La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) ha demostrado encontrarse en un momento histórico y decisivo para el futuro de la exploración del espacio interplanetario. En un contexto internacional de alta tensión, el administrador de la agencia, Jared Isaacman, ha indicado de una forma muy contundente cuál es el objetivo principal de esta nueva era espacial, la cual se encuentra bajo la dirección marcada del presidente Donald Trump: «El presidente quiere que aseguremos el retorno a la órbita emprendida con el Apolo 17», declaró Isaacman, señalando así el hondo abismo existente con relación a las cortas misiones del siglo pasado.
Solución a los fallos técnicos y las fechas de Artemis II
El ambicioso pero complicado camino a la reconquista lunar ha requerido la superación de importantes problemas de ingeniería en los recientes acontecimientos. La NASA anunciaba oficialmente haber podido resolver con éxito el problema de helio que había sido detectado en el cohete que debe llevar a cabo la misión Artemis II, un serio inconveniente técnico que había obligado a la agencia a tener que retrasar el lanzamiento hasta la Luna, el que iba a llevarse a cabo en un primer momento.
Una vez realizada una minuciosa revisión técnica, los ingenieros ya habían determinado que la peligrosa deriva detectada el mes pasado por la etapa superior del cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) era provocada puntualmente por un sello suelto que impedía el paso del gas total, una avería que afortunadamente ya fue solucionada.
Este grave desajuste técnico había empañado las elevadísimas expectativas del sector dadas el 19 de febrero cuando el cohete pasaba, y de forma totalmente exitosa, una crucial prueba de reabastecimiento. En aquella prueba logística, los equipos habían conseguido llenar más de 700 000 galones (2,6 millones de litros) de propulsores criogénicos: hidrógeno superfrío, oxígeno líquido y por fin los equipos de conexión lograban pequeños preparativos. La onceava hora de la fuga entre la noche del 20 y 21 del presente mes ocasionaba que los directivos se viesen obligados a desistir el lanzamiento y a trasladar el enorme vehículo de nuevo al edificio de montaje.
Objetivos de la NASA: una base en la Luna y la competencia estratégica contra China
Los planes a mediano y largo plazo de la agencia espacial son todavía más asombrosos y más atractivos pero difíciles. Jared Isaacman expuso al detalle la hoja de ruta ambiciosa que definitivamente dirigirá el futuro de las misiones estadounidenses. Debido a los muy serios retrasos logísticos que habíamos tenido recientemente, la agencia anunció el 27 de febrero una revisión importante de todo su programa estructural de forma que la NASA está ahora oficialmente en el buen camino hacia el cumplimiento del ansiado alunizaje tripulado en el año 2028.
Además, Isaacman informó a la nación de la ambiciosa fecha de arranque para la construcción de la soñada Base Lunar marcando el año 2027 en el calendario como la fecha en la cual Estados Unidos empezará a romper terreno para construir sobre la superficie de nuestro satélite natural. Esa drástica aceleración del cronograma científico no es caprichosa ni al azar, sino que obedece a una fuerte presión geopolítica ejercida por sus grandes rivales. El administrador dejó entrever con toda claridad que la carrera hacia la Luna está ya en pleno desarrollo por parte de China.
Especie interplanetaria
El titánico colosal Artemis y la construcción de la base lunar son considerados sólo los primeros peldaños en el gran salto adelante de la humanidad. Isaacman dio la nota al confirmar abiertamente que ya hay planes concretos del gobierno para llevar a los astronautas más lejos, en la inmensa oscuridad. En este sentido, confirmó entusiasta que habrá enormes misiones tripuladas a Marte y que los seres humanos habrán llegado a convertirse, definitivamente, en la verdadera «especie interplanetaria» en la próxima década.
