Sin duda, la vida en otro planeta es lo que aspira la raza humana y hubo esperanzas por un tiempo. Desde el descubrimiento, hace ocho años, del sistema solar TRAPPIST-1 existía entusiasmado en los astrónomos por su potencial para albergar vida, pero no todo es como parece y te contamos las razones.
¿Hay alguien en casa? Esto es lo que se sabe de este sistema solar y su posible existencia de vida
TRAPPIST-1 es un sistema multiplanetario que se encuentra a unos 40,7 años luz de distancia. Siete mundos del tamaño de la Tierra orbitan una estrella enana roja. Tres de esos mundos están dentro de la zona habitable de la estrella. El sistema se extiende a una distancia inferior a 25 veces la distancia entre la Tierra y la Luna.
La cantidad de planetas y su relativa proximidad a nosotros hacen del sistema TRAPPIST-1 un objetivo tentador para la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Por ello, un equipo de investigadores pasó 28 horas explorando el espacio alrededor de estos mundos en busca de señales de radio de tecnología extraterrestre.
La noticia decepcionante: después de analizar miles de señales de radio, el equipo no descubrió ninguna que pareciera tener su origen en alguien que no fuera un ser humano. Pero la investigación no fue un fracaso. A través de este trabajo, los científicos han introducido una nueva forma de clasificar las señales en el futuro.
La raza humana sin muchas esperanzas de vida fuera de la Tierra
Para entender el contexto, de los siete mundos rocosos similares a la Tierra que hay en el sistema, al menos tres se encuentran en la zona habitable, una región alrededor de una estrella que no es ni demasiado caliente ni demasiado fría como para permitir que un planeta albergue agua líquida.
Sin embargo, un planeta sin atmósfera no puede retener agua líquida, incluso si se encuentra en la zona habitable, también conocida como la “zona Ricitos de Oro”. Esto demuestra que, aunque Trappist-1 puede estar en la zona habitable de la enana roja, su habitabilidad puede ser fugaz.
La evolución del sistema planetario Trappist-1
Desde los tiempos antiguos, cuando comenzó la evolución, los únicos planetas que se conocían eran los que podían ver en el cielo cuando caía la noche. Sin embargo, en los últimos 30 años se han creado telescopios lo suficientemente sensibles como para inferir la presencia de exoplanetas (planetas fuera de nuestro sistema solar).
Aunque, los exoplanetas son bastante difíciles de observar directamente, a diferencia de las estrellas y las galaxias. Casi todos los descubrimientos de exoplanetas, en particular a partir de 2010, se han basado en mediciones fotométricas (la cantidad de luz recibida) de las estrellas anfitrionas de los exoplanetas, y no a las de los propios planetas. Esto se conoce como el método del tránsito.
En la actualidad, con la ayuda del telescopio espacial Spitzer, que realizó su primera detección de exoplanetas en 2005; el telescopio espacial Kepler/KW, diseñado específicamente para buscar exoplanetas; y el telescopio espacial James Webb, lanzado en 2021, el método de tránsito y otras técnicas han confirmado la existencia de más de 5.000 exoplanetas que habitan miles de sistemas estelares.
La mayoría de los exoplanetas se forman a partir del disco de gas y polvo que rodea a las estrellas recién formadas y luego se espera que migren hacia el interior, acercándose al límite interior de este disco. Esto forma sistemas planetarios que están mucho más cerca de la estrella anfitriona que en nuestro propio sistema solar.
Aunque con pocas esperanzas de conseguir otra vida similar a la Tierra o incluso un planeta diferente habitable, los estudios científicos continúan, y con la inmensidad de la galaxia es posible que algo más allá nos espere.
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