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Clima

Las 4 razones fundamentales para cuidar las turberas en la lucha contra el cambio climático

Por Luz Vaquero · 20 agosto, 2026 · 4:07 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Las 4 razones fundamentales para cuidar las turberas en la lucha contra el cambio climático
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El ciclo del agua a nivel global constituye el motor que da vida a nuestro planeta, pero la continua actividad humana y el avance del cambio climático lo llevan a un insostenible estado de desequilibrio. En medio de esta crisis interconectada de pérdida de biodiversidad y del calentamiento global, existe un ecosistema que se suele ignorar y que resulta ser de una gran ayuda para la defensa: las turberas y los humedales. Una nueva investigación pone el foco en estos ecosistemas de agua dulce y llega a la conclusión de que su conservación, restauración y gestión sostenible son medidas absolutamente básicas para el futuro de las personas, de la naturaleza y del clima. 

1. Las turberas son las bóvedas de carbono más eficientes del planeta

Cuando pensamos en la captura de carbono de forma natural, normalmente pensamos en los bosques boreales, tropicales o templados, pero las turberas son, en realidad, verdaderas bóvedas de carbono que superan enormemente los sistemas forestales. En la actualidad, a pesar de representar la mínima cobertura de un 4 % de la superficie terrestre, estos superecosistemas pueden almacenar hasta un 33 % de todo el carbono del suelo existente en el mundo.

De hecho, los humedales son capaces de almacenar, solo ellos, entre un 20 % y un 25 % del carbono terrestre total. Algunos ecosistemas de agua dulce, como los manglares y las turberas, son de los más densos en carbono de todo el planeta, pudiendo almacenar por hectárea al menos tres veces más carbono que los bosques tradicionales.

2. La destrucción de las turberas provoca una enorme bomba de emisiones

El gran poder de almacenamiento de las turberas tiene su contrapartida sumamente peligrosa: al ser destruidas o alteradas por el hombre, liberan la emisión de todo ese carbono milenario atrapado hacia la atmósfera. Desgraciadamente, desde 1970 han desaparecido un 30 % de los ecosistemas acuáticos ricos en carbono, entre los que destaca la pérdida de más de 400 millones de hectáreas de humedales (una superficie que equivale casi al total de la India).

Ante la alteración de estos ecosistemas debido al cambio de uso del suelo, el crecimiento urbano o agrícola, las emisiones de gases de efecto invernadero se ven aumentadas violentamente. Se estima que las turberas degradadas son responsables por sí solas de un 4 % de todas las emisiones causadas por el hombre.

3. Funcionan como un escudo natural anticolisiones climáticas extremas

El cambio climático es, además, un incremento a largo plazo y sostenido de las temperaturas a escala planetaria y, en paralelo, un ascenso de la probabilidad y de la magnitud de desencadenamientos naturales que serán cada vez más destructivos. En este sentido y en este escenario de vulnerabilidad creciente, los ecosistemas de agua dulce sanos son una insustituible base de la adaptación y de la resiliencia climática.

Las turberas y los humedales también desempeñan el papel de grandes esponjas del paisaje natural debido a la insoslayable regulación de los caudales de agua que les permitiría incluso hacer de dique natural en la protección anticolisiones por inundaciones extremas y, a la vez, en épocas de sequías extremas, manteniendo la humedad necesaria en el suelo para reducir significativamente la propagación y los impactos devastadores de los incendios forestales.

4. Estabilizan el ciclo del agua y aseguran el acceso a la misma

Los ecosistemas de agua dulce tienen una función reguladora de la que no se puede prescindir para el ciclo del agua global, ya que son los responsables de regular de un modo natural cómo se va almacenando, fluyendo y cuantificándose el agua, a medida que esta va avanzando a lo largo de los diferentes paisajes. La protección integral de las turberas no alteradas es fundamental para paliar los gravísimos efectos del uso intensivo y de la escasez del agua que ha sido provocada por el desarrollo del consumo en las economías desarrolladas.

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Luz Redactora
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