En un contexto mundial, donde la crisis ocasionada por el cambio climático ha debilitado y destruido una gran variedad de ecosistemas, organizaciones como la FAO, el PNUMA y el CDB han impulsado una iniciativa para evaluar de forma exhaustiva los esfuerzos globales orientados a la restauración de estos ecosistemas. Este informe revela los logros actuales, los desafíos geográficos y sectoriales pendientes, las condiciones financieras y estructurales necesarias para cumplir con la importante agenda global hacia el año 2030.
Avances globales
Los datos del informe muestran un panorama esperanzador en términos cuantitativos, pues actualmente se están restaurando 252 millones de hectáreas distribuidas en un total de 149 países. Esta maniobra representa el mayor esfuerzo de restauración global realizado hasta la fecha, generando más de un millón de empleos verdes de manera directa. Además, este empuje demuestra que la recuperación ambiental no solo es una necesidad biológica, sino también un motor socioeconómico viable para la población.
Asimismo, la restauración de tierras ha logrado alcanzar casi la mitad del objetivo mundial establecido, posicionándose más cerca y de manera significativa al objetivo de 2030 fijado en el Marco Mundial de la Biodiversidad y marcando el rumbo hacia el cierre del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas.
Sin duda, este importante progreso confirma que las políticas públicas y los compromisos internacionales de los gobiernos demuestran un efecto positivo y real sobre la corteza terrestre.
Vulnerabilidad en los ecosistemas
A pesar de los logros positivos que se han alcanzado en la superficie terrestre, los ecosistemas de agua dulce, marinos y costeros se han visto limitados significativamente y los mismos siguen sufriendo procesos de degradación a un ritmo acelerado y preocupante.
A nivel global, se aprecia que el liderazgo institucional es fundamental para la restauración de las tierras. Por ejemplo, China preside las estadísticas mundiales al reportar una gran cantidad de superficie terrestre en proceso de restauración, abarcando un total de 127,4 millones de hectáreas. Asimismo, otras naciones como Mongolia, Kazajistán, Etiopía e Indonesia han intervenido positivamente en la ejecución de sus proyectos.
Retos financieros
La inversión económica para transformar los proyectos actuales en un triunfo definitivo debe ser sumamente generosa, mucho mayor a la que vienen manejando los Estados. Estos obstáculos financieros deben resolverse tan pronto como se pueda para lograr alcanzar la meta de restaurar mil millones de hectáreas para el año 2030.
Es de resaltar que, si no se cuenta con una inversión sólida, constante y transparente por parte de las economías mundiales y el sector privado, las acciones correctivas perderán fuerza y, lastimosamente, no se logrará el objetivo. Además, es indispensable agilizar de manera radical las intervenciones prácticas enfocadas específicamente en los ecosistemas de agua dulce, marinos y costeros. La coordinación entre la inyección de capital y la expansión operativa en espacios desatendidos determinará el éxito o el fracaso de los compromisos climáticos asumidos a nivel internacional.
En conclusión, el informe de la ONU sobre el regreso de la naturaleza se enfoca en dos escenarios totalmente diferentes; el primero señala un optimismo moderado y el segundo indica advertencias severas si no se desarrollan las acciones preventivas. Es decir, el logro por la recuperación de la mitad de las tierras degradadas, así como la creación de más de un millón de empleos verdes, demuestran que la humanidad posee la capacidad técnica y la voluntad política para sanar el planeta.
Por otro lado, la demora en la recuperación de los ecosistemas acuáticos y marinos indica que los gobiernos no priorizan necesidades reales e importantes, resaltando que la restauración de los ecosistemas sigue siendo un objetivo fundamental para garantizar la seguridad alimentaria, la estabilidad hídrica, la resiliencia climática y el bienestar de las comunidades.
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