De acuerdo con el último informe estratégico del Banco Mundial, los ecosistemas sanos estimulan la prosperidad económica, crean millones de nuevos puestos de trabajo y constituyen redes de protección fundamentales en las crisis estructurales. Si los ecosistemas prosperan, las cosechas aumentan y las complejas cadenas de suministro logístico se expanden, pero si el paisaje envilece, la vulnerabilidad se dispara. Así, la organización internacional invita a las autoridades públicas y empresas a ponerse de acuerdo en incluir el capital natural como una infraestructura totalmente necesaria en la medida en que se tomen decisiones de inversión y de planificación de largo plazo.
El turismo ecológico y su papel como generador de empleo rural
Puede afirmarse que las pruebas más evidentes en términos económicos se producen empíricamente hablando entre los pueblos rurales que obtienen mayores ganancias protegiendo la naturaleza, no al agotarla mediante prácticas de explotación depredadora. Por ejemplo, en el valle de Ararat en Armenia, proyectos de restauración ecológica están descubriendo la inmensa valoración financiera del paisaje. Nver Grigoryan, el director del humedal Armash, produce miel biológica y cosecha semillas de girasol mientras va creando un modelo de ecoturismo atractivo basado en la observación de aves que atrae a visitantes internacionales interesados en las más de 200 especies que habitan la región.
A través del proyecto RESILAND, directamente apoyado por el Banco Mundial, el país está restaurando tierras degradadas para que sean aprovechadas económicamente, demostrando que la fauna salvaje es sin lugar a dudas muy rentable. Tal principio de enriquecimiento comunitario ha sido aplicado con gran éxito en Mozambique, una nación con algunos de los paisajes más diversos biogeográficamente de todo el continente africano.
Estructura ecológica para la resiliencia urbana
Cuando las grandes metrópolis contemporáneas se enfrentan a retos infraestructurales graves como las inundaciones o la difícil gestión del agua potable, la solución más efectiva rara vez es verter grandes cantidades de hormigón industrial. La densa capital de Ruanda, Kigali, ha visto cómo la rápida y desordenada expansión urbana ha hecho desaparecer casi un 30 % de sus valiosos humedales históricos, así como sus importantes defensas naturales contra las tormentas pluviales, justo en el momento en que la ciudad experimentaba un crecimiento poblacional desmesurado.
En lugar de tener que recurrir a carísimas obras de ingeniería civil, el gobierno local restauró 1235 acres de marismas mediante el Segundo Proyecto de Desarrollo Urbano, las cuales ahora constituyen una infraestructura ecológica de excelentes resultados para absorber adecuadamente las crecidas y depurar los reservorios de agua de los barrios circundantes.
La inusitada integración del capital natural también permite hacer frente a severas crisis de la contaminación costera a partir de la creación de nuevas tendencias de economía circular de base comunitaria.
Bonos de biodiversidad y financiación privada
Activar los amplios flujos de capital privado para financiar la naturaleza ha sido uno de los mayores obstáculos históricos para el desarrollo sostenible. Los mercados de bolsa tradicionales han tenido problemas para transformar la biodiversidad en un activo financiero asegurable. En Colombia, pese a ello, esta sólida barrera institucional se está rompiendo de forma acelerada.
La IFC junto con el banco BBVA han estructurado el primer bono de biodiversidad del mundo emitido por una entidad privada con una enorme inyección de US$70 millones destinados exclusivamente a financiar la regeneración comercial de los bosques tropicales, la reforestación de las tierras áridas, la agricultura regenerativa y la restauración crítica de los hábitats silvestres por todo el territorio sudamericano.
Al mismo tiempo que se produce esta fenomenal modificación institucional, en la reciente cumbre internacional celebrada en la ciudad de Cali, la IFC comprometió adicionalmente hasta US$50 millones en un bono verde gestionado por el Banco Davivienda para incentivar la producción marina y de agua dulce sostenible.
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