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Energía

Primero le cambiaron el nombre: Ahora tomarán sus tesoros sin importar las consecuencias

Por Aura Nariño · 17 abril, 2025 · 8:55 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Primero le cambiaron el nombre: Ahora tomarán sus tesoros sin importar las consecuencias
Fuente: Visble Earth
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Una zona de México alberga tesoros bajo sus aguas profundas, y Estados Unidos va tras ellos. Este lugar cambiaría por completo la energía y reservas del país. Lo que antes era un mar compartido y lleno de vida, hoy se convierte en un tesoro energético que el país del norte está dispuesto a explotar… sin importar las consecuencias.

Bajo estas aguas se esconden tesoros que grandes empresas quieren explotar a toda costa

Hace poco, Trump decidió cambiar el nombre a una región a una zona de conflictos, incluso, Google y Apple decidieron manchar a México con este cambio imperdonable. Pero, aparte de esta situación, ahora hay algo oculto bajo sus profundas aguas que llama la atención de los grandes empresarios.

Bajo las aguas profundas del Golfo de México, o como lo rebautizó Trump, el “Golfo de América”, Estados Unidos ha confirmado un descubrimiento petrolero que cambiaría el panorama energético global. Resulta que, hay más reservas de lo que se pensaba.

De acuerdo con un estudio hecho por la Oficina de Gestión de Energía Oceánica (BOEM) hay más de 7040 millones de barriles de petróleo adicionales a lo que se creía, un aumento del 22,6 % respecto a las cifras de 2021. Unos, 5770 millones son de crudo y más de 7 billones de pies cúbicos de gas natural.

Con estas cifras, las reservas de Estados Unidos podrían alcanzar los 50 000 millones de barriles, lo que llevaría al país a consolidarse como un líder de producción energética. En la actualidad, Estados Unidos extrae 13,4 millones de barriles de petróleo diarios, más que Rusia y Arabia Saudí.

¿Qué significa este descubrimiento? Más petróleo pero menos escrúpulos para el cuidado ambiental

Hay algo que, por desgracia, normalmente va de la mano con la explotación de minerales y recursos: El daño ambiental. El Golfo de México es una región frágil, rica en biodiversidad marina, y con un historial oscuro de derrames y desastres ecológicos.

El más recordado, el desastre de Deepwater Horizon en 2010, derramó más de 4,9 millones de barriles de crudo, afectando a miles de especies, a la pesca y a las comunidades costeras. A pesar de este precedente, la explotación offshore no solo continúa, sino que se expande con fuerza.

Las grandes petroleras siguen operando con mínimo control ambiental. En la mayoría de los casos, ni siquiera son multadas por los daños irreversibles que causan al ecosistema. El Golfo de México, además de ser una reserva energética, es hogar de delfines, tortugas marinas, corales, manglares y peces endémicos.

¿Qué pasará con toda esa vida marina? Muchas veces la ambición es mayor y no mide las consecuencias de los daños que ocasiona, la ecología queda en segundo plano frente a la fiebre por el oro negro. Algo similar a lo que está ocurriendo en este pulmón de la Tierra.

El precio que se paga por el petróleo es más alto que cualquier cifra económica

La exploración offshore y la perforación profunda están asociadas a riesgos como derrames, fugas de gas, destrucción de hábitats marinos, contaminación por lodo de perforación y sismos inducidos. Todo eso está documentado, pero poco importa cuando hay miles de millones de barriles.

De hecho, ya se han autorizado nuevas subastas de licencias de exploración, sin garantías suficientes de protección ambiental. Los ecosistemas del Golfo, que alguna vez fueron símbolo de riqueza natural, hoy son zona de sacrificio para mantener en marcha una maquinaria energética global.

La actualización de reservas en el Golfo de México es una hazaña geológica y energética, pero también una amenaza latente para el medio ambiente. Mientras se celebran los millones de barriles que yacen bajo el mar, se ignora el costo ecológico que no podemos revertir.

Primero le cambiaron el nombre, ahora tomarán sus tesoros sin importar lo que se lleve a su paso. El precio de alimentar la economía estadounidense y su poder energético, podría ser la pérdida sin retorno de uno de los ecosistemas más diversos del planeta.

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