Esto podría cambiarlo todo para los océanos. A menudo, pensamos que no podemos hacer nada por el mundo que nos rodea, como si el calentamiento global y la contaminación fueran algo relegado a los altos mandos o los científicos de renombre. Pero siempre se puede colaborar e incluso, es posible crear una oportunidad de un problema ambiental grave.
¿Eres capaz de imaginarte ayudando a salvar los océanos mientras creas un negocio millonario?
Donde unos ven un problema ambiental, otros ven un negocio redituable
El polietileno es un material que vemos en muchos lugares. Film transparente, plástico de burbujas, botellas, embalajes, juguetes…
Cada año se producen más de 150 millones de toneladas de este recurso en términos globales. Con este número, presumimos que se trata del plástico más utilizado de la Tierra.
Pese a la gran cantidad de polietileno que se fabrica, no todo el que «sobra» se recicla, puesto que eso depende de varios factores, como el lugar de residencia o la metodología utilizada.
No obstante, como sucede también en otros sectores, solemos reciclar mucho menos de lo que podríamos o deberíamos.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha expuesto que apenas el 9% del plástico global se recicla. ¿Qué pasa con el resto? Se incinera, termina enterrado en vertederos o disperso por múltiples ecosistemas terrestres y marinos, dañando el mundo que nos rodea.
Un gran número de plásticos, sobre todo los films flexibles, envases multicapa y plásticos contaminantes, son sumamente difíciles de reciclarlos con los sistemas mecánicos convencionales.
El resultado de esto suele ser un material degradado con muchas menos propiedades que se destina para usos de menor valor. Justo en este punto es en el que una compañía está dispuesta a marcar la diferencia.
Las bolsas plásticas son lo más visible, pero el potencial es mucho mayor
La startup estadounidense Novoloop ha detectado este problema y parece estar dispuesta a erradicarlo.
Detrás de esta compañía con sede en Silicon Valley, está Miranda Wang, ganadora del Premio Rolex, y la cofundadora Jeanny Yao.
Fue en 2015 cuando decidieron crear una empresa capaz de salvar el planeta, o al menos intentarlo.
Wang y Yao vivieron su infancia en Canadá y cursaron en la misma escuela secundaria. Juntas, acudieron a una excursión escolar a una planta de gestión de residuos que las inspiró a trabajar en un proyecto relacionado con las bolsas plásticas.
A una edad temprana, se dieron cuenta de que debían preocuparse y ocuparse de un problema que acecha a las bolsas plásticas y otros productos relacionados.
Su primera idea fue utilizar bacterias para descomponer los residuos plásticos, pero no prosperó. Aun así, la idea no «quedó en el aire» porque sentó las bases de un proyecto más ambicioso y prometedor.
Donde otros ven bolsas plásticas, ellas ven el futuro
Novoloop busca transformar 175 000 toneladas de bolsas y envoltorios de plásticos en materiales para zapatillas y automóviles.
¿Cómo? Con una nueva tecnología patentada que es única y revolucionaria.
No nos «devuelve» zapatos en sí, pero podría otorgarnos los materiales para crearlos.
Para lograr sus propósitos, la startup desarrolla un proceso químico capaz de convertir residuos de polietileno en poliuretanos, disminuyendo hasta un 41% las emisiones de CO2.
Cómo lo hacen y cuál es su proyección
Mientras realizaban sus estudios universitarios, elaboraron la técnica que hoy las guía en su compañía: la descomposición oxidativa térmica acelerada (ATOD).
Esto permite convertir los residuos plásticos de bajo valor en polioles, una materia prima clave para generar TPU (poliuretano termoplástico) y otros materiales usados en múltiples industrias.
Después de años de investigación y desarrollo, la firma inauguró su primera planta piloto de demostración en India, con el respaldo de la Iniciativa Planeta Perpetuo de Rolex.
El reciclaje químico avanzado no soluciona definitivamente el problema relacionado con las bolsas plásticas y productos relacionados. Sin embargo, sí es una parte importante dentro de una economía circular mucho más amplia. Si tecnologías como ésta lograran escalar, podrían abrir ante nosotros un nuevo y amplio abanico de posibilidades de reciclaje, contribuyendo así al cuidado de los mares.
