Apenas hace cinco años, la tecnología que utiliza el almacenamiento de energía en baterías empezaba a dar sus primeros pasos y corría el riesgo de ser poco más que una mera incógnita para el mercado. Hoy, las cosas han cambiado muy sustancialmente. SEIA afirma que el sector ha superado su etapa inicial y va camino hacia dominar totalitariamente la estructura energética, con unos ritmos de instalación que llegarán a más de 100 gigavatios hora (GWh) anuales ya para el 2030.
Saber almacenar electricidad para ir despachándola en el preciso momento en que se requiere, se ha convertido en la pieza que faltaba para dar estabilidad al sistema.
Un salto a gran escala
Las cifras duras expuestas en el informe ilustran la magnitud de la reconversión industrial aludida. Hasta la fecha, el país ha sido capaz de desplegar una capacidad acumulada de 175 GWh de sistemas de almacenamiento operativos, y lejos de alcanzar un techo, las previsiones apuntan a que las instalaciones a escala llevarán un crecimiento que resulta demoledor, cifra de 256 % con relación a la próxima década. Esto está obligando a las redes convencionales a modernizarse urgentemente para tratar con este flujo energético.
Estos sistemas de almacenamiento de energía en baterías (conocidos como BESS) actúan como enormes pulmones eléctricos. Su misión consiste en algo tan sencillo como vital: son capaces de acumular la energía del suministro con el que cuentan y la hacen salir de forma sensata y calculada hacia la red pública principal, los polos industriales o también hacia los hogares, evitando picos de tensión y apagones cuando la demanda crece.
Motor económico y creación de empleo
No solamente los fierros y los gigavatios, sino que este flamante boom tecnológico se transformó en un generador de puestos de trabajo fundamental. El avasallador crecimiento de la infraestructura de almacenamiento ya sustenta a 78 809 trabajadores directos en el rubro. Esta mano de obra especializada abarca desde los ingenieros que se encargan de diseñar las celdas, hasta los técnicos responsables de montar e integrar estos gigantescos contenedores de energía a lo largo y ancho del país.
La expansión del empleo en este rubro comprueba que confiar en la modernización de la red es un negocio enormemente rentable. Las empresas supieron que invertir en sistemas de almacenamiento masivo ya no es un gasto en materia de relaciones públicas, sino que se transforma en una herramienta, ineludible para abaratar los costos operativos a largo plazo y garantizar la continuidad de la operación de los negocios.
La estrategia de la alianza con la energía solar
Todo el potencial de los equipos de almacenamiento se muestra cuando están en combinación. Para la SEIA, emparejar los parques de baterías con los sistemas de paneles solares constituye la pareja necesaria por definición en la transición energética. Mezclar la generación limpia del sol con la capacidad de retención de las baterías expresa hoy por hoy la fuente de electricidad más fiable, la más económica y la más rápida que se puede transportar a gran escala.
Con esta combinación se pasa de la noche al día con las viejas ideas sobre las energías renovables como intermitentes e inestables: almacenar en una batería el excedente del mediodía para exportarlo por la noche permite que pueda competir la planta solar con el carbón o el gas natural. Además, los costos de mantenimiento y emisiones de las plantas solares que se encuentran muy por debajo de la media en carbón o gas natural.
El espectacular ascenso del almacenamiento de energía muestra que la tecnología de las baterías ya ha librado la batalla definitiva contra las fuentes tradicionales. Superar la barrera de los 100 GWh anuales en el horizonte de 2030 es la propuesta y demostración empírica de lo que la industria entiende por verdadera soberanía y dominio energético para este siglo.
