Durante muchos años, una sombra silenciosa ha cobrado miles de vidas en México, resistiéndose a campañas, tratamientos y promesas de solución. Científicos, gobiernos y organizaciones de todo el mundo han intentado frenarla sin éxito rotundo. Sin embargo, a miles de kilómetros de distancia, en un país más conocido por sus fiordos que por sus laboratorios, algo cambió.
En este contexto, Noruega asegura haber encontrado una clave que nada más había visto venir. No se trata de una cura milagrosa ni de una respuesta simple, pero sí de un enfoque que podría alterar por completo la forma en que nuestro país enfrenta esta amenaza. ¿Cómo lo lograron? ¿Y por qué ahora todas las miradas apuntan hacia el norte de Europa?
La lucha contra los ultraprocesados
Ante la alerta por el exceso de alimentos ultraprocesados, nutricionistas y científicos reclaman impuestos, etiquetas de advertencia y límites de venta para combatir el impacto de la industria de la conocida comida chatarra en la sociedad a nivel mundial.
En la actualidad, la industria de los alimentos actúa con total libertad para diseñar productos altamente apetitosos, poco saludables y difíciles de dejar de consumir. Asimismo, el esfuerzo por poner un poco de límites recae, una y otra vez, en la fuerza de voluntad de los individuos. Así funciona actualmente el sistema. Pero esto, ¿podrá sostenerse mucho tiempo más?
No obstante, la forma en que comemos no es resultado del azar, sino que existen intereses económicos detrás de la industria de los ultraprocesados. El sistema actual de alimentos responde, generalmente, a incentivos económicos, los cuales premian al que vende más, con mayor frecuencia y más rápido. En el mercado, no importa si el cuerpo humano lo necesita o no, solo importa que se vuelva a comprar el producto.
Para lograr este cometido, las empresas han perfeccionado una categoría de artículos fáciles de comer, rápidos de digerir y diseñados para estimular el apetito más allá del hambre real del hombre. Comida chatarra pensada para no saciar del todo, sino para repetir una y otra vez.
¿Cómo elegir mejor los alimentos?
Ahora bien, elegir mejor es todo un desafío en un mercado donde nos llena de tentaciones. En este sentido, las autoridades sanitarias suelen poner cierto freno a realizar guías dietéticas: menos grasas, menos calorías, menos azúcar. Si bien las recomendaciones son con buenas intenciones, son demasiado débiles en un contexto saturado por ofertas, estímulos y un marketing fuerte.
La información de consumo y el aumento elevado del sobrepeso muestran que algo de todo esto falla. No porque la sociedad ignore lo saludable, sino porque el entorno empuja hacia la dirección contraria. Es así que la nutricionista clínica noruega, Tine Sundfør, planteó su pensamiento sin vueltas: la concientización no alcanza, es hora de regular. No como sanción dura, sino como una corrección a un sistema que se está yendo de las manos.
Etiquetas claras, porciones reguladas y marketing bajo control
En este contexto, donde el problema es la estructura y no el individuo, otra cuestión muy crítica es el denominado health-washing. Productos alimenticios procesados en exceso que son vendidos como saludables, distorsionando los beneficios de los mismos. Las famosas barritas energéticas que, en realidad, no son tan diferentes de un dulce.
Si bien el sistema de etiquetado positivo lleva años funcionando, no es suficiente. Especialistas plantean que se necesita algo más directo, etiquetas de alerta claras en los productos más invasivos. Sin rodeos y sin mensajes confusos.
Ahora bien, otra de las cuestiones son los paquetes gigantes. Las bolsas familiares, los packs de bebidas, promociones pensadas para consumir más de lo normal. Por lo tanto, regular los tamaños no es proteccionismo, es poner límites a una escala absurda de consumo. Otro punto a cuestionar es dónde y cómo se venden estos productos; la sobredosis de marketing tampoco ayuda a la cosa.
Por lo tanto, elegir alimentos más saludables y pocos procesados no es una moda. Debería ser una forma efectiva de recuperar signos de saciedad. Y sobre todo, de debatir un sistema que le da más importancia al beneficio económico de la industria sobre la salud colectiva de la sociedad.
