El desierto del Sáhara, conocido por sus altas temperaturas y aridez, fue captado a través de imágenes del satélite Copernicus Sentinel con nevadas en las cimas de la provincia de Béchar, Argelia, el 24 de enero del año pasado Este fenómeno, aunque inusual, no es completamente extraño.
En marzo de 2018, una tormenta se desplazó hasta Ain Sefra y cubrió la arena con una capa de nieve durante varias horas. Además, en diciembre de 2016 y enero de 2017, el norte del Sáhara también experimentó nevadas consecutivas. A pesar de las temperaturas extremas durante el verano, el invierno en el Sáhara puede ser bastante frío.
En las zonas montañosas, en el macizo de Tibesti, las temperaturas del suelo llegaron a -17°C, según datos satelitales. Esto quiere decir que el aire descendió probablemente a menos de -10°C, mostrando la severidad del clima en ciertas regiones, esto muestra que el desierto es tórrido en verano, pero con inviernos que pueden ser extremos en sus zonas más altas.
Nevadas en Sáhara: lluvias extremas y la formación de lagos
En septiembre del 2024, el paisaje se transformó debido a que ocurrió un ciclo extratropical, intensas lluvias llegaron y gracias a eso se crearon lagos en áreas como Sebkha el Melah, en Argelia, y cerca de Erg Chebbi, en Marruecos. Según informes de medios científicos como Live Science, las precipitaciones equivalieron a un año completo.
Mediante imágenes satelitales desde Landsat 9 de la NASA (explora el misterioso Ojo del Sáhara para saber más sobre este lugar), mostraron cómo Sebkha el Melah pasó de un lecho seco el 12 de agosto a estar cubierto de agua el 29 de septiembre. Este lago alcanzó los 191 kilómetros cuadrados, con una profundidad de 2,2 metros en su punto máximo.
Al tener una perspectiva única del comportamiento climático del desierto, la investigadora del Observatorio de la Tierra de la NASA, Joëlle Rieder, destacó que desde el año 2000 solo se registraron dos eventos similares en esta región, en 2008 y 2014. Los lagos efímeros no solo son espectáculos naturales, sino que nos muestran el pasado climático de esta región.
En contexto, hablemos del pasado húmedo del lugar
Estos fenómenos extremos actuales podrían tener un vínculo con el pasado del Sáhara, cuando este desierto era un entorno mucho más verde que ahora y también más húmedo. Durante el Período Húmedo Africano, que sucedió dentro de la franja entre 11.000 y 5.000 años, la región albergaba vastos lagos, flora abundante y fauna diversa.
Cabe mencionar que los antiguos habitantes, dejaron evidencia de este pasado en pinturas rupestres que muestran escenas de caza y vida cotidiana en un entorno sorprendentemente fértil. Sin embargo, el debate científico persiste sobre cuán húmedo era realmente el Sáhara durante ese período.
Mientras que algunos modelos climáticos no logran replicar las precipitaciones necesarias para sostener los grandes lagos del pasado, estudios recientes sugieren que lluvias extremas, similares a las de 2024, podrían haber jugado un papel crucial. Según el Dr. Moshe Armon, estos eventos podrían haber mantenido los lagos parcialmente llenos durante años o incluso décadas.
¿Qué pasará de cara al futuro climático del Sáhara?
Al hacer un análisis de estos eventos, esto nos hace plantear preguntas sobre el futuro del Sáhara en un contexto de cambio climático (descubrí el verdadero monstruo tras los incendios de Los Ángeles). Aunque los ciclos de Milankovitch, ya no son factores predominantes, el aumento de las temperaturas globales podría alterar las lluvias en la región.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) dio a conocer que proyecta que algunas áreas del desierto podrían volverse más húmedas, mientras que otras experimentarían mayor aridez. Como señala Armon, estudiar los lagos efímeros es clave para prever cómo podría evolucionar el clima del desierto en las próximas décadas.
Bajo este aspecto, es importante destacar que el Sahara es un sistema climático complejo, influenciado por una multitud de factores, desde la circulación atmosférica global hasta las corrientes oceánicas. La interacción de estos factores hace que sea difícil predecir con exactitud cómo evolucionará el clima.
