Los astronautas de la NASA esperaban un viaje perfecto hacia la Luna, pero el destino les tenía preparada una prueba de humildad.
El inodoro lunar ha comenzado a fallar, obligando a los héroes modernos a recurrir a métodos de emergencia que se usaban hace 50 años.
Lo que empezó como un viaje increíble se encontró con un obstáculo muy difícil de resolver apenas unas horas después del despegue, a miles de kilómetros de la Tierra, pero ¿cómo es posible esto?
¿Es posible planear un viaje de 400 000 kilómetros sin que nada falle?
Los cuatro astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen han estado volando a toda velocidad para batir récords de distancia que no se tocaban desde el Apolo 13.
El plan es preparar el camino para una base fija en la Luna y aunque miles de ingenieros pasaron años revisando cada tornillo para que los sistemas de soporte vital fueran impecables, la realidad del espacio siempre tiene otros planes.
Pero a pesar de que la cápsula Orion es la nave más avanzada que hemos construido, los problemas no se hicieron esperar.
Poco después de salir de nuestra atmósfera, la tripulación se dio cuenta de que algo fallaba en uno de los sistemas más básicos pero muy importantes para la convivencia: el baño.
Aunque se hayan hecho muchas pruebas en la Estación Espacial Internacional, el vacío del espacio es un lugar muy diferente que no permite errores.
¿Qué falló en el «inodoro lunar»?
El espacio está lleno de misterios, pero también de problemas muy terrenales que, aunque suenen anecdóticos aquí abajo, se convierten en una crisis logística cuando vives en una cápsula de apenas cinco metros de ancho.
El Sistema Universal de Gestión de Residuos (UWMS), un inodoro de alta tecnología que costó millones de dólares, comenzó a funcionar de manera intermitente.
El problema principal está en la expulsión de la orina. Los ingenieros de la NASA creen que se ha formado hielo en la línea de ventilación exterior, lo que ha bloqueado la tubería que debe lanzar los desechos líquidos al vacío.
La misión ha intentado solucionar este problema doméstico. Han resuelto girar la cápsula Orion para que el Sol caliente directamente la tubería congelada, pero la verdad es que el sistema sigue siendo frágil y solo funciona bien para desechos sólidos.
El desafío de ser «plomero espacial» a 320 000 kilómetros
Los astronautas han tenido que usar «bolsas de contingencia», una técnica de las misiones Apolo de los años 60. Para rematar, la tripulación ha reportado un mal olor y un ligero aroma a quemado en el baño, lo que hace que su viaje sea aún más incómodo.
Lo más insólito de este incidente en la nave espacial es el enorme contraste entre la tecnología más avanzada del mundo y nuestra propia naturaleza.
La astronauta Christina Koch, tomándose la situación con humor, bromeó diciendo que se sentía una «plomera espacial» tras lograr que la bomba del inodoro funcionara al principio.
Pero el problema no desapareció del todo, y ahora la tripulación debe gestionar sus residuos de forma manual. Es una tarea que exige muchísima paciencia y cuidado para no contaminar el aire dentro de la pequeña cápsula.
Es muy curioso pensarlo, porque a veces, al ver las fotos espectaculares, olvidamos que detrás de los récords hay personas enfrentando situaciones que cualquiera de nosotros encontraría insoportables.
Lo que sucede en esta misión demuestra que, sin importar cuánto avancemos, el espacio siempre nos recordará lo frágiles que somos, pues ser astronauta también significa saber lidiar con los problemas más terrenales y desagradables en lugares maravillosos pero muy lejanos.
