Tras la confirmación de los primeros casos de gusano barrenador del Nuevo Mundo en EE. UU., el Departamento de Agricultura (USDA), dirigido por Brooke Rollins, implementó un protocolo de emergencia. Asimismo, además de la suspensión de intercambio de animales, las autoridades reforzaron las estrategias para luchar contra esta plaga proveniente de México, la cual representa una grave amenaza para la ganadería local.
Una amenaza para el sector ganadero
El gusano barrenador es una larva de mosca que deposita sus huevos en heridas abiertas de animales, aunque también pueden hacerlo en animales silvestres, mascotas o incluso humanos. Según detallan los expertos, esas larvas perforan las heridas y comienzan a consumir la carne del animal, agrandando la lesión y sometiéndolos a riesgo de infecciones bacterianas mortales. Si el animal no recibe un tratamiento urgente, puede morir en semanas.
La mortalidad acelerada y la rapidez con la que se propaga esta plaga encendieron las alarmas dentro del Departamento de Agricultura, más aún con los recientes casos confirmados. En este marco, Texas y Nuevo México son los lugares más expuestos al gusano barrenador, debido a la cercanía de las fronteras con México y por la gran cantidad de animales de sangre caliente que hay en granjas de la región.
Si bien el temor por esta plaga aumentó por los cinco casos registrados esta semana, el USDA, dirigido por Brooke Rollins, mantiene una lucha contra el gusano barrenador del Nuevo Mundo desde el inicio de su gestión. Entre las principales medidas implementadas para evitar un brote se encuentra la liberación de moscas estériles al sur de Texas, las cuales neutralizarían la actividad de este insecto en cuestión.
Protocolo de emergencia ante los nuevos casos
A inicios de esta semana, la secretaria Brooke Rollins anunció la implementación de un protocolo de emergencia, con medidas más rápidas y agresivas, para eliminar la mosca barrenadora de las fronteras estadounidenses. A través de un comunicado oficial, la funcionaria recordó que EE. UU. ya erradicó de manera exitosa esta plaga en 1960 y actualmente, bajo la administración de Donald Trump, cuentan con todos los recursos para hacerlo de nuevo.
La mandataria resaltó que estos insectos lograron ingresar a Estados Unidos por la mala gestión de Joe Biden, que descuidó el área encargada de controlar dicha plaga. Según explicó, el USDA en 2023, cuando comenzó el brote en México, solo contaba con cinco personas trabajando en la vigilancia epidemiológica. Esto cambió con su asunción como secretaria de Agricultura, formando un equipo con más de 100 empleados dedicados a la preparación y respuesta.
Gracias a esta preparación, al confirmarse los primeros casos, el Departamento de Agricultura pudo implementar una nueva estrategia, con más vigilancia en corredores de alto riesgo, una aceleración en las operaciones de despliegue de moscas estériles y un trabajo conjunto con socios regionales para frenar el avance de estas moscas.
El objetivo específico de esta área gubernamental es cuidar la seguridad alimentaria nacional. Es por eso que el despliegue de estrategias fue inmediato tras confirmarse los casos. Respecto a ello, la secretaria Brooke Rollins aseguró que el trabajo del Departamento de Agricultura mantiene la situación bajo control y el suministro de alimentos de Estados Unidos todavía es seguro.
Inversiones y medidas concretas
Este miércoles, la funcionaria a cargo del USDA compartió el fragmento de una reciente exposición, donde criticó las políticas fronterizas imprudentes de Joe Biden y elogió el trabajo realizado bajo la Administración Trump contra esta plaga. Según detalló, desde el día 1, hubo una inversión que alcanzó los US$1.3 mil millones, que se suman a los US$750 millones de la instalación de producción en la Base Aérea Moore en Texas.
Otra gran inversión realizada por el Gobierno federal es en nuevas tecnologías de moscas estériles y nuevos sitios de dispersión operativos. Y como parte de esta estrategia reforzada, es preciso nombrar el dinero dirigido a la instalación de Metapa, México, que contó con una aportación binacional de US$61.3 mil millones.
