De aquí al año 2050, la extraordinaria cifra de 10 000 millones de personas va a necesitar alimentarse a escala mundial, e incluso esto comportaría la creación de cientos de millones de puestos de trabajo y un afianzamiento de los medios de vida. En el centro de esta compleja y nada fácil cuestión demográfica y económica se sitúa la gestión orientada a la opción de los usos del agua, un recurso que intenta reconvertir el Banco Mundial en un pilar del desarrollo económico a partir de su estrategia integral «Agua hacia delante». Con su último informe «Nourish and flourish», la institución alerta de que la seguridad alimentaria del futuro dependerá casi exclusivamente de las decisiones políticas que se tomen hoy mismo y va en la dirección en la que el agua tiende a generar empleo, a aumentar los ingresos y a consolidar el crecimiento futuro.
Desequilibrio a nivel global en la explotación de los recursos
A simple vista, el problema de la agricultura mundial parece encontrarse en la extraordinaria escasez hídrica, ya que el clima acentúa el estrés térmico que lleva a los cultivos a resistir enlazadas olas de calor de temperaturas por encima de los 95 °F. Pero la evidencia lo contradice: el verdadero desafío no reside en cuánta agua dulce tenemos, sino en qué forma se explota de manera tan desigual para cultivar alimentos en el mundo. Mientras la población aumenta prácticamente unas 200 000 personas cada día, algunas zonas pecan de subutilizar sus ricas reservas de agua y repelen deliberadamente su crecimiento económico, la creación de empleo o el aumento de los ingresos rurales.
En clara contraposición, las naciones continúan cultivando alimentos a partir de la sobreexplotación irracional de los escasos recursos hídricos, con el uso de millones de acres de tierras cultivables para exportar productos agrícolas que los ecosistemas en línea no pueden sostener ecológicamente. El Banco Mundial advierte que este peligroso desequilibrio global no es en absoluto inevitable, sino el simple reflejo de unas decisiones políticas y de inversión altamente deficientes.
Riego sostenible y los tres pilares de la transformación
En las regiones con lluvias poco fiables, los sistemas de riego sostenible permiten aumentar mucho los rendimientos agrícolas y en algunos casos se pueden duplicar. Esta enorme productividad tiene, además, el potencial de crear 245 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, beneficiando enormemente a las comunidades que viven únicamente de la tierra.
Para que estas proyecciones se traduzcan en resultados concretos, los países tienen que introducir tres cambios radicales: poner en marcha una fuerte coordinación que gestione el agua como un asunto estratégico y que se incentive el servicio en función del rendimiento comprobado y no en función del gasto público. Y, por último, el tercer pilar de esta transformación tan necesaria se centra en el uso intensivo de datos como base de la toma de decisiones de los públicos. Demasiadas decisiones ministeriales aún se toman con información parcial que aprueba el transporte ineficiente de flujos de agua a través de canales abiertos que están sujetos a enormes pérdidas por infiltraciones y evaporaciones.
Casos de éxito
Estos cambios se están llevando a cabo en varios países que han tomado la decisión de poner en común el uso del agua, la producción de alimentos y sus prioridades económicas. En Jordania, las asociaciones entre el sector público y el sector privado, como la planta de tratamiento de aguas residuales de As-Samra, muestran que las concesiones a largo plazo pueden movilizar el capital corporativo y ampliar la disponibilidad de agua tratada para la producción agrícola. Al mismo tiempo, el Proyecto de Transformación del Manejo de Riego en Nigeria ha aumentado la superficie de los sistemas de riego inteligentes que ahora generan suficientes cultivos para alimentar a casi un millón de personas.
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