El Amazonas no es el pulmón del planeta, te contamos por qué

Muchos hemos escuchado que la selva amazónica es el pulmón del planeta porque produce alrededor del 20% que respiramos. Pero la verdad es otra, te la contamos.

Recordemos que en los seres humanos, los pulmones son los órganos que luego de la inhalación, aportan oxígeno a la sangre para que lo distribuya por todo el cuerpo para finalmente exhalar dióxido de carbono.

Cuando intentamos realizar una analogía con la biosfera, el “pulmón del planeta” sería quien tiene la capacidad de proporcionar oxígeno al resto de seres vivos, y obtener de la atmósfera el dióxido de carbono que ellos emiten.

De entre todas las rutas metabólicas que existen hay una que lleva adelante esta función, la de adquirir CO₂ y emplearlo como sustrato químico para obtener la energía de la luz solar, desprendiendo oxígeno gaseoso. Se trata de la conocida y fundamental fotosíntesis.

Los organismos más reconocidos que cumplen esta función son las plantas. Mientras haya luz solar, producen oxígeno y captan carbono. Y solemos pensar que los árboles por su gran porte, son los que más oxígeno producen. Pero lo cierto es que son menos eficaces de lo que creemos.

Si evaluamos la biomasa de un árbol, veremos que está compuesta por raíces, tronco, ramas y corteza y que estas partes no fotosintetizan. Comparativamente, en términos fotosintéticos, es mucho más productiva una tonelada de plantas herbáceas, cuyos tallos verdes también realizan fotosíntesis, que una tonelada de árboles.

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Sin embargo, el rol relevante de los árboles, es el de retener carbono. La mayor parte de la biomasa seca de una planta es carbono obtenido del aire, y una tonelada de plantas herbáceas habrá adquirido la misma cantidad que una tonelada de árboles. La diferencia radica en que los árboles almacenan ese carbono en sus tejidos por mucho más tiempo, incluso siglos.

El balance neutro del Amazonas

Es indiscutible que la selva amazónica es el lugar del planeta con mayor cantidad de plantas distribuidas en todos sus niveles: árboles, arbustos, lianas, hierbas y epífitas… Es por ello que los bosques tropicales son los responsables de un tercio de la fotosíntesis que ocurre en tierra firme y el Amazonas, es el más grande. Él solo se encarga de un 16 % de la fotosíntesis en tierra firme.

Pero un rasgo distintivo es que se trata de un bosque en su estado más maduro. Esto significa que alberga una cierta cantidad de animales y microorganismos en su interior y en su suelo. Organismos que respiran, captando oxígeno y exhalando dióxido de carbono. Además, durante la noche, el bosque sigue respirando, pero no fotosintetizando. Al final, por mucha fotosíntesis que realice el bosque, la cantidad de oxígeno neto que aporta a la atmósfera es, aproximadamente, cero.

La bacteria que domina el mundo

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No todos los ecosistemas funcionan igual. Como decíamos, si bien el bosque amazónico es responsable de hasta un 16% de la fotosíntesis en tierra firme, en ese cálculo no se encuentra comprendida la fotosíntesis que ocurre en los océanos y otras masas de agua. Además, en el caso de las algas y cianobacterias —bacterias fotosintéticas—, toda su biomasa es fotosintética, por lo que, comparativamente, son estos organismos y no las plantas los más eficientes.

Esto podría ser irrelevante si las algas y cianobacterias fuesen minoría, si su biomasa fuese insignificante en comparación con los organismos fotosintéticos de tierra firme. Pero no es así. Hasta un 85 % del oxígeno que se libera a la atmósfera cada año es producido por microorganismos fotosintéticos. Y de entre ellos, las cianobacterias del género Prochlorococcus son las dominantes… del mundo.

Estas cianobacterias son los organismos fotosintéticos más pequeños conocidos, y también los más abundantes. Su población se estima en tres mil cuatrillones (un tres seguido de 27 ceros) y su biomasa es aproximadamente la mitad de la que ocupa toda la humanidad. Contienen la mitad de toda la clorofila del planeta y también son los que la usan de forma más eficiente. 

Prochlorococcus es, por sí sola, la responsable del 20 % del oxígeno que se libera a la atmósfera cada año.

Un mérito de la prehistoria

Pese a todo esto, tampoco son las algas ni cianobacterias que hoy pueblan nuestros mares las que merecen el título de “pulmón del planeta”. Si bien son las que más oxígeno están produciendo, hay un límite imposible de rebasar. Y de nuevo, es el dióxido de carbono el que entra en juego. En la reacción de la fotosíntesis, cada molécula de dióxido de carbono absorbida implica una molécula de oxígeno liberada. El equilibrio es estricto, una entra, una sale.

Nuestra atmósfera se compone de aproximadamente un 21 % de oxígeno, sin embargo, la cantidad de dióxido de carbono, a pesar del incremento constante y preocupante en las últimas décadas, está por debajo de un 1 %. Ese es el máximo de oxígeno que se puede producir. Es el límite.

Si todos los seres vivos dejásemos de respirar de repente, y todo el dióxido de carbono se transformase en oxígeno de repente, el resultado final sería un aumento mínimo, casi insignificante en la cantidad de oxígeno.

Todo ese oxígeno que abunda en la atmósfera no es un producto de la modernidad. Los grandes bosques tienen un valor inestimable en la retención del carbono, algo esencial para luchar contra el cambio climático que sufrimos.

La fotosíntesis que sucede en tierra y, sobre todo en los océanos, ayuda a que esos niveles de oxígeno se mantengan estables en la atmósfera. Pero esa gran cantidad de oxígeno que nos permite respirar es el legado que los microorganismos fotosintéticos prehistóricos nos han dejado desde hace miles de millones de años.

El verdadero pulmón del planeta está, en realidad, en el pasado remoto de la historia de la vida.

REFERENCIAS:

Beer, C., Reichstein, M., et al. 2010. Terrestrial Gross Carbon Dioxide Uptake: Global Distribution and Covariation with Climate. Science, 329(5993), 834-838. DOI: 10.1126/science.1184984

Chisholm, S. W. 2017. Prochlorococcus. Current Biology, 27(11), R447-R448. DOI: 10.1016/j.cub.2017.02.043

Ting, C. S., Rocap, G., et al. 2002. Cyanobacterial photosynthesis in the oceans: the origins and significance of divergent light-harvesting strategies. Trends in Microbiology, 10(3), 134-142. DOI: 10.1016/S0966-842X(02)02319-3

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