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Los míticos géiseres de Yellowstone podrían quedarse en silencio durante décadas si la nieve que los alimenta sigue desapareciendo por el calentamiento global y los sedimentos de 15,000 años ya registraron ese apagón antes

Por Daniel García · 15 septiembre, 2026 · 9:55 p. m. · 6 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Los míticos géiseres de Yellowstone podrían quedarse en silencio durante décadas si la nieve que los alimenta sigue desapareciendo por el calentamiento global y los sedimentos de 15,000 años ya registraron ese apagón antes
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Géiseres de Yellowstone: la nieve que los alimenta podría silenciarlos por décadas

Cada año, miles de visitantes se acomodan frente al Old Faithful y esperan. Pocos saben que ese chorro de agua depende, más que del calor volcánico bajo sus pies, de la nieve que cae en invierno sobre el plateau.

Un nuevo estudio —el más extenso jamás realizado sobre este sistema— sugiere que ese espectáculo ya se apagó antes. Una sequía medieval prolongada silenció al Old Faithful desde mediados del siglo XIII hasta mediados del XIV. Ahora, con 15,000 años de sedimentos como testigos, los investigadores advierten que el calentamiento climático podría repetir ese escenario.

Un archivo de barro bajo lagos poco profundos

El equipo de Cathy Whitlock, profesora de ciencias de la Tierra en la Universidad Estatal de Montana, extrajo núcleos de sedimento de cinco lagos pequeños en la Cuenca Inferior de Géiseres, la mayor área termal del parque. El caso más ilustrativo es el lago Rush: apenas 70 centímetros de agua cubren más de siete metros de lodo acumulado a lo largo de milenios.

Cada capa de ese lodo guarda varios registros simultáneos. El polen muestra qué plantas crecían; el carbón vegetal revela qué había ardido. Las conchas de algas unicelulares registran temperatura y concentración de nutrientes. El arsénico y el cesio —elementos concentrados en el agua termal de Yellowstone— indican cuánta de esa agua llegó al lago en cada época.

Fechar las capas resultó más difícil de lo habitual. El agua termal introduce carbono antiguo en los sedimentos, distorsionando las fechas del carbono radiactivo. El equipo resolvió el problema usando dos capas de ceniza volcánica como anclas temporales: una del Pico Glacier, de hace aproximadamente 13,500 años, y otra del Monte Mazama, de hace unos 7,600 años.

Los géiseres corren con agua de nieve, no de magma

El calor que impulsa los géiseres viene del magma, pero el agua tiene otro origen. La nieve invernal se derrite, se filtra al subsuelo y se calienta al atravesar roca fracturada antes de volver a la superficie. El suministro de agua de un géiser depende directamente de cuánta nieve cayó la temporada anterior.

Yellowstone alberga más de 10,000 fuentes termales, fumarolas y géiseres —el mayor sistema de este tipo en la corteza continental del planeta, distribuido sobre unos 17,000 kilómetros cuadrados de campo volcánico.

Los sedimentos dejan esa relación muy clara. Durante la sequía medieval, desde mediados del siglo XIII hasta mediados del XIV, el Old Faithful dejó de erupcionar por completo. Sequías posteriores también silenciaron al géiser Steamboat. Menos nieve equivale a menos agua subterránea y, tarde o temprano, a géiseres mudos.

Veranos más calientes, más fuego: la lección del pasado

Entre hace 12,000 y 4,000 años, los veranos en Yellowstone fueron hasta 2.7 °C más cálidos que los niveles preindustriales, con unos 216 milímetros menos de precipitación anual. El aire veraniego era entre 29% y 56% más seco que hoy. Ese aire seco extrae humedad de las agujas de los pinos y de la madera muerta, convirtiendo el bosque entero en combustible.

Los incendios alcanzaron su mayor frecuencia entre hace 8,000 y 4,000 años, según el carbón registrado en los sedimentos. Cuando los veranos se enfriaron y humedecieron después de hace 3,500 años, ese carbón en las capas disminuyó notablemente. El patrón se repite hoy: los años con poco manto de nieve tienden a arder más. Whitlock lo señala con precisión: las mismas condiciones que reducen la nieve también secan la vegetación y la hacen más inflamable.

El bosque que no cambió: la resiliencia inesperada del pino lodgepole

A pesar de sequías, incendios y oscilaciones climáticas durante 11,000 años, el pino lodgepole dominó sin interrupción la cuenca de géiseres. Sequías, heladas y fuego crearon un ciclo interminable. El bosque permaneció casi idéntico.

La clave está en la roca. Las erupciones de Yellowstone dejaron una roca volcánica pálida llamada riolita, cuyo suelo es grueso, pobre en calcio y magnesio, y retiene mal el agua. El lodgepole tolera esas condiciones; el abeto y la pícea, no. Los conos del lodgepole se abren con el calor y reforestan las áreas quemadas —exactamente como ocurrió tras los incendios históricos de 1988. La especie lleva su propio mecanismo de recuperación incorporado.

«Me sorprendió mucho la estabilidad a largo plazo del pino lodgepole frente al cambio climático pasado», dijo Whitlock. «Ojalá todos nuestros bosques fueran tan resilientes.»

Un futuro sin precedente en 18,000 años

Los calentamientos del pasado tuvieron una causa distinta: variaciones lentas en la cantidad de luz solar estival que recibe esta latitud. Ese ciclo astronómico no cambiará significativamente en el próximo siglo. Los gases de efecto invernadero, en cambio, actuarán a una velocidad que los sedimentos nunca han registrado.

Las proyecciones apuntan a un calentamiento de 2 a 3 °C sobre los niveles preindustriales, lo que recortaría el manto de nieve en un 30% y adelantaría el deshielo, agravando la sequía de finales de verano hacia mediados de siglo. Los autores estiman que la región podría alcanzar temperaturas sin precedente en los últimos 18,000 años, superando cualquier calentamiento capturado en esas capas de lodo.

El bosque enfrenta una prueba diferente a todas las anteriores. El suelo pobre de riolita mantuvo al lodgepole dominante durante cada oscilación climática de los últimos 11,000 años, pero el calentamiento que viene es mayor que cualquiera de ellas. Un ecosistema construido sobre una sola especie no tiene reemplazo si esa especie falla.

Vale la pena detenerse en eso. Los géiseres ya enmudecieron una vez; los sedimentos lo documentan. El bosque resistió todo lo que el pasado le lanzó. Pero el pasado nunca llegó tan lejos como a donde apunta el futuro. Lo que ocurra ahora no tendrá precedente en los archivos de barro —y esos archivos solo registran lo que ya sucedió.

El estudio completo está disponible aquí: C. Whitlock,C.M. Schiller,S.W. Hostetler,S. Hurwitz,M. Alt,S.R. Brown,L.N. Harrison,J.R. Alder,K. Busch,J. Shelly, & D.B. McWethy, Postglacial ecosystem development of a hydrothermal landscape in Yellowstone National Park, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 123 (35) e2613422123, https://doi.org/10.1073/pnas.2613422123 (2026).

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Daniel García es el director editorial de Ecoportal. Coordina la redacción y vela por la línea editorial, la precisión y la calidad de las publicaciones.

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