La Organic Consumers Association se hizo eco de un reciente análisis que abordó la presencia de herbicidas en los ríos de EE. UU. Encabezado por el Center for Biological Diversity, el informe develó que la atrazina se encuentra en más del 25 % de los ríos y arroyos continentales.
Preocupación por la atrazina
La industria agrícola estadounidense permite a los ciudadanos contar con una cadena de suministro nacional que consolida la soberanía alimentaria. Sin embargo, la progresiva industrialización derivó en la necesidad de optimizar los procesos de producción, con el objetivo de reducir plazos y multiplicar el rendimiento de los cultivos.
En esta línea, la evolución científica y tecnológica permitió el acceso a productos químicos que prometieron a los granjeros una solución efectiva al momento de lidiar con plagas y estimular el crecimiento de los vegetales. De esta manera, la aparición de los herbicidas fue bien recibida en el sector, y solo tiempo más tarde daría inicio la discusión en torno al perjuicio ambiental y a la salud humana que trae aparejado su uso.
En la actualidad, el reconocimiento del carácter tóxico de muchas de estas sustancias suscitó la intervención gubernamental mediante marcos regulatorios para anular o controlar su implementación y mitigar sus efectos. Sin embargo, un nuevo informe del Center for Biological Diversity, publicado en septiembre de este año, alerta sobre la contaminación por atrazina y su impacto en territorios y aguas.
Se trata de uno de los pesticidas más empleados para controlar y prevenir el crecimiento de malas hierbas, cuya proliferación podría afectar la salud de los cultivos y su calidad comercial. Principalmente, la atrazina se utiliza en cultivos de maíz, caña de azúcar y sorgo, aunque también es posible su aplicación para el mantenimiento de campos de golf y césped de zonas residenciales.
Pese a la naturalización de su uso, la sustancia es calificada como disruptor endocrino, por tener impacto directo en el sistema hormonal. En consecuencia, su presencia en el organismo se relaciona con problemas en el desarrollo fetal y afecciones de los aparatos reproductivos masculino y femenino con implicancias en la fertilidad.
Al margen de estas problemáticas, los investigadores evidenciaron una severa contaminación extendida como resultado de la débil regulación sobre este producto, por lo que señalaron la inacción de la EPA como un factor fundamental en la expansión de un mal que atenta contra el bienestar de los ciudadanos.
Alarmantes cifras revelan la distribución de pesticidas por EE. UU.
En concreto, los especialistas detectaron que, en la actualidad, casi 1,38 millones de km de ríos cuentan con altos niveles de atrazina que, además, está dañando la vida silvestre acuática. La cifra representa más del 25 % de todas las millas de ríos y arroyos de los 48 estados continentales. Asimismo, también dieron con porcentajes elevados de la sustancia en más de 250 millones de acres.
En particular, el estudio subraya la preocupación sobre la situación de 5 puntos geográficos en donde la atrazina se concentra en el entorno: la Bahía de Chesapeake, el Cinturón del maíz del Medio Oeste, el Lago Okeechobee (Florida), la Cuenca Baja del Río Mississippi y la Costa del Golfo de Texas, donde la falta de monitoreo sobre los tratamientos agrícolas expone a la población a sufrir las consecuencias del esparcimiento de los tóxicos.
Un llamado de atención a la EPA
«Los efectos son muy claros y, en mi opinión, no existe nivel seguro en el que se pueda utilizar la atrazina», sentenció Tyrone Hayes, investigador especializado en pesticidas, en conversación con The Guardian. Pese a ello, el informe remarca que el límite máximo permitido por la EPA para la presencia de atrazina en el agua potable es de 3 ppb, cifra hasta 30 veces superior a las cantidades necesarias para dañar los órganos reproductivos en anfibios.
Según su hipótesis, Hayes explica la inacción del organismo para frenar este mercado en los intereses financieros del gigante Syngenta, que comercializa atrazina y se vería seriamente perjudicado por sanciones gubernamentales. «Es uno de los grupos de presión más poderosos de la industria de los pesticidas, detrás del glifosato, debido a la cantidad de dinero que genera, y es el resultado de las irregularidades políticas», denunció.
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