Asentado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, México suele ser un país de sismos y tsunamis, ya que a lo largo de su historia fue testigo de numerosos temblores que dejaron una marca muy grande en su territorio. Uno de los eventos sísmicos ocurrió el 28 de marzo de 1787, cuando un potente terremoto sacudió la costa de Oaxaca.
Con una magnitud estimada en 8.6, este sismo desencadenó un devastador tsunami que arrasó con todo a su paso. Bajo este aspecto, la violencia del temblor y la subsiguiente ola gigante dejaron una marca indeleble en la memoria colectiva de México, y hay que aclarar que los efectos del terremoto de 1787 fueron devastadores.
Asimismo, edificios históricos, iglesias y conventos resultaron muy afectados. Sin embargo, el impacto más significativo se produjo en las zonas costeras, donde el tsunami generó una destrucción masiva. Las olas enormes inundaron las planicies costeras, arrasando con poblados y causando numerosas pérdidas humanas.
La reciente actividad sísmica en México y una coincidencia perturbadora
El 19 de septiembre es una fecha cargada de tragedia para los mexicanos. En los últimos años, este día fue testigo de tres sismos de gran magnitud que han sacudido al país. El primero ocurrió en 1985, con una intensidad de 8.1, y causó miles de víctimas en la Ciudad de México.
En 2017, un nuevo sismo de 7.7 arremetió en el centro del país, provocando grandes destrozos y nuevamente la pérdida de vidas humanas. Y en 2022, un tercer sismo de 7.7 volvió a sacudir a la población, generando un sentimiento de incertidumbre y preocupación.
Esta recurrencia de sismos de gran magnitud en la misma fecha generó un debate sobre la posibilidad de una relación entre estos eventos pero los expertos coinciden en que se trata de una coincidencia estadística. México se encuentra ubicado en una zona de alta sismicidad, por lo que esto es un fenómeno natural y esperado.
El tsunami de 1787 y su impacto devastador en las costas de Oaxaca
Los tsunamis son fenómenos naturales muy poderosos, y son capaces de liberar una energía inimaginable. Son originados por grandes perturbaciones submarinas, como terremotos, erupciones volcánicas o deslizamientos de tierra, pueden alcanzar velocidades de cientos de kilómetros por hora y alturas de decenas de metros.
Al producirse un desplazamiento virtual del fondo marino, se generó una serie de ondas que se propagaron a través del océano. Al llegar a la costa, estas ondas se concentraron y se elevaron, inundando las zonas bajas y causando una destrucción masiva.
Al llegar a la costa, estas ondas se concentraron y se elevaron, inundando las zonas bajas y causando una destrucción masiva. La altura de las olas y la extensión de la inundación variaron según la topografía costera y las características del fondo marino.
Una mirada al pasado: Tsunamis devastadores en las costas mexicanas
Si bien los sismos son un peligro natural recurrente en México, los tsunamis también representan una amenaza para las zonas costeras del país. Aunque menos frecuentes que los sismos, estos fenómenos pueden causar daños catastróficos. La última vez que ocurrió un tsunami en costas mexicanas fue el 18 de abril de 2014.
México registra varios tsunamis, siendo el más antiguo y devastador el ocurrido en 1787 en las costas de Oaxaca, pero el Servicio Sismológico Nacional identificó que el que se produjo en 2014 tuvo un sismo de 7.2 localizado a 40 kilómetros al sur de Petatlán, Guerrero, con variaciones que oscilaron los 30 centímetros en Acapulco y Zihuatanejo.
En tiempos más recientes, la Marina dio voz de aviso a alertas de tsunami en 2014 y 2017, aunque afortunadamente estas fueron canceladas. A pesar de los siglos transcurridos, las secuelas de este desastre siguen siendo estudiadas por los científicos que son quienes buscan comprender mejor estos eventos.
