Las predicciones a las que se le han huido por tantos años al fin nos han alcanzado; el informe emitido por PNUMA prevé que es inevitable superar el límite de 1,5 °C de calentamiento global; sin embargo, según lo dicho por el secretario general de la ONU, António Guterres. «El sobrepaso del calentamiento global no es una rendición; todavía podemos mantenerlo lo más pequeño y breve posible, y lograr que las temperaturas vuelvan a estar por debajo de 1,5 grados para finales de siglo», declaró.
La meta de buscar el mínimo para alcanzar el máximo
La alerta que lleva encendida desde hace décadas ahora se ha convertido en una alarma de un peligro inminente debido a que las emisiones globales no han disminuido a un ritmo favorable. La ciencia climática decreta que ya no es posible contener el calentamiento climático por debajo de los 1,5 °C de forma continua y sin rebasarlos.
Teniendo esto en cuenta, se han realizado modelos científicos con un plan B llamado «escenario del mínimo rebasamiento»; quiere decir que el planeta superará la temperatura de 1,5 °C con la diferencia de que se buscará mantenerse en ese estado evitando que la temperatura suba más allá de 1,7 °C o 1,8 °C.
Para lograr esto, es primordial aplicar estos recortes drásticos en las emisiones de gases de efecto invernadero a partir de este 2025, incluyendo la admisión de distintas técnicas a gran escala para remover el dióxido de carbono de la atmósfera, triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar la tasa anual de mejoras en la eficiencia energética para 2030, cambiando hacia sistemas energéticos que dejen de depender de los combustibles fósiles y detener la deforestación y la degradación forestal.
Un juego en el que, si no se gana, las pérdidas serán catastróficas
A pesar de que los países han presentado Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, las reducciones prometidas son demasiado bajas, de apenas un 5 % a 8 % para el 2030 y de un 11 % a 15 % para el 2035 (tomando como base los niveles del 2025).
Por su parte, la ciencia marca que las reducciones globales óptimas deben ser del 18 % para el 2030 y del 45 % para el 2025 (aun en base del 2025); es la exigencia que realmente puede mantener el escenario de rebasamiento mínimo del calentamiento global para reingresar a los 1,5°C a fin de siglo.
Ahora bien, si la meta no se cumple, se generará una enorme brecha de emisiones, lo que se traduce en que políticas y promesas actuales dejan al mundo encaminado hacia un calentamiento mucho mayor al final del siglo, incrementando los riesgos de daños climáticos irreversibles.
Una balanza incierta de un futuro no escrito
Implementar políticas que ya se encuentran vigentes sin aumentar su ambición. Los análisis proyectan que el mundo alcanzará un nivel de calor de 2,8 °C para el año 2100, con el riesgo latente de continuar subiendo a niveles estrafalarios luego de esa fecha, incrementando exponencialmente los desastres alrededor del mundo (olas de calor, inundaciones, entre otros).
La solución a través del Primer Balance Mundial para cerrar esta peligrosa brecha de temperatura señala que es indispensable acelerar de forma drástica los compromisos sectoriales acordados en el primer balance global de la COP28.
Para finalizar, entre las metas más urgentes de esta hoja de ruta se destaca: Triplicar la capacidad de energía renovable a nivel mundial para 2030. Duplicar la tasa anual de mejoras en eficiencia energética. Eliminar de manera definitiva el uso de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos de forma justa y ordenada. Además, en el informe PNUMA se han hecho los señalamientos de un peligro inminente que nos acechará por lo que resta de siglo, pero también nos ha dado una guía para revertir los daños.
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