¿Quién diría que el estiércol de las vacas puede terminar ayudando a una empresa farmacéutica a reducir su consumo de combustibles fósiles?
En Virginia, una familia que lleva cuatro generaciones produciendo leche encontró una manera de aprovechar los residuos de su granja y convertirlos en energía.
En Oakmulgee Dairy Farm, el estiércol de las vacas se mezcla con restos de alimentos y bebidas que ya no pueden consumirse. Todo se procesa en una instalación que produce gas natural renovable.
Y ese gas tiene un destino bastante inesperado: las instalaciones biofarmacéuticas de AstraZeneca en Maryland.
La planta comenzó a funcionar en 2026 y tiene capacidad para producir hasta 259 000 MMBtu de gas al año. Pero ¿cómo se consigue transformar algo tan común como el estiércol en combustible?
Una granja familiar que decidió aprovechar mejor sus residuos
Oakmulgee Dairy Farm está en Amelia Court House, Virginia. Es considerada la granja lechera familiar más antigua del estado que continúa en funcionamiento.
La familia Moyer lleva cuatro generaciones trabajando allí. Hoy tiene unas 360 vacas en ordeño y aproximadamente 1100 acres de terreno.
En una explotación de ese tamaño, recoger y manejar el estiércol es parte de la rutina. Las vacas lo producen todos los días y hay que encontrar la manera de almacenarlo o aprovecharlo.
Por eso, cuando surgió la posibilidad de convertirlo en energía, la familia decidió participar en el proyecto.
La empresa Vanguard Renewables, vinculada a TotalEnergies, instaló un digestor anaeróbico en la propiedad.
La idea no era reemplazar la producción de leche, sino aprovechar mejor los residuos que genera la granja.
Y no solamente los de las vacas.
La instalación también recibe restos de alimentos y bebidas que ya no sirven para el consumo, pero que todavía contienen materia orgánica capaz de producir gas.
Cómo convierten el estiércol y los restos de comida en combustible
Aunque parezca complicado, el proceso se basa en algo que ocurre en la naturaleza: la descomposición de la materia orgánica.
La diferencia es que aquí sucede dentro de un tanque cerrado, preparado para recoger el gas que se produce.
Primero se mezclan el estiércol y los residuos de alimentos y bebidas. Como dentro del tanque no hay oxígeno, ciertos microorganismos descomponen esos materiales y generan biogás.
La instalación está diseñada para procesar más de 100 000 toneladas de residuos orgánicos al año, entre estiércol y materiales procedentes de la industria alimentaria.
El gas que sale del digestor todavía necesita tratamiento. Por eso pasa por un sistema que elimina componentes no deseados y aumenta su concentración de metano.
Así se obtiene gas natural renovable, que puede incorporarse a la red de distribución.
Pero hay algo más.
Después de producir el biogás, dentro del digestor queda un material llamado digestato. Lejos de tirarlo, la granja lo aprovecha como fertilizante porque conserva nutrientes útiles para el suelo.
De esta manera, el estiércol tiene dos usos: una parte de su materia orgánica sirve para producir energía y el material restante puede volver a los campos.
Además, al recoger y aprovechar el metano, el sistema puede reducir emisiones que se generarían con otras formas de tratar los residuos.
Por qué AstraZeneca comprará el gas de esta granja de Virginia
La instalación tiene capacidad para producir hasta 259 000 MMBtu de gas natural renovable al año.
Y la energía ya tiene un comprador: AstraZeneca, que la destinará a sus instalaciones biofarmacéuticas en Maryland.
Eso no significa que el gas viaje directamente desde la granja hasta los laboratorios por una tubería exclusiva. Se incorpora a la red existente y su suministro se gestiona mediante un acuerdo comercial.
Para AstraZeneca, es una manera de incorporar gas renovable a sus operaciones y avanzar en sus objetivos de reducción de emisiones.
Para la familia Moyer, el proyecto también representa una oportunidad de obtener ingresos adicionales de la propiedad, sin depender únicamente de la producción de leche.
Además, no es la primera vez que apuestan por nuevas tecnologías.
La granja ya cuenta con paneles solares que ayudan a cubrir sus necesidades eléctricas, incluidos los sistemas de ordeño robotizado
Ahora sumaron otra forma de aprovechar los recursos que tienen a mano.
Por supuesto, no todas las granjas pueden instalar un digestor de este tamaño. Hace falta una inversión importante, infraestructura y un suministro constante de residuos para mantenerlo funcionando.
Pero Oakmulgee muestra que el estiércol puede tener un valor que va más allá de su uso tradicional como fertilizante.
Las vacas siguen produciendo leche, el digestato vuelve a utilizarse en los campos y el gas renovable se incorpora a la red para abastecer las operaciones de una farmacéutica.
Para una familia que lleva cuatro generaciones dedicada a la producción lechera, es una nueva actividad que se suma al trabajo de siempre.
Y todo empieza con algo que las vacas producen todos los días.
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