En Tucumcari, Nuevo México, hay una enorme turbina blanca que se ve desde la antigua Ruta 66.
A simple vista parece un aerogenerador más. Produce electricidad, tiene tres aspas y supera los 260 pies de altura.
Pero esta turbina tiene algo que la hace diferente.
Pertenece al Colegio Comunitario Mesalands y los estudiantes pueden entrar en ella para aprender a reparar los equipos que mantienen funcionando los parques eólicos.
No se trata solamente de estudiar electricidad o mecánica en un salón. Los alumnos también tienen que ponerse un arnés, subir por la torre y aprender a trabajar a una altura que no cualquiera se anima a enfrentar.
Y antes de llegar arriba, hay una prueba que deben superar.
Una prueba física antes de subir a la turbina
Los técnicos que trabajan en parques eólicos pasan buena parte de su jornada revisando equipos. A veces deben subir por el interior de torres enormes para llegar hasta donde se encuentran los mecanismos.
Por eso, en Mesalands los estudiantes tienen que prepararse físicamente.
Una de las pruebas consiste en subir y bajar diez veces por una escalera en un máximo de doce minutos.
No es un ejercicio puesto al azar. Sirve para que los alumnos conozcan el esfuerzo que exige trabajar en altura.
Pero tampoco los mandan directamente a reparar una turbina.
Primero practican en un taller donde tienen componentes reales de aerogeneradores, incluida una góndola instalada a nivel del suelo.
Allí pueden ver de cerca los cables, las conexiones eléctricas y las piezas mecánicas. También aprenden a identificar fallas y a entender cómo funcionan los equipos.
Después llegan las prácticas con arneses, los procedimientos de seguridad y las maniobras de rescate.
La diferencia es que, cuando les toca subir a la torre, ya conocen buena parte de lo que van a encontrar.
Un oficio que se puede empezar a aprender en 16 semanas
No hace falta cursar una carrera de cuatro años para comenzar a formarse en mantenimiento eólico.
En el Colegio Comunitario de Mesalands hay un programa básico de 16 semanas donde los estudiantes aprenden electricidad, mecánica, hidráulica y seguridad.
Quienes quieren seguir estudiando pueden obtener un certificado de un año o completar un título asociado de dos años.
Y hay una razón por la que esta formación está cobrando importancia.
Nuevo México se está convirtiendo en uno de los grandes centros de energía eólica de Estados Unidos.
Un ejemplo es SunZia, un proyecto ubicado en la zona central del estado, lejos de Tucumcari.
Tiene una capacidad de 3650 megavatios y una línea de transmisión de unas 550 millas que lleva electricidad hacia Arizona y California.
Son instalaciones enormes que necesitan técnicos para revisar las turbinas y reparar los equipos cuando algo falla.
De hecho, la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU. calcula que el empleo de técnicos eólicos crecerá cerca del 30 % entre 2025 y 2035.
Eso no quiere decir que terminar el curso asegure un trabajo inmediato. A veces hay que seguir estudiando o mudarse para encontrar una oportunidad.
Y uno de los profesores del colegio lo sabe muy bien.
Llegó al colegio sin hogar y años después volvió como profesor
Nathaniel Alexander llegó a Mesalands en 2015. En ese momento no tenía una vivienda estable y estaba buscando una forma de salir adelante.
Eligió estudiar mantenimiento eólico.
Terminó su primera formación, pero cuando empezó a buscar trabajo descubrió que no había oportunidades cerca de Tucumcari.
Así que volvió al colegio para prepararse mejor.
Después consiguió empleo en la industria y pasó varios años viajando por Estados Unidos para trabajar en distintas turbinas.
Con el tiempo regresó a Mesalands.
Esta vez, para enseñarles a otros lo que había aprendido.
Su historia es un ejemplo de las oportunidades que puede ofrecer este oficio, pero también de las dificultades que aparecen al buscar el primer empleo.
Para los estudiantes de Tucumcari, tener una turbina comercial dentro del colegio significa poder empezar con una ventaja.
Primero aprenden a manejar los equipos en el taller. Después suben a una torre de más de 260 pies y descubren cómo es trabajar allí arriba.
Cuando llegue el momento de buscar empleo en un parque eólico, al menos esa parte del trabajo ya no será una sorpresa.
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