Cuidado con quién te cruzas en la naturaleza; la relación entre humanos y animales es más compleja de lo que crees.
Durante siglos asumimos que éramos la especie dominante, pero la ciencia viene a demostrarnos lo contrario. Hay animales que nos observan, nos recuerdan y nos evalúan.
Pero hay uno en particular que va mucho más allá. ¿Cuál es el animal capaz de guardarte rencor durante casi dos décadas?
Cómo pueden guardarnos rencor ciertos animales
Durante mucho tiempo la ciencia trató el comportamiento de los animales como algo común, instintivo y predecible: un animal veía a un humano y huía. Pero los estudios más recientes están cambiando esa imagen por completo.
Una curiosa investigación publicada en Ecology Letters plantea que los animales no reaccionan de la misma forma ante todos los humanos, y su respuesta depende, en gran medida, del nivel de amenaza real que perciben.
No todos los humanos generan el mismo miedo: algunos los ponen en alerta máxima, mientras que otros les resultan indiferentes. Lo cierto es que la fauna aprende, y en muchos casos lo hace mejor de lo que imaginamos.
Los investigadores observaron que las actividades letales, como la caza, generan los cambios de comportamiento más marcados, mientras que la presencia de turistas produce respuestas mucho más variables: algunos animales están a la defensiva, mientras que otros son más flexibles.
Mapaches, zorros y otras especies urbanas han aprendido a tolerar, e incluso buscar, la cercanía humana cuando esta les supone acceso a alimento. Si la exposición es repetida y no genera ninguna amenaza, se reduce el miedo.
La inteligencia animal es mucho más sofisticada de lo que solíamos imaginar, pero de ahí a ser rencorosos por tantos años hay un gran trecho.
Un animal que no solo te recuerda, sino que te pone en su lista negra
Parece que en el reino animal también existe el rencor, y hay una especie que viene a poner en jaque todas las suposiciones de memoria e inteligencia “no humana”: el cuervo. Ave famosa en la literatura relacionada con la muerte, la oscuridad, y el sigilo, en este momento viene a sorprender a los investigadores.
Según estudios de la Royal Society los cuervos tienen una capacidad asombrosa para el aprendizaje social y para pasar información sobre peligros de una generación a otra.
Los cuervos han llegado a superar pruebas de inteligencia pensadas para niños de siete años, en las que su alta densidad neuronal les permite planificar, razonar y tomar decisiones complejas, pero lo que un estudio reciente reveló va mucho más allá de resolver rompecabezas.
Un estudio liderado por el profesor John Marzluff, de la Universidad de Washington, reveló que estas aves pueden recordar rostros humanos durante más de una década. Además, comunican el peligro a otros miembros de su especie, creando una red de aprendizaje social. Un impacto tal como el de algunos conductores del sur de EE.UU.
El animal más rencoroso del planeta
El experimento comenzó en 2006. Marzluff y su equipo capturaron siete cuervos usando una máscara con forma de ogro, aunque las aves fueron liberadas posteriormente, el episodio dejó una huella que dejaría repercusiones.
Los cuervos no solo asociaron las máscaras con el peligro, sino que mantuvieron ese recuerdo durante al menos 17 años. Cada vez que alguien usaba una de esas máscaras, las aves reaccionaban con alarma, vuelos intimidatorios e incluso ataques coordinados, similar al ataque reportado por Estados Unidos llamado Operación Furia Épica.
Los investigadores concluyeron que los cuervos desarrollaron dos tipos de rencor: el rencor por experiencia, basado en el recuerdo directo, y el rencor aprendido de forma vertical, mediante el cual los adultos enseñan a los más jóvenes a temer a quienes nunca han visto.
La inteligencia de los cuervos no se limita al rencor. Son capaces de usar herramientas, reconocer a quienes los tratan bien y, según algunos testimonios documentados, incluso traer pequeños regalos a las personas que los alimentan. En el reino animal, pocas especies tienen una vida social tan compleja como la de estas aves, algo que también comparten con los delfines, cuya capacidad de comunicación y memoria sigue sorprendiendo a los investigadores cada año.
