentro de la zona tarifada fue aproximadamente un 13 % menor de lo que se habría esperado sin la medida, según las estimaciones del estudio.
Estas partículas son tan pequeñas que pueden ingresar profundamente en los pulmones.
Y una exposición elevada se relaciona con distintos problemas respiratorios y cardiovasculares.
Pero el estudio también buscó responder otra preocupación
¿Qué pasaría si los conductores comenzaban a utilizar rutas alternativas para evitar el peaje?
Algunos vecinos temían que eso trasladara parte de la contaminación hacia zonas como el Bronx o Queens.
Sin embargo, los investigadores no encontraron aumentos estadísticamente significativos de PM2,5 en las áreas cercanas que analizaron.
Eso no significa que la contaminación haya desaparecido ni que todas las calles de Nueva York hayan mejorado por igual.
Pero los resultados sugieren que la medida contribuyó a reducir las partículas finas en la zona donde se aplica el peaje.
Lo que falta saber sobre el impacto en la salud de los vecinos
Que haya menos partículas PM2,5 en el aire es una buena noticia.
Sobre todo porque la exposición a este tipo de contaminación está relacionada con enfermedades respiratorias y problemas del corazón.
Sin embargo, hay una diferencia entre medir la calidad del aire y comprobar que la salud de las personas mejoró.
Y este estudio se concentró en lo primero.
Los investigadores no analizaron si los residentes tuvieron menos ataques de asma, menos problemas cardíacos o si disminuyeron las visitas a las salas de emergencia.
Para saberlo, harían falta investigaciones específicas que siguieran esos indicadores durante más tiempo.
Tampoco se puede asegurar que cualquier cambio futuro en la salud de los habitantes se deba únicamente al peaje.
Pero los datos del primer año dejan algo interesante
Una medida que comenzó como una forma de reducir la congestión también estuvo relacionada con una mejora medible en la calidad del aire.
Y eso puede servir como referencia para otras ciudades que enfrentan problemas similares.
Por ahora, Nueva York tiene una primera señal de que cobrar por ingresar a una zona muy transitada puede ayudar a reducir la contaminación.
Lo que todavía falta comprobar es si, con el paso de los años, esa mejora también se traduce en menos problemas de salud para quienes viven y trabajan en Manhattan.
Puedes revisar la investigación completa en: Goldberg, P. M., Anand, A., Goldberg, D. L., & Westervelt, D. M. (2026). Attributing PM₂.₅ and NO₂ changes one year after New York City’s congestion pricing policy. Environmental Science & Technology Letters. https://doi.org/10.1021/acs.estlett.6c00610
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