Lo que parecía una solución para controlar una plaga terminó convirtiéndose en una pesadilla para una pequeña isla de Irlanda del Norte.
En los 80, se soltaron hurones en la isla Rathlin como un método para controlar a los conejos.
La medida parecía razonable, pero terminó convirtiéndose en una amenaza para la fauna nativa, sobre todo para las aves. Décadas después, hizo falta un enorme operativo para revertir aquel error.
¿Qué llevó a esta especie a convertirse en un peligro tan grande para la isla?
Qué convirtió a Rathlin en un caso único de conservación
Rathlin es una pequeña isla situada frente a la costa del condado de Antrim, en Irlanda del Norte.
Esta tierra lleva años siendo conocida por sus enormes acantilados y por albergar una gran variedad de fauna.
Allí viven más de 250 000 aves marinas, entre ellas frailecillos, alcas, araos y pardelas pichonetas. También pueden encontrarse otras aves como chovas y halcones peregrinos.
Todo cambió hace más de cuarenta años, cuando alguien decidió introducir un depredador ajeno a la isla.
La intención era resolver un problema completamente distinto.
Se suponía que solo se habían soltado machos, pero entre ellos también había hembras.
Nadie imaginó entonces que esa decisión terminaría poniendo en riesgo a una de las colonias de aves marinas más importantes del país.
Con el tiempo, los hurones se reprodujeron y su población llegó a superar los 100 ejemplares. En Rathlin prácticamente no tenían depredadores capaces de frenar su expansión.
El principio de un problema mayor
Con el paso de los años, los hurones se extendieron por toda la isla.
Cazaban tanto en el suelo como en las zonas donde anidaban las aves, y terminaron convirtiéndose en una amenaza difícil de controlar.
El peligro quedó especialmente claro en 2017.
Un solo hurón consiguió entrar en una colonia de frailecillos y mató 26 aves en apenas dos días.
El verdadero desafío ya no era saber qué estaba causando el problema, sino conseguir eliminar por completo a los hurones de una isla llena de cuevas, vegetación y acantilados difíciles de recorrer.
Retirar una especie invasora en un terreno así iba a necesitar años de trabajo y una estrategia mucho más compleja que colocar algunas trampas.
El complejo procedimiento para salvar a las aves
El programa para eliminar a los hurones necesitó una combinación de métodos para llegar incluso a los lugares más complicados de la isla.
Los expertos instalaron 110 cámaras para vigilar distintas zonas y utilizaron drones con cámaras térmicas para localizar animales escondidos entre la vegetación y los acantilados.
Además, contaron con la ayuda de Woody, un perro especialmente entrenado para detectar rastros de hurones con su olfato.
Las trampas también formaron parte del operativo.
Pero capturar a los animales era solo una parte del trabajo. El verdadero reto era comprobar que no quedara ninguno escondido en algún rincón de la isla y evitar que la población volviera a crecer.
Tras años de trabajo y vigilancia, el esfuerzo dio resultado.
Rathlin logró convertirse en la primera isla de Irlanda del Norte declarada libre de hurones.
El objetivo era poner fin a una amenaza invasora que llevaba décadas afectando a la fauna del lugar.
Y las primeras señales de recuperación no tardaron en llamar la atención
Las pardelas pichonetas volvieron a reproducirse en Rathlin después de unos 40 años. También se detectaron seis machos de guion de codornices, una especie que actualmente no se reproduce en ningún otro lugar de Irlanda del Norte.
La historia de Rathlin demuestra que se puede reparar una situación provocada por décadas de errores.
Pero el trabajo todavía no terminó.
Ahora, además de impedir que los hurones regresen a la isla, los conservacionistas trabajan para eliminar las ratas pardas, otra especie invasora que amenaza a las aves.
Después de todo lo ocurrido, mantener los controles será tan importante como haber eliminado a los hurones.
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