Educación Ambiental

23 de abril, día del libro ¿De qué libro?

En una librería de la ciudad hemos podido leer, escrito en la pared de uno de sus locales, una definición de lo que puede ser una librería, ahora y en el futuro. Dice así:

Una librería, aún siéndolo, es más que un comercio. Es una república de las letras, en cuyos foros se trafica con libros y se intercambian ideas, sugerencias y alientos.

Por Paco Puche

El libro de papel tal como lo conocemos desde hace 2000 años en forma de códice, dicen que toca a su fin. La aparición fulgurante que desde hace un década ha protagonizado el libro digital, junto a sus ventajas de precio, portabilidad y almacenamiento, unido, para el caso español, a las descargas gratuitas que se bajan desde Internet muchos lectores parece confirmar esta profecía liquidadora. Con él tenderían a desaparecer las profesiones que giran en su torno: libreros y distribuidores mayormente.

Si hablan personas que se han criado en torno al libro de papel tienden a afirmar que eso es imposible y que siempre nos quedará Gutemberg. Pero si vemos a los más jóvenes y a los niños, que se están formando con artefactos electrónicos y con lectura permanente en pantallas, las cosas no se pueden ver tan claras. Por eso las preguntas que nos podemos hacer desde este año mismo es la de ¿qué libros celebraremos en el futuro?, o ¿de qué libro hablamos? La respuesta solvente a estas preguntas puede aliviar o todo lo contrario a las profesiones que hemos designado como

las más afectadas por la revolución digital en el libro.

Con toda la precaución que hay que mantener en tratándose de vislumbrar el futuro, sí que podemos avanzar tendencias, ejemplos similares y propiedades de las cosas para llegar a tener una idea del orden de magnitud a la que llegará está posible liquidación del papel, y en qué plazos. O si acaso llegará.

Una digresión a través de las teorías evolutivas del paleontólogo Stephen Jay Gould.

Este famoso paleontólogo americano (que curiosamente contrajo un mesotelioma, cáncer debido a la exposición al amianto que resulta mortal de necesidad en breve plazo de ser diagnosticado y que se salvó como un caso estadístico contradictoria con la norma), formuló algunas hipótesis que, dentro del paradigma darwinista, resultan muy heterodoxas. Para el tema que nos interesa resaltamos su propuesta del llamado “equilibrio puntuado”[1] frente al gradualismo profesado por el darwinismo más ortodoxo (tanto para Darwin como para Lamarck la adaptación gobierna la evolución).
Esta teoría sostiene tres afirmaciones, que luego extrapolaremos a la cuestión del libro.

Dice que las especies una vez aparecidas duran muchos años (entre cuatro y diez millones de años), es lo que llama “estasis” o equilibrio; que la aparición de nuevas especies se realiza en periodos geológicamente cortos (miles de años) que llama “puntuación” y, en tercer lugar, que las antiguas especies coexisten, también muchos años, con las nuevas que han generado.

Breve historia de los soportes de la escritura

En el breve tiempo de la historia de la humanidad que se lleva usando la escritura, apenas un 3% de la misma, se han usado diversos soportes para capturarla. En el principio fueron las tablillas de arcilla, aparecidas en Sumer hace 3.500 años a. de C. Luego vino el rollo de papiro, aparecido en Egipto, hace 2.000 años a. de C. Sobre el 150 d. de C. tenemos ya el códice, precursor del libro actual, como hojas encuadernadas y cosidas. Los códices fueron hechos primero en piel de oveja, pergamino, (la Biblia, por ejemplo, necesitaba de 300 animales), y después el papel que habían inventado los chinos en el s. VIII y que importaron los árabes a Occidente en el s. XIII. En 1450, con Gutenberg, se da el salto a la imprenta de tipos móviles con lo que aumentó notablemente la eficacia para hacer copias. En 1800, con la aparición de la máquina de vapor, se intensifica mucho la capacidad de producción. En 1970 contamos con el Offset y en 2000 aparece el libro electrónico o digital (e-book).

El libro y el equilibrio puntuado

Las tablillas y el papiro coexistieron 2.000 años. La Biblioteca de Alejandría, que desapareció en 391 d. d. C., cuando el códice llevaba ya 250 años, tenía 800.000 rollos de papiro. Asimismo el pergamino y el papel coexistieron durante siglos. En cuanto a los manuscritos, estos coexistieron con la imprenta e incluso en algunos momentos se pusieron de moda.

Jay Gould en su monumental obra La estructura de la teoría de la evolución[2] trae a colación la obra de Kilgour [3] que aplica sus tesis del equilibrio puntuado a la historia del libro. Dice: “en sus tesis central Kilgour contempla la evolución del libro (…) como una secuencia de cuatro grandes puntuaciones: la tablilla de arcilla, el rollo de papiro, el códice (libro moderno) y el “libro” electrónico (…), con tres puntuaciones “subespeciacionales” dentro de la larga dominación del códice: la invención de la imprenta cono tipos móviles, la maquinaria de vapor que incrementó enormemente la producción y el desarrollo de la impresión Offset”. Se puede ver el esquema en la siguiente figura:


Como se puede leer en la leyenda éste es un modelo puntuacional de la evolución del libro en la que los aspectos principales del modelo biológico se aplican en adecuado isomorfismo, incluida la supervivencia de los ancestros tras la ramificación de los descendientes. Y concluye Kilgour diciendo con un tono irónico y pesaroso “que, como las tablillas de arcilla y los rollos de papiro, los libros impresos en papel y los presentados en las pantallas electrónicas coexistirán durante algún tiempo, pero por décadas en vez de siglos”

Las formas objetivas

El libro de papel encierra unas potencialidades que lo hacen muy atractivo. Me refiero a esa condición de “parientes en los estantes” de la que hablaba Emily Dickinson; o a aquella otra cualidad llamada sinestesia por la que un libro de papel despierta a la vez todos los sentidos: el tacto para tocarlos, la vista para dejarse seducir, el olfato para oler a árbol, el chasquido de sus página para estar acompañado y el gusto para “saborearlos”. En los estantes, estos parientes tan cercanos, nos interpelan, te tropiezas con ellos te alegran la vista, te arropan, dan color a tus habitaciones y atraen a esas pequeños animalillos que compiten contigo en devorarlos. Tienen cubiertas de diversos materiales (rústica, cartoné, piel…); se aprecia su lomo cuando se colocan en serie; nos los suministran en distintos formatos y terminan siendo bellos en sí mismos. Y, en la intimidad, se dejan acariciar y reciben nuestras desprendidas lágrimas en recuerdo de los amores perdidos.
Si tuviésemos que hacer una comparación entre el libro de papel, impreso y en formato códice, con el libro electrónico, de silicio, digital, sobre pantalla, podríamos llegar al resultado que expresa la siguiente figura tomada del libro Un librero en apuros.

Memorial de afanes y quebrantos[4]:

Libro de papel vs. libro electrónico: una comparación

PUNTOS DE VISTA PAPEL ELETRÓNICO
     
1.- Económico   X
2.-Ecológico   X
3.-Ergonómico X  
4.- (de su ) Duración X  
5.-Estético X  
6.- (de su ) Autonomía X  
7.-Funcional X X
8.- (de su) Capacidad   X
9.-(de su) Manejo X  
10.- (como)Hipertexto X X
11.-Físico X  
12.-Sinestésico X  
13.- Sensual X  
14.- Ritual X  
15.-Simbólico X X
16.-Isla desierta X  
NOTA : los señalados con una X tienen ventaja    

Las dos propuestas anteriores: la analogía con lo que pasa con las especies y la potencia del libro de papel como objeto nos auguran unas décadas, quizás siglos, de coexistencia con el libro digital cualquiera que sean las formas que termine adoptando. Eso sí, sin la prevalencia que en los últimos dos mil años ha tenido la forma códice manuscrita o impresa. En último caso, lo que sí se puede augurar es la aparición de una poderosa “secta de Gutemberg” que al estilo de Fahrenheit 451[5] termine celosamente guardando sus libros impresos en papel a los que acuda regular y ceremonialmente. El breve cuento de Javier Puche[6] lo expresa con toda clarividencia. Dice así:

Planeta Tierra, año 3012


Como cada noche, el androide lee un libro electrónico junto al fuego. Sus amos lo contemplan orgullosos desde el sofá. “Qué culto es Brtx9. Lee más que nosotros. Llegará lejos” se dicen telepáticamente. Luego abandonan el salón para ocupar sus cápsulas de reposo, no sin dar primero algunos besos al androide, que les corresponde con una sonrisa mecánica. Sólo entonces, al quedar libre de testigos, puede Brtx9 entregarse a su auténtica pasión. En un doble fondo de la biblioteca electrónica tiene oculta la reliquia: un libro de papel. Antes de sacarlo, acariciarlo, olerlo, abrazarlo, leerlo una vez más con frenesí, comprueba auditivamente que sus amos ya roncan arriba.

El papel de los libreros en la era digital

Esta bendita profesión, que ha sufrido vaivenes en el discurrir del tiempo, y que tiene de todo, sin embargo puede convertir un lugar de trabajo (tripalium) en un acontecimiento: un lugar de encuentro palpable, incardinado en su ciudad, que ofrece conversación y servicios culturales en torno al libro de papel, electrónico y oral. Lugar de encuentro he dicho que no de citas. Como ya he escrito[7] :Si uno va a Granada y visita El Bañuelo – antiguos baños árabes, en la carrera del Darro – al llegar a una estancia de la derecha, oirá decir a la guía que " éste era el lugar de reunión, perdón el lugar de encuentro “. Ya en el siglo XI distinguían muy bien los cruces esporádicos de los convenidos, y en estos contactos imprevistos, pero buscados, se hablaría de lo divino y de lo humano. Por eso al librero en la era digital le quedan muchas funciones que cumplir, no está llamado a desaparecer pero sí a readaptarse a los nuevos tiempos. De las tareas y funciones que puede realizar con provecho selecciono las siguientes:

La informadora. Se trata de tener todas las bases de datos necesarias.
La tarea recomendadora. Se trata de transmitir el saber conspicuo y creíble sobre los contenidos de los libros, que se aprende con el amor y la experiencia.
La de encuentro. La librería palpable será siempre un lugar de reunión de gentes y de cruce esporádico de personas.
La función cultural. Se trata de tener una postura activa en la difusión de la cultura y el pensamiento.
La función civilizatoria. En los tiempos que corren hay que fomentar los valores de no violencia, solidaridad, sabiduría, frugalidad y la mirada a los tiempos originales.
La función de resistencia frente al monopolio del poder financiero, también en el mundo del libro y al intento de la censura de acallar la disidencia.
La tarea endógena de incardinación en su medio social.

El fomento de la diversidad, la etnodiversidad. Podemos fomentar las lenguas y culturas locales.
El servicio polivalente, porque la librería palpable, en medio de la ciudad, tiene en su mano proporcionar todos los servicios, incluidos los virtuales.
La tarea de desarrollar, como pequeña empresa, un clima de trabajo digno y seguro, y un entorno cooperativo.
Por último no se puede renunciar a la función poética. La librería puede seguir repartiendo sueños y alegrías.
En una librería de la ciudad hemos podido leer, escrito en la pared de uno de sus locales, una definición de lo que puede ser una librería, ahora y en el futuro. Dice así:
Una librería, aún siéndolo, es más que un comercio. Es una república de las letras, en cuyos foros se trafica con libros y se intercambian ideas, sugerencias y alientos.
Y sí se puede, como he tratado de demostrar tantas veces con la representación del teorema de los Huecos[8], una intervención en que se mezcla la matemática y la magia y
en donde se puede ver que siempre hay un lugar para aquellas cosas que se hacen con pasión, cariño y cooperación.
Nadie mejor que El Roto para concluir con esta tarea profética que nos hemos encomendado en este trabajo. Ecoportal.net

Con él les dejo.


Notas y referencias

1 “Típicamente, una especie aparecía de manera abrupta en los estratos, duraba de 5 a 10 millones de años, y desaparecía , con un aspecto no muy distinto del que tenía en primera instancia”, en Jay Goudl (2004), p.1027
2 Jay Gould, S. (2004): La estructura de la teoría de la evolución. Barcelona. Tusquets Editores. p. 991 y ss.
3 Kilgour, F.G. (1998): The evolution of de book. Nueva York. Oxford University Press
4 Puche, P. (2004): Un librero en apuros. Memorial de afanes y quebrantos. Málaga, Ediciones del Genal. p. 84
5 Bradbury, R. (2010 [1953]): Fahrenheit 451. Barcelona, DEBOLSILLO.
6 Se puede ver en: http://puerta-falsa.blogspot.com.es/2010/06/planeta-tierra-ano-3012.html
7 Puche, P. (2004), Oc. p.108
8 Puche, P. (2012): Memoria de la librería, Madrid. Trama Editorial, p.73 y ss.

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