La Ciudad de México, que tiene un clima cálido y soleado, experimentó un evento climático sin precedentes en enero de 1967, como lo fue una intensa nevada que cubrió la ciudad y gran parte del centro del país. En ese sentido,esto fue un resultado de una confluencia de factores atmosféricos que crearon las condiciones perfectas para este evento sorprendente.
Este fenómeno meteorológico, poco común en estas latitudes, ocurrió en la madrugada del 11 de enero. La capital despertó envuelta en un manto blanco,transformando el paisaje urbano y tomando por sorpresa a sus habitantes, llevando a que deban tomar medidas inmediatas de resguardo.
Las primeras nevadas se registraron en el norte del país, extendiéndose gradualmente hacia el centro y el sur. Ciudades como Monterrey, Chihuahua y Zacatecas experimentaron acumulaciones de nieve de hasta un metro, paralizando la vida cotidiana y transformando el paisaje.
Las condiciones atmosféricas previas, y la formación de la DANA
La década de los 60 estuvo marcada por una variabilidad climática significativa, influenciada en gran medida por la Oscilación Ártica (AO). A finales de 1966, la AO entró en una fase negativa, lo que implicó una menor presión en el Ártico y una mayor ondulación de la corriente en chorro.
Esta situación permitió que masas de aire frío polar penetraran más hacia latitudes medias, incluyendo México. El índice de la AO alcanzó valores mínimos a mediados de diciembre de 1966, lo que debilitó aún más la corriente en chorro y favoreció el ingreso de aire frío hacia Norteamérica.
A principios de enero de 1967, una depresión aislada en niveles altos (DANA) se formó en el noroeste de México. Esta DANA, en combinación con la corriente en chorro ondulante y la masa de aire polar, creó un sistema de baja presión que intensificó las precipitaciones y generó las condiciones ideales para la formación de nieve.
Los principales ingredientes de esta tormenta invernal que sorprendió a todos
Para comprender las causas de la gran nevada de 1967, hay que analizar los patrones climáticos a escala global. Durante la década de 1960, la Oscilación Ártica (AO) y el fenómeno de El Niño jugaron un papel fundamental en la variabilidad climática a nivel mundial que contribuyó a crear un ambiente propicio para este tipo de eventos.
Ante la fase negativa de la AO, que se caracterizó por una menor presión atmosférica en el Ártico, debilitó la corriente en chorro y permitió que masas de aire frío se desplazaran hacia latitudes más bajas. Esta situación favoreció el ingreso de aire polar a México y creó las condiciones necesarias para la formación de nevadas.
La combinación de estos dos eventos dio lugar a que se cree un escenario propicio para la formación de la DANA, que es un sistema de baja presión que se desarrolló en el noroeste de México. Ante la imagen de la Ciudad de México cubierta de nieve, con el Ángel de la Independencia luciendo un sombrero blanco, esto se convirtió en un ícono de la época y ha sido recordado por generaciones.
La gran nevada de 1967 y la interacción de sistemas en su máxima intensidad
Al confluir lo que conocemos como Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) en el noroeste, un frente frío que avanzaba desde el norte hacia el centro del país y una potente masa de aire polar-ártico fueron los principales ingredientes de esta tormenta invernal.
También se extendió desde Utah, Estados Unidos, hasta el norte de México, generando una masa de aire frío que se adentró profundamente en el territorio nacional. Las nevadas comenzaron en los estados del norte, como Durango y Coahuila, el 8 de enero de 1967, y se extendieron rápidamente hacia el sur y el centro del país.
Ciudades como Zacatecas, Aguascalientes, Monterrey y San Luis Potosí tuvieron intensas nevadas, con acumulaciones de hasta un metro de espesor en algunas zonas. El 11 de enero, la nevada alcanzó al Valle de México, cubriendo la Ciudad de México y estados vecinos como el Estado de México, Puebla y Tlaxcala con un manto blanco.
