EE. UU. y China tienen un largo recorrido de competencias y el mundo exterior no será la excepción. Desde hace tiempo conocemos sus planes de expansión hacia el cosmos (y los que habrá que aún no tenemos conocimiento). Pero esta empresa no parece ser de las más sencillas, y la vara ahora está puesta no solo en llegar sino permanecer. Y eso implica la búsqueda de un recurso tan vital en la Tierra que no sospechamos el alcance de conseguirlo allá afuera.
La Luna, el plan que ilusiona tanto como asusta
El programa Artemis está en pleno desarrollo y aunque en esta primera fase será una visita exploratoria, no de alunización ya vislumbra lo que podrá pasar cuando realmente se instale una base lunar en 2030, un proyecto que ya ha sido aprobado. La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos firmaron un memorando de entendimiento que hizo oficial este planteamiento.
Sin complicaciones fue el mismo Jared Isaacman, actual responsable de la Agencia Espacial afirmó que «Bajo la política espacial nacional del presidente Trump, Estados Unidos está comprometido a regresar a la Luna, construir la infraestructura necesaria para quedarse y realizar las inversiones necesarias para el próximo gran salto hacia Marte y más allá”
Esta serie de acontecimientos genera un importante cambio que afecta al mundo entero. No obstante, la pregunta que nos obliga a repensar todo esto es: si aún estamos lejos del plan de Elon Musk para abastecer de energía la base lunar, cuál es la estrategia más a corto plazo?. Ha pasado a ser el eje central de la exploración lunar.
La solución que gana más adeptos pero trae malos recuerdos
Pensar en paneles solares y baterías de almacenamiento sería lo más recomendable y sano para todos, pero si ya tienen sus limitaciones en la Tierra con la imprevisibilidad climática, imagina lo que sucederá en la Luna o más allá. Un día lunar tiene una duración de cuatro semanas terrestres, con dos semanas de luz ininterrumpidas, a las que le siguen dos semanas de oscuridad y más que este frío intenso. Y ahí es cuando se pondrá difícil
Desde hace un tiempo la discusión ha virado hacia fuentes que algunos llaman sostenibles pero que han dejado huellas imborrables. Los países han vuelto a confiar en la fusión nuclear aunque ahora en pequeños formatos como los SMR o reactores modulares, pequeños artefactos móviles que prometen ser más eficientes y menos dañinos que Chernóbil o Fukushima.
Los reactores de fisión tienen la ventaja de que pueden producir electricidad continua durante años. No dependen del clima, la iluminación solar o una recarga frecuente. En eso se diferencia y potencia en comparación con otro tipo de energías intermitentes. Sin embargo, esa misma estabilidad se torna crítica en un panorama extremo como el que rodea a la Luna.
La fusión nuclear llega a la Luna
El reactor previsto por la NASA en coordinación con el Departamento de Energía de EE. UU. deberá generar al menos 100 KW de electricidad, un número equivalente al consumo de unos 80 hogares estadounidenses, y estar listo para su lanzamiento a finales de 2029.
Que ocurra una especie de Chernóbil espacial podría llegar a ser una posibilidad, ya que nunca antes se ha establecido un reactor en un ambiente como la Luna, con una gravedad distinta, protección diferente frente a rayos cósmicos y otros factores impredecibles. Si tienen éxito habrá energía en la Luna. La comunidad científica debe seguir de cerca cada avance para anticiparse y evitar que el mismo problema que afectó la Tierra perjudique la Luna.
Pero Estados Unidos no es el único país que tiene la mira puesta sobre la energía nuclear en la Luna. China y Rusia también desean colocar el primer reactor nuclear más allá de lo que nuestros ojos ven. China, eterno competidor de Estados Unidos, ha entablado una alianza con Rusia, para llegar al mismo objetivo que Estados Unidos en 2035. Parece que llegar ya no lo es todo. Ahora los esfuerzos se tornan complicados.
